30 de junio de 2010

Hipocresía infinita: Tápate

52 divagues
Cuando terminaba Abril, el verano era ya una cuesta abajo sin frenos. Primero llegaba Mayo, el mes de María, el mes de las flores, en el que hacíamos una especie de romería alrededor del recreo en las que todas las niñas caminaban tras una estatua de la Virgen (Niña) que llevaban entre cuatro. La niña Di se libraba porque era una de las de la guitarra y, confesémoslo, el micrófono. Porque las canciones se iban retransmitiendo live por todo el recreo a través de altavoces ("Ven con nosotras a caminar, Santa María ven, Maríaaa...") y quien pillaba el micro cerca de su guitarra era el puto amo (digo, ama, and excuse my French).

Finales de Mayo venía con otra gran alegría adjunta: el calor ya tendiendo a horroroso invitaba a jugar a los globos de agua. A las Madres (en mi cole eran Madres, no hermanas, ni sores, ni sisters) no les hacía demasiada gracia, pero no veas lo que nos gustaba a nosotras. Su mejor aportación en esto de aplacar los calores la tuvo una Madre benévola (seguro que ya excomulgada) que en un punto ofreció la posibilidad de que las niñas que quisieran, y sólo en horario de tarde (cuando la canícula era inclemente), pudieran quitarse la falda de pliegues 90% lana, 10% poliamida, estufa universal, y quedar "sólo" con la camisa de manga larga de algodón, y la bata. Eso sí, la falda sólo podía quitarse si una llevaba "bombachos".

La definición de la RAE o de Mr. Google no sé qué relación puede tener con nuestros bombachos. Lo más aproximado sería lo que Enid Blyton llamaba "shorts" (así, sin traducir) en los libros de "Los cinco". Se trataba de unos pantalones cortos tipo culotte, pero de una tela azul marino gruesa como la del chándal de Di Stefano (hola di!). En mi colegio se usaban para hacer gimnasia. Me pregunto si hay alguien más ahí fuera que sepa de lo que hablo. Parece un el único concepto no existente en toda la world wide web.

Pero divago. El caso es que algunas niñas asumieron el discurso bombacho tan bien que, si por ejemplo estábamos jugando a churrobá o haciendo volteretas en las barras ellas decían "hoy no juego porque me he olvidado los bombachos". Que se te viera "la foto" hubiera sido El Final. Si había una Madre que se olvidaba de la regla bombachos una tarde de 45 grados a la sombra, ellas aún decían: "no me quito la falda porque bombachos".

Pasaron los años, dejé el colegio y con él estas historias casi entrañables, hasta un mes de Julio romano con rigores de calor africano en el que tuve varios flashbacks de las Madres. Paseaba por la ciudad eterna con la Fashion en lugar de con Gregory Peck, y encima no teníamos vespa. Entre helado y trozo de sandía ambulante (ajjjj, la sandía: así lo conseguiríais todo de mí), salpicarnos en la Fontana de Trevi y practicar nuestro itañol en alguna terraza, había que ver alguna iglesia. La primera en la frente.

Una de las estrellas de mi armario veraniego por aquel entonces (y que aún conservo dado mi síndrome de Diógenes) era un vestido de cuadritos Vichy con tirantes de lo más fresco y amable para ese tipo de temperaturas. No daré detalles de la asociación de damnificados que generó por sus estragos entre la población masculina, porque hasta la versión femenina del fantasma de la ópera tendría éxito en ese país. No puedo con los italianos (como dicen en The Guardian: "Italia: el país que el feminismo olvidó").

Pero bueno, variedad, no todos van a ser estereotípicos italianos: las hermanas ponen un pie en la escalinata de Dios sabe qué iglesia, y de inmediato oyen un aleteo sobrecogedor. El otro tipo de italiano (parte del que genera al primero) aparece cual cuervo estrenido y desde su rama brama algo en la línea de "esos hombros, a la hogueraaaa, no aquí, en la casa del Seniorrrr, hombros de una mujerrrrrrrrrrr, pecadoraaaa" (igual me estoy emocionando, pero el cuervo nos echa). Nuevo aleteo y remonta el vuelo hacia la siguiente rama, donde le esperan los ninios para la catequesis. En fín, Fashion y Di comentan: otra iglesia perdida, siguiente granizado.

Al día siguiente el objetivo cultural pasa por el Vaticano. Di, estratega donde las haya está más que preparada esta vez: camiseta-panadero debajo del vestido de tirantes de turno (sí, cuervosss, más tirantes, a las mujeres cuando hace calor nos gusta llevar tirantessss). A mí me van a pillar.

A la puerta de San Pedro del Vaticano hay esta vez no uno sino dos cuervos de paisano (ya no se cuidan las formas, igual son dos italianos tipo 1 haciendo un papel). Hay mucho tráfico de personal y con sus retinas escanean sin perder detalle. Pisa fuerte, Di, con tu camiseta panadera, toda ufana. Pero con un "signorina, signorina" me bajan de mi entrada triunfal a San Pedro del Vaticano. "Non entrare". Se ven las rodillas, a la p... calle!

Pero ante todo hay que apreciar su amabilidad, pues nos indica una tienda de souvenirs (regentada por más pajarracos) donde, entre las figuritas del Papa y las velas, hay una "sección pareos" donde encontramos otras muchas chicas, mujeres de mediana edad, y alguna octogenaria adquiriendo el foulard de turno.

Así es como entré en San Pedro como si bajase a la piscina de la comunidad. San Pedro, ese lugar donde reinaba un caos sólo comparable al del zoco de Estambul o la estación de tren de Benarés. Gritos, grupos, fotos, mochilas... pero no se podrá decir que mis rodillas o mis clavículas enturbiaron un ápice el ambiente de respeto, castidad y recogimiento que se requiere en San Pedro del Vaticano.

29 de junio de 2010

Los míos

17 divagues
Me levanté con mal pie. De hecho llevaba en pie desde las cinco de la mañana. Mi peque tenía sed y me he despejé. Así que con pies de plomo me acerqué hasta el ordenata. Al principio no daba pie con bola. Sin embargo, debido al silencio imperante, me concentré y me puse a escribir esta entrada. Ya conoces mi secreto del domingo Suso. Como ves nada sofisticado.

Aquí para regocijo del personal y para que no os toméis la mano, exhibo (sin pudor alguno) parte de mi anatomía.




Lo del regocijo del personal viene a cuento de que mi "querida" Moli, buscando tres pies al gato, se aventuró el otro día a comentar acerca de mis pies y su numeración en esta entrada. A pies juntillas puedo decir que calzo un 41, incluso y depende del fabricante un 42. Dado que mido 1,79 como mi querida Anniehall, me considero una ciudadana de a pie. Gracias Anniehall por ser mis pies y mis manos en un momento así, de escarnio público. Eres una amiga de los pies a la cabeza.

Por cierto, que el comentario"sisino" de Moli, dió pie a una magnífica entrada del Niño de la Consuelo en la que protagonizo el papel de Princesa de los Grandes Pinreles. No os la podéis perder.

Pero divago, sigamos con Moli. Una cosa llevó a la otra y nos pusimos en pie de guerra. A ver quién publicaba antes una foto de sus extremidades. Sí, sí, la cosa no tiene pies ni cabeza, ya lo sé. Pero Moli  es así y prometió que si yo colgaba una instantánea de mis pies, ella haría lo propio. Ayer, provocando que es gerunido, expuso en su blog una imagen de un pie. Sesgado, tapado por un pantalón, sin talón y a contraluz. Puedes pensar que ya has hecho pie. Pero no es así.

Yo creo que después de esta entrada Moli saldrá por pies. La invitación continúa en pie querida Moli. Espero que te lo tomes al pie de la letra y sepas estar al pie del cañón. Pero seguro que huirás al grito de ¡Pies para que os quiero!

No quiero atarte de pies y manos, no. Pero sí quiero que sirva esta entrada para pararte un poco los pies.

Mientras espero la instantanéa de los tuyos (DE LOS DOS)  me pongo a tus pies.

28 de junio de 2010

Eligiendo enemigos

23 divagues
Un enemigo del pasado, de esos a los que no había dedicado ni un segundo de mis conexiones mentales en los últimos años ha reaparecido. Como decía Oscar Wilde, uno nunca puede dejar al azar lo de hacer enemigos. Supongo que porque un enemigo también nos define, puede ser nuestro yang, nuestro lado inverso, nuestra imagen especular donde mirar nuestros errores más odiados.

Yo estoy de capa caída, no me esfuerzo: últimamente cada vez cultivo menos enemigos. Esto se debe a varios factores, personales (una crece) y sistémico-ambientales (el Reino Unido). Aquí el tema está realmente difícil con el rollo del "politeness" (amabilidad). Ya podemos pensar "esto que dices es una idiotez", que todos sonreiremos, callaremos, y los más osados dirán (poniendo cara de estar ponderando duramente) "mmm, no se me había ocurrido, déjame pensarlo y te cuento" (cuando lo que piensas es "whataloadofrubbish" -"Señor, qué basura, te haré el favor de pretender que esta conversación no ha ocurrido").


Cuando era pequeña, yo tenía esa extraña manía de decir lo que se piensa. A ver, no es que no lo haga ahora, pero la diferencia es que no salgo de mi camino para hacerlo. Si en él hay una carreta que lo obstruye o una rueda de molino, no seré yo quien me la comulgue. Diré claramente lo que pienso (adoptando el "modo negociador" de Zeldin) intentado -cosa que aún estoy lejos de dominar- esconder la pasión de turno que me navegue por dentro.

En el pasado, cuando salía de ese mi sendero para "desfacer entuertos" era siempre con un objetivo quijotesco, elevado. Y es que aún me creía la novela de capa y espada y yo era, por supuesto, Cyrano. Así que si veía a esa amiga que estaba tremendamente equivocada tenía que lograr convencerla de su error. El fín siempre era digno, siempre quería ayudar, mejorar algo. Cambiar el mundo, en una palabra.

El modus operandi era de una ingenuidad que ahora me enternece. Casi sin excepción la joven Di creía que "hablar las cosas" era la solucion. Ni corta ni perezosa, le planteaba a la otra persona que deberíamos intentar desmenuzar los eventos, encontrar el malentendido, y por fín, entender. Sin embargo, oh fortuna: me he encontrado a lo largo de mi vida gente que defiende el "es mejor no hablar" y ante una confrontación, un punto de divergencia, piensan que lo mejor es no tocarlo y seguir como si no hubiera pasado nada. Y te cortan en seco si tú intentas tender puentes. Su estrategia puede funcionar a veces, pues el tiempo lima tantas asperezas, pero puestos a derrochar metáforas, también existe la de la herida que cierra en falso... Personalmente, ya sólo me meto a "hablar las cosas" con la gente que me importa. Esta nueva actitud debe venir con la mochila de los años, pero en mi cabeza me sigue gustando más la Di que lo luchaba casi todo, que creía que todo el mundo tenía una parte que merece la pena.


Pero como decía, un enemigo de antaño ha sido la estrella autoinvitada en mi Facebook. Me encantaría poder contar aquí la historia de un enemigo entrañable, de esos malos malísimos con parche en el ojo o de esos inteligentísimos con los que las luchas dialécticas y la competición académica nunca tenían fin. Rivales que manejan las espada con la misma destreza, contrincantes acérrimos, en fin, ese rollo. Sin embargo, mi enemiguillo fue/es de lo más soso, aburrido y desagradable.

Enemiguillo era el novio de una compañera de la facultad, Pánfila de la Torre, que estaba de rebote (el resto nos creíamos cool) en mi mismo grupo de amigos, apuntes y biblioteca. El tipo ocupaba sus días en una sola labor vital: venir a recogerla en aquel coche cuya publicidad aseguraba que, aunque "su mujer se fuera con su mejor amigo, él tendría nada menos que el carro aquel para confíar". Sus padres tendrían tanta pasta como pocas habilidades educacionales (¿es normal tener a un maromo de 22 en casa sin pegar sello?) y estos déficits paternos se reflejaban en sus escasas habilidades sociales. Porque uno puede tener padres que le hagan el "favor" del coche caro, las motos "de tierra y de agua" como decía Pánfila, y demás parafernalia, pero a poco que tenga dos dedos de frente se dará cuenta de que ese grupo de estudiantes que se tiran a hablar en el césped de la facultad no necesitan oír los últimos detalles de cada una de sus posesiones, y menos la así-llamada música que ponía tras abrir el maletero desde los mega-altavoces recién traídos de los USA.


Lo nuestro fue fulminante: odio a primera vista. Era evidente, y que la cosa iba a explotar era una cuestión de "cuando" no de "si". Ocurrió una de esas tardes en que todos esperábamos donde siempre, 20 minutos más allá de la hora acordada, porque Pánfila y su pareja no habían aparecido. Porque pese a que todos los demás usábamos el transporte público para llegar a los sitios, él era el único que llegaba sistemáticamente tarde. Y llegó quejándose de lo mal que estaba el tráfico en Vetusta, terrible, oye, y aparcar ni te cuento. Parece que había llegado el momento de decirle, con una sonrisa de lo más comprensiva, lo que sentía estos inconvenientes y luego, lo que pensaba de los mismos. Lo que pasó a contiuación hizo evidente que no me había seguido en la perífrasis: y es que no todo el mundo sigue ciertos recursos estilísticos, posee la abstracción mental mínima para enfrentarse a ciertos argumentos, o sabe leer entre líneas. Y por supuesto, no todo el mundo tiene sentido del humor. La culpa mía, por no cambiar de registro.

El pobre hombre podría haberme atacado donde duele, que en el fondo es el único lugar donde merece la pena atacar. Pero él nunca sabría eso sobre mí ni sobre nadie, así que me lo puso en bandeja: comenzó a insultarme enmedio del grupo. Realmente hay pocas veces en la vida que una bronca resulte tan fácil: el tío se hunde él solito, cada vez más, con cada nuevo exabrupto, con cada nuevo grito. Yo miraba medio sorprendida, medio divertida: verle hacer el ridículo hubiera sido casi divertido si no fuera porque el tipo era aburrido hasta en eso. A Pánfila se la tragó la tierra tras aquello, nunca volvió con nuestro grupo, y a ratos la veía por los pasillos y casi me daba pena. Pero ahí quedó (eso pensaba yo) todo.


Mil años después, comenzó la fiebre Facebook. Me abrí una cuenta, estuve un par de semanas mirando a gente que hacía granjas y te mandaban un pollo, constaté que no era mi medio, y dejé de entrar. Hace poco, una amiga dijo que entrara pues había colgado unas fotos. Ya estaba a punto de irme cuando veo, enterrado en las brumas de febrero un mensaje de un tal... El nombre no me dice nada, y leo el contenido:

"¿Eres tú la Di Vagando que estudió en la Univetusta con mi mujer Pánfila de la Torre de la Esquina?
Miro la foto de quien me lanza esta amenazante (¿?) pregunta y... es él, ¡el ahora marido de Pánfila! El enemiguillo aquel de hace mil años, que yo había olvidado, está buscándome en Facebook... ¿con qué objetivo? ¿Quiere seguir insultándome online? ¿Decirme que Pánfila le dejó y se ha ido monja? ¿Asegurarme que yo tenía razón y que se ha convertido al budismo, su única posesión ahora un cuenco?
Hago cónclave de sabios. ¿Qué hacer? Esto es lo que los oráculos han dictaminado:

-Templo de Delfos (siempre sabiduría): "Conócete a tí mismo"
-Madre (los mundos de yupi): "Sí, contéstale, seguro que no se acuerda y quiere saludar"
-Naúfrago Ro (compa de pasillos -que no estudios- de la época): "Déjalo estar"
-Miembro del grupo cool (apodador poco amable del susodicho): "Ese tipo está enfermo, tiene un desorden, ni se te ocurra contestar"
-Pedalista (haciendo amigos): "Dile: siempre me pareciste un gilipollas. Vete a tomar po'l..."
-Di (lado me-va-la-marcha): "mmmm.... Pánfila de la Torre de la Esquina... pues mira que el nombre me quiere sonar".
Aunque no he hecho nada, ni creo que lo haga, será interesante leer a los blogoráculos y demás piedras filosofales. Aunque no sean bilis y espumarajos en contra del Señor de Pánfila. Igual hay alguien que me ayuda a reconciliarme conmigo misma por tener un enemigo tan gris, tan triste.

27 de junio de 2010

Irish Soul

9 divagues
Si te gusta el soul no puedes perderte The Commitments. Si no te gusta, tampoco.

Una buena película con una inmejorable banda sonora, con ritmo, divertida y con muy buen reparto. Nada pesada para ser un "musical".

Totalmente recomendable.

La peli trata sobre la pasión por la música soul de un chico irlandés de origen humilde. Esa pasión le lleva a hacer un casting en un barrio marginal y formar un grupo con amigos y conocidos que se dedica a hacer versiones de temas clásicos del soul como Mustang Sally, Try a little tenderness, I never loved a man, Take me to the river, Midnight hour....

Además tocan de verdad. A mi me ponen la piel de gallina...










26 de junio de 2010

Una neurona no hace granero...

7 divagues


Y para terminar esta semana -llamémosla "flower power- en la que hemos divagado sobre los niños fotógrafos del basurero de Guatemala (proyecto fotokids) y sobre el elefante asiático, amén de otras especies en extinción tambien incluidas en la muestra, llega el momento de cerrar con kidscompany.

Kidscompany es una ONG fundada por Camila Batmanghelidjh en 1996. Camila es una de esas personas que los ingleses llaman "larger than life". De origen iraní, es imposible que pase inadvertida con sus vestidos hasta los pies hechos de mil telas, sus turbantess coloristas y su gafapasta. A mí me la presentó un compañero de trabajo en algún café de Borough Market, uno de esos lugares que los turistas visitan con sus mochilas hacia delante y que los locales o bien evitan por los precios, o bien frecuentan, a la caza del famoso. Está hermanado con el Mercado de la Boquería de Barcelona, y se puede pasar la mañana picando muestras de queso, brownie y luego hacer el South Bank. Pero divago: Kidscompany está muy cerca.

Tengo un amigo que trabaja allí y me cuenta lo que hacen por todo Londres. Ven a 14.000 niños de familias pobres, o a los que sus padres no pueden atender por los motivos que sean (enfermedad, drogas, alcohol...) Son niños vulnerables pues hay mil riesgos en una gran ciudad sin la brújula de tus padres. Kidscompany trata de transfomar su vida. Y a veces lo consiguen.

Acaban de lanzar una campania llamada "Peace of Mind" (algo así como "tranquilidad de conciencia", pero que juega con las palabras "paz" y "mente") con la que intenta conseguir cinco millones de libras. Han creado un cerebro interactivo en internet donde, donando £5, uno puede personalizar su pequeña neurona, ponerle nombre y, si quiere, foto y lema. Con este dinero se trata de ampliar el cuerpo cada vez más consistente de investigación que estudia los efectos del amor, el apoyo y la confianza en el cerebro en continuo crecimiento de los niños.

Neuronas del mundo, uníos!

25 de junio de 2010

Anónimo

5 divagues
Ayer por primera vez en mi vida recibí un anónimo.

Como estamos en el siglo XXI fue en forma de mail. Nada de currar y recortar papelitos como antaño. Eso sí que era glamour.

No me ponían a parir, gracias a Dios, ni me amenazaban no, que todo podría ser.

Simplememente me informaban de un hecho que acontecía en la empresa en la que trabajo y que puede ser causa de despido para el afectado.

Me quedé helada. Sin saber qué hacer.

No es que la información que me diera fuese crucial y yo sospeché en su día que pudiera suceder. Se trata de venta de información confidencial que ignoro que tipo de orgasmos le puede dar al que la recibe. Me parece un poco chorra, pero bueno. El problema es que no sabes que hacer con un tema así: ¿Le haces caso e investigas? ¿Pasas del tema pero estás alerta? ¿Será verdad y tenemos que controlar más?

En el caso de que sea verdad tienes que poder probarlo y eso es difícil. Lo cierto es que no he parado de dar vueltas al tema esta noche. No sabía que hacer y al final respondí al mail que me enviaron haciéndole cuatro preguntas. Entre ellas cómo tenía mi mail particular, que es lo que más me jodió de todo.

Estoy a la espera de su respuesta.

24 de junio de 2010

Los elefantes toman Londinium

29 divagues
Ahí van unas fotos de la "Elephant Parade" que ha tenido lugar en Londinium estas últimas semanas. 250 elefantes, pintados por diversos artistas han ocupado las calles, trayendo color y un poco de Asia a la ciudad. El objetivo: salvar al elefante asiático que está en vías de extinción. Atención a la última, que tiene historia...
Nota: Ni idea de cómo colgar un montón de fotos en blogger y que queden bien. Lo que parece una cosa (todas juntitas y encajadas) en el borrador, sale así... Disculpas.

































Ahora, la historia: Se disponía la intrépida reportera Di a fotografiar este elefante para D&D desde el mejor ángulo. Había tres personas hablando a su lado e impedían la perspectiva con el otro elefante de fondo, así que, tras esperar un poco, les pidió que se apartaran. Entonces uno de ellos dice: "Igual querrías que saliera, es el artista".


Así conocí a Joseph Paxton, al lado de su elefante que se llama "Julia's Elephant", uno de los más originales de la exposición. Congratulations Joseph!

23 de junio de 2010

No Surrender

14 divagues

Tenía yo 17 años y una amiga con barco que me invitó una semana a Ibiza.

Aquello sí que era un super plan.

Una semana en verano en Ibiza viviendo en un velero. Ibamos con su hermano y dos o tres amigotes. Yo sólo la conocía a ella. Recuerdo que en la zona de control de billetes del avión en nuestro equipaje de mano sólo se oía el entrechocar de las botellas de alcohol. Fue una semana inolvidable: por la noche disco Ibiza (yo flipé con lo que allí corría) y durante el día dormíamos la mona mientras un marinero nos sacaba de paseo. Despertábamos en Cabrera por ejemplo, comíamos lo que su hermano había preparado, dos chapuzones en aguas cristalinas y a tomar el sol. Regreso a puerto y otra vez de juerga.  ¡A tutiplén!.

Fue mi primer contacto con el mar. Recuerdo navegar inclinados arrullados por las olas, recuerdo las maniobras, el olor del mar, la paz, la sensación de libertad… Para ser mi primera experiencia marítima fue muy positiva, inolvidable. No tengo ni una foto por cierto….

Hace unos 5 años fuimos con pollito a Menorca. Estuvimos en un buen hotel, no tanto por las instalaciones como por el precio. Yo hice números, la verdad es que un poco sesgados, resultando que por el precio del hotel, podríamos haber estado en un barquito. Con ese pensamiento regresé a tierra firme. Curioseando por la web,  descubrí que la terra ferma, había una Academia donde te podías sacar el “carnet” de barco y no me lo pensé. Tuve un profesor increíblemente majo y había mucho cachondeo con los compañeros de clase ¡Qué bien me lo pasé! Por fin, descubrí la diferencia entre babor y estribor y aprendí cosas muy interesantes, tanto que no me contenté con ser “Patrona de embarcaciones de recreo” y me aventuré a ir un poco más lejos consiguiendo el título de “Patrona de yate”. Mi entusiasmo fue tanto que hasta Consuerte se tituló. Fue muy interesante, las cartas náuticas, los rumbos,  las derivas…. En serio, me encantó. Nos encantó.

Nuestro propósito no era tener un barco (aunque seguimos jugando a la primitiva), sino tener la opción de navegar cuando queramos. En estos años no lo hemos hecho nunca, siempre hemos estado en dique seco, pero quizá nos hagamos a la mar un día de estos. Quien sabe. 

Por cierto, si un día veis un velero, de unos 12 metros de eslora llamado “NO SURRENDER”, es mío. Barco no tendré, pero el nombre lo tengo claro.



22 de junio de 2010

La conexión Guatemala-Londres

6 divagues
Hoy me ponía a escribir sobre un proyecto que se está llevando a cabo en Southwark, a unas paradas de metro de mi casa, pero los recuerdos de otro que está teniendo lugar a miles de kilómetros de distancia se infiltran entre mis teclas, como ideas intrusivas, bienvenidas esta vez. Y siento que no os puedo hablar de kidscompany sin contaros algo de fotokids.

Los Pedalistas andaban por Antigua, Guatemala cuando entraron en contacto con el proyecto fotokids: http://www.fotokids.org/acerca_historia.htm. Igual estas subidas de optimismo ocasional mío -tal vez inconsciente, tal vez idiota, pero en todo caso espero que tóxico-, viene de la suerte que he tenido de chocarme con gente que aún cree que merece la pena montar este tipo de movidas. He buscado lo que escribí aquella tarde guatemalteca de 2004, mezcla de ideas sobre la fotografía, Cartier Bresson, el arte, y la esperanza. Y ahí va, junto con esta foto del mercado de Chichicastenango. Los ojos de ese niño me han perseguido desde entonces...


En algún cibercafé de Antigua, y seis años (aún) más joven, Di (calentando sin duda motores para este divlog) divagó:

Despues de un día de trekking escalador de nada menos que un volcán (el Pacaya), los Pedalistas encuentran una alternativa a la naturaleza pura y dura en Antigua. Hay un centro cultural, “El sitio”, donde se da una conferencia sobre Cartier-Bresson, fotógrafo francés recientemente fallecido sobre el que ya escribí en México, cuando se marchó. La señora que nos habla es una de las fotógrafas que trabaja con Sara Facio (autora de fotos a gente como Cortázar y Neruda, y de "Encuadre y foco", que leo por estos días), que conoció personalmente a Cartier. Pone un video documental sobre su obra, y luego hay un pequeño coloquio.

Aprendo algunas cosas que no sabía de Cartier-Bresson. Una, que era extraordinariamente tímido, y llevaba fatal la fama, hasta el punto de ser considerado arisco, difícil, de mal genio (siempre he pensado que lo mejor de ser un genio es poder tener, valga la redundancia, mal genio, poder pasar por excéntrico, y que te dejen en paz. De vieja aspiro a ser todo lo excéntrica posible, lo mejor de esa época en la que te empieza a dar mucho igual lo que piensa el vecino). Tambien observo en el vídeo que Cartier se tapa la cara continuamente, no le gusta que le fotografíen ni salir en el documental (que acepta porque lo hace una gran amiga suya, Sarah Moon). Quizás una de las razones sean (observación-deformación profesional) los marcados tics motores que tiene particularmente en los ojos, no sé si tan severos como para diagnosticarle un Síndrome de Tourette. Es un hombre que se expresa muchísimo con las manos, que no le da demasiada importancia a lo que hace, y que no le gusta llamarse fotógrafo, sino “alguien que hace fotos.” Le apasiona Bach. En un punto de su vida decide que no tiene nada mas que decir en fotografía, y pasa a dedicarse únicamente a la pintura. Antes de morir, quema todos sus negativos menos 300, que son los que se queda Magnum, y los únicos que se podrán reproducir.


Me deja hipnotizada todo lo que dice. Habla del famoso momento decisivo (le moment décisif): cómo estás esperando ese movimiento, ese cruce, esa mirada, y mil veces hay que se te escapa, y sólo hay una en que lo puedes atrapar, coger, hacer tuyo…. Zas! Es magia. Un cuadro lo puedes pensar, trabajar, tienes todo el tiempo del mundo. Una foto es aquí y ahora, y la pierdes para siempre, o la tienes para siempre.

Salgo reconfortada porque tal vez me tomo demasiado a pecho perder una buena foto, y me quedo gruñona conmigo misma unos minutos después de haberla perdido. Cartier también recuerda las fotos perdidas que, tal vez por idealizadas, serán siempre mejores que cualquiera de las que hayas logrado hacer. Es un poco como Itaca. Me fascina cuando habla del retrato: Cartier trata de captar lo que el llama “el silencio interior de esa persona.” No quiere posados, no quiere sonrisa de foto. Cuando a veces le preguntaban "porqué me has sacado esa foto", él contestaba: "porque pusiste esa cara".

Y también salgo con mucha energía y ganas de hacer más fotos. Como las hacía el: hay trozos del vídeo en el que Cartier dispara sin parar, con una cámara manual, va pasando la pelicula sin pausa, una, otra, qué sonido, me embruja… Y de los miles de fotos que ha disparado, sólo han pasado su filtro 300…

Antes de irnos del centro cultural, vamos a ver una exposición de fotografía en otra sala. Todas han sido tomadas por adolescentes entre 9 y 19 años, todos pertenecen a un proyecto llamado Fotokids. La idea partió de Nancy McGirr, una ex-fotógrafa de guerra de Reuters que consiguió movilizar a diversas agencias para dar una cámara y algo de formación fotográfica a niños que estaban en el basurero de la Ciudad de Guatemala recogiendo trozos de lo que no quería nadie. El proyecto lleva ya más de 10 años, y sus logros son increíbles. En primer lugar, las fotos: impresionantes. Retratos que se salen del papel, fotos muy bien compuestas, encuadres superoriginales. Pero lo mejor es la ilusión y el futuro que han creado en y para estos niños: algunos de ellos han viajado a Europa y Estados Unidos a dar clases de fotografía a otros niños, o a ver sus propias exposiciones. En sus biografías al lado de la imagen, se podía leer su concepción de la fotografía, y las puertas que les ha abierto. Me recuerda a una de mis películas favoritas de todos los tiempos, basada en un hecho real, en la que la fotografía también acude al rescate de un niño, esta vez en una favela de Río (Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles, 2002).

Ningún momento tan decisivo como el de cada uno de estos niños al coger por primera vez una cámara y mirar a través de su objetivo. Y ninguna oportunidad tan perfecta para los demás para atisbar el mundo desde otros ojos. Un momento decisivo, y que no olvidaremos.







Y no puedo embed este vídeo, pero merece la pena:
http://www.youtube.com/watch?v=azpveltkU3U&feature=related



21 de junio de 2010

Ya llegó el verano

12 divagues
Aunque no lo parece. El verano está aquí. No me quejo, no. A mi me va fenomenal que no haga calor y que todavía puedas dormir tapado por la noche. Yo firmaba por un verano así. Sin embargo no vengo a hablar sobre el tiempo, sino sobre el cambio. A mí, los finales y principios de curso me suelen poner nerviosa. Me explico. No soy de las personas que tienen cronometrado al dedillo lo que va a hacer con sus polluelos durante el estío y siempre dejamos unos días a la improvisación y al buen hacer de los yayos y/o abuelos. No queda otra.

Así, aunque hayamos contratado unos días de estades o campus, siempre quedan más días libres que vacaciones tenemos los progenitores y eso da palo. Las estades o campus es cuando llevas a tus pollitos medio día a un determinado sitio a que hagan deporte, natación, manualidades, etc. Puede ser con comida o sin comida y con un horario que puede abarcar desde las 8 hasta las 15 más o menos. El problema es que en agosto no hay estades, lo que nos obliga a coger las vacaciones ese concurrido mes y alejarnos de los ideales meses de septiembre, junio o incluso julio.

Otra cosas que llevo mal estos días es el cambio de armarios. Suelo pasarme dos semanas con ropa por todos los sitios en un caos tal que cada habitación parece un mercadillo. Siempre lo hago el fin de semana pero últimamente llevo una intensa vida social y no he logrado establecer las pautas necesarias en los armarios de los pollitos. A alguno le puede parecer una chorrada. Pero el tema es grave. ¿Por qué? Primero por la mezcla de ropa que se produce y que los pollitos aprovechan para excusar su desorden. Segundo porque no se puede poner al alcance de Consuerte todo tipo de ropa, no. En  mi ausencia, los polluelos, pueden ir con camisetas de tirantes y pantalones de pana con botas en pleno mes de julio. No hay que tentar a la suerte. Mejor acotar.

Otra razón por la que llevo mal lo de los armarios es por la falta de costumbre. Los pollitos van al cole con uniforme, perdón, con bendito uniforme. Eso, además de barato, simplifica mucho todo, desde las lavadoras, hasta la programación del qué me pongo. Llega el verano y salvando cuatro cosas del año pasado, hay que reponer un montón de cosas. Los míos hay días que se cambian dos veces y además tienen ropa de repuesto en casa de los yayos. Así que inevitablemente hay que ir a comprar ropa. A mí no me gusta, la verdad, pero a éllos mucho menos. Así que muchas veces voy sola y traigo ropa para que se prueben y si no les va bien a devolver y volver a traer. Idem con los zapatos.

Aunque parezca contradictorio, lo peor del verano, es también cuando se acaba. Precisamente porque hay que realizar todo este mismo proceso de nuevo. Eso sí, en septiembre sólo compramos uniformes.


20 de junio de 2010

Cuanto más viejo, más libre y cuanto más libre más radical

17 divagues
"Contemplándome, veo en mí una relación casi orgánica entre vejez, libertad y radicalidad. Otros dirán que eso no es posible, que la vejez nos empuja inevitablemente hacia la servidumbre y hacia el inmovilismo. Sí, es cierto, pero, mientras la senilidad no me alcance".

Quien escribió esto y otras ideas que me inspiraron tanto se ha muerto. Cuando lo hizo Delibes ya conté,usando la voz de Julio Cortázar, cómo me sentía. Hoy he mirado entre mis escritos en busca de alguna crónica que hubiera escrito de prisa al terminar alguno de sus libros para saber cómo contarlo esta vez. Sorprendentemente, no tenía nada del que más me impactó ("Todos los nombres"), que no es de los que más comenta la gente. Lo que va a continuación es cómo ví, el 21 de Mayo del 2005, "Ensayo sobre la lucidez".

Pero antes una línea para darte las gracias, José Saramago, por haber compartido tu humanidad infinita conmigo y para decirte que, al enterarme de tu partida, "un pedazo de mí también caía muerto sobre los manteles, entre las frases convencionales".




Hace un rato he terminado, entre lágrimas, "Ensayo sobre la lucidez". Lágrimas que han aparecido de sopetón, en la última página, de sorpresa, sin esperarlo, porque nada me hacía esperar este final. Las anteriores novelas que he leído de este autor, pese a duras en las realidades q describe (siempre mediante alegorías o grandes metáforas, toda la novela es en sí mismo una metáfora), han terminado siempre con un toque esperanzador.

Pienso en "La Caverna", con el que lloré varias veces mientras lo leía, porque su tono era triste, desesperanzado. Saramago usaba la metáfora de la gran empresa (para Saramago, desalmada) que no encuentra ya hueco para una pieza, y se deshace de ella. Esa pieza, en este caso un pobre alfarero, no se rinde, y sigue haciendo figuritas ridículas, que no sirven para nada, para un mundo que ya no las quiere. Y Saramago logra que nuestro corazón esté siempre con el alfarero: "que las acepten, que no le echen, por favor q pueda seguir viviendo", anhelas.

En "Ensayo sobre la lucidez", al principio todo el mundo vota en blanco, pero está claro que uno ha de votar dentro de unos límites, y no salirse. Porque de la sorpresa inicial y la “segunda oportunidad” se pasa a medidas más agresivas, a llamarles subversivos, asesinos… y a matarles. Ya que con la fuerza de la razón no pueden conseguir nada (porque no la tienen) han de recurrir a la fuerza de la fuerza.

Saramago sigue con la metáfora de la ceguera blanca. El voto en blanco. El blanco, un tema tan tocado en literatura, desde el Arthur Pym de Poe hasta Moby-Dick de Melville. Lo blanco como horror, como historia de miedo. Claro que aquí el voto en blanco es lo contrario q la ceguera: es la lucidez. La gente que decide quejarse, salirse del rebaño. Y persistir. Resistir. NO pasarán. Toda esa parte es bonita, ayuda a soñar, a creer en la evolución, en un futuro lleno de gente pensante.

Pero la ceguera blanca de "Ensayo sobre la ceguera" era todo lo contrario que la lucidez. Y quieren culpar a la única mujer que no se , que en todo momento conservó la lucidez (tan difícil en estos días que vivimos) de la lucidez de los demás. Como si la lucidez fuera contagiosa (utopía contagiosa). Tal vez esta mujer, valiente, inteligente, crítica, estaba empezando a hacer pensar a sus vecinos, compañeros de trabajo, amigos. Igual estaba empezando a compartir esa clarividencia, y esto no se puede permitir. De hecho, se puede decir que de algún modo “contagia” al comisario que va a por ella. Ese comisario que se da entonces cuenta de que “cuando nacemos, cuando entramos en este mundo, es como si firmásemos un pacto para toda la vida, pero puede ser que un día tengamos que preguntarnos quién ha firmado esto por mí”. Y se niega a seguir el guión predestinado de su vida, se atreve a romperlo, y ser, de esta manera, lúcido.

El desenlace del libro, que se hace apenas en tres páginas es devastador. La lucidez no interesa. Lo que interesa es un pueblo de borregos atontados por la tele, los videojuegos, el individualismo, el fútbol. Nada más. Y alguien que piense, aunque sólo sea uno, debe ser extirpado, siguiendo la metáfora de Saramago: “hay q quitar la cabeza de la tenia que infecta a la sociedad” Que infecta de razón, de solidaridad, de crítica, de verdad. A los de arriba no les interesa q nadie piense, y esto se paga. Carísimo.

La lucidez ha muerto. También el perro de las lágrimas, el perro que se hizo amigo de la mujer porque le sorbió las lágrimas en los tiempos de la ceguera. Ya no hay princesa que cantar.

Y este final, pese a sabido, no deja de ser desolador. Sobre todo porque el perro de las lágrimas no podrá venir a socorrer las nuestras. El se ha ido con la lucidez.

*****************
ALGUNA FRASE DEL LIBRO:
La esperanza es como la sal, no alimenta pero da sabor al pan ( p. 59)
Remordimiento por lo que no he hecho, Hay quien dice que ése es el peor de todos, el remordimiento de haber permitido que se hiciera (p. 154)
Las manifestaciones nunca han servido de nada; de otra manera, nunca las autorizaríamos (p.168)
Cuando nacemos, cuando entramos en este mundo, es como si firmásemos un pacto para toda la vida, pero puede ser que un día tengamos que preguntarnos quién ha firmado esto por mí. ( p. 363)
(Al morir el perro): Menos mal, detesto oír los perros aullando

19 de junio de 2010

Versionando

12 divagues
Por lo general las versiones de canciones originales no suelen ser muy buenas. Sin embargo, en algunos casos, la versión puede superar al original. Versionar no es cantar con tu voz un tema que antes ya cantó otro. Eso es kakaroke. Versionar es tratar de mejorarlo. De cantarlo con otro carácter, con otros registros, con otro ritmo y no sólo el cambio de voz.

 A mi esta versión me gusta.


18 de junio de 2010

Yo no sé quién me engañó

31 divagues
Cosas que tiene el shuffle: el otro día Platero me pilla desprevenida con "A un tipo listo". Miro por la ventana del autobús, ideas tangenciales, gente corriendo con botellas en la mano. Imágenes de gente que conozco. Dará esto para un divague?


Yo no sé quien me engañó
sólo quiero Rock & Roll
si te cuento la verdad
me entran ganas de llorar


Me siento al teclado y pienso en las múltiples diferentes vidas que a algunos nos gustaría vivir, además de ésta. Aunque nos guste la nuestra, aunque la nuestra sea la que hemos decidido vivir sobre otras, aunque no nos entre ganas de llorar, como al "tipo listo". Pero es que hay gente que siente que con una vida no se abarca todo lo que una querría abrazar, aprender, disfrutar, ver, descubrrir, discutir, amar, leer, escuchar, sorprender, reír, compartir (ya paro o llamo a Consuelo's con su guitarra). El libro de Zeldin viene a mi cabeza. Lo busco en la estantería, leo subrayados, tomo notas... total que me sale el divague del otro día, "
Maneras de vivir".

Pienso en directores de oficina que sueñan con convertirse en estrellas del rock. Con abogados que lo que querrían es navegar en un velero. Psiquiatras a los que les gustaría vivir de la pintura. Filólogas que serían felices cuidando perros. Naúfragos voluntarios que pagarían porque les encontraran. Blogueros que lo suyo sería vivir de este cuento. Diseñadores gráficos cuya pasión sería "vivir en las basuras". Médicos que me pinchan para montar un Ryad en Essaouria. Escayolistas que montaron un restaurante en algún punto de latinoamérica. Ingenieros que quieren vivir de la literatura. Ejecutivas que me echan los tejos para "montar algo en México".

Si ellos leen, se encontrarán. Para encontrarme a mí en esa otra vida, brújula probablemente al sur, Canon al cuello, el mundo a través del objetivo, y siempre dispuesta a salir corriendo.

Luego lo bloguería todo, claro.

Retransmitiendo desde el Salar de Uyuni.

17 de junio de 2010

Mamá la adivina

14 divagues
Ya lo dice mi hermana. Las madres es lo que tenemos. Con una palabra somos capaces de cambiarlo todo, solucionar cualquier cosa. Podemos hacer magia, tenemos superpoderes: podemos curar miedos, eliminar enfados, provocar risas, sanar tristezas... Y además somos adivinas.

El caso es que tengo a los pollitos desconcertados con mis super poderes. Sobre todo los de adivina.


ESCENARIO 1

Pollito tiene que leer un libro. Cada día caen dos páginas o más. Se las hago leer en alto y yo escucho atenta. La entonación en ocasiones no es la que debería y alguna vez es incomprensible alguna frase.  Sin embargo vamos mejorando y por lo general es fácil saber como terminan las frases o lo que van a decir (digamos que la literatura infantil no es muy creativa por muchas florituras que pongan en los libros de Gerónimo Stilton).

Escucho a Pollito leyendo:

- .... y de pronto me pareció que alguien me "surraba" al oído...

- No dice eso. Dice "susurraba".

- ¿Cómo lo sabes? - dice Pollito alucinado. ¿Tu te has leído el libro antes? Es imposible que lo sepas sin mirar.

He tratado de explicárselo pero le sigo asombrando con mis poderes.



ESCENARIO 2


A Consuerte un terremoto no lo pillaría en casa. Le gusta salir y le gusta que salgamos juntos. Todos. A veces, consigo escaquearme y se van a horas intempestivas (domigo por la mañana) a dar una vuelta. Mientras yo preparo la comida y escucho música.

A la hora de comer se abre la puerta:

¡Mamáaaa mamaáaa! Hemos estado en las ferietas y hemos montado en todo- dice Pollito eufórico. 

La semana que viene son fiestas en mi ciudad. Un domingo por la mañana, no había nadie y se han podido explayar. Han estado media hora en cada atracción.

- Síiiiiii - dice mi polluela - y había una montaña rusa que daba mucha cosa en el estómago...

Mientras se me acerca observo en el cuello de su camisa una delatora mancha roja, pequeña. Al principio, asustada, creo  que es sangre, pero un poco más para abajo veo otra manchita similar de diferente tamaño que no deja lugar a dudas. Es ketchup.

Los pollitos saben que no me gusta que coman guarradas y menos si se aproxima la hora de comer. Así que no comentan nada acerca de la "licencia" que les ha permitido Consuerte.

- Y las patatas fritas, ¿Estaban buenas? - Pregunto con voz de adivina.

Yo no se lo he dicho, yo no se lo he dicho... La peque confiesa.

Pollito y también Consuerte (que no ha visto las manchas) están alucinados:

- ¿Cómo lo sabes?



ESCENARIO 3

Los pollitos se lavan los dientes por la noche y después está prohibido comer nada más. Menos si es algo dulce y que arruine su preciosa dentadura. Se levanta polluela por la mañana y veo un caramelo pegado en una esquina de la almohada. Lo cojo y lo tiro a la basura. Mientras se viste le comento:

- ¿Sabes que está mal comer caramelos por la noche cuando te vas a la cama? Te puedes ahogar y además se te harán caries.

Me mira alucinada, pero su cara delata el crímen.

- ¿Cómo lo sabes?



Así que ya lo sabéis, ojito, ojito... que os veo y lo sé todo.


16 de junio de 2010

Maneras de vivir

16 divagues
Hace tiempo me regalaron "An intimate history of humanity" (Historia íntima de la humanidad), un ensayo de Theodore Zeldin de 1994 sobre cómo los hombres y las mujeres, a lo largo de la historia, hemos manejado el miedo y las otras pasiones, cómo hemos escapado de la soledad, cómo hemos aprendido, de los de otros y de nuestros propios errores a intentar ser más felices o menos desdichados, por lo menos.

Este es uno de esos libros que cambian tu perspectiva, el ángulo desde el que ves la vida. Mejor dicho, me la cambió a mí, esto del libro que te toca es muy personal. Después de leerlo quería ser mejor persona: es un libro que te reconcilia con el género humano, te anima a intentar entender, invita a la flexibilidad, a tender la mano, a intentar hacer las cosas de manera diferente.

Uno de sus capítulos habla de cómo la gente elige cierta manera de vivir. Quien me lo regaló escribió como dedicatoria "por las muchas vidas que podríamos elegir vivir". Qué cree Zeldin de las "maneras de vivir" que la humanidad ha usado a lo largo de los siglos? Pues que las filosofías/religiones más populares que aconsejan sobre cómo vivir bien han adoptado, a lo largo de la ,seis formas o métodos de "viajar por la vida". Cada una de estas líneas de pensamiento suele creer que tiene la razón, que su manera es la correcta.
1. La primera manera consiste en obedecer, usar como referencia a la sabiduría de otros, aceptar la vida como es. En el pasado, la mayor parte de la gente "viajaba" usando este método, a menudo porque se les obligaba, pero también porque es una manera que promete tranquilidad de conciencia y consenso. Es más fácil conformar, seguir la norma, seguir la moda, buscar la aprobación de los demás, ya que la confrontación es generadora de ansiedad. Dicen que un tercio de los británicos prefieren que se les diga qué hacer antes que tomar decisiones (que conllevan responsabilidad).
2. El segundo método de viajar la vida es como negociador, regateando para conseguir las mejores ofertas. Los romanos, por ejemplo, con sus rituales de ofrenda a los dioses insistían en que el éxito se poda conseguir con estas habilidades negociadoras.

3. La tercera opción es "cultivar el jardín propio", dejar fuera cualquier tipo de militancia, grupo, y concentrarse en tu vida privada. Todo empezó con las clases pudientes cultivando secretos: cuanto menos sepan de nosotros, pensaban, más fácilmente evitaremos envidias. La democracia es vista por la gente que usa este método como el derecho a que les dejen en paz, a cambio de pagar impuestos. Pero puede uno ser tan interesante como para ser el único objeto de su total atencion?

4. La cuarta forma es la búsqueda de conocimiento. Esta búsqueda per se es otra manera de evitar tener que decidir para qué quiere este saber. La idea de que el conocimiento es algo que se puede adquirir es reciente.

5. La quinta forma consiste en hablar, dar nuestra opinión, revelarnos a los otros, librarnos de nuestra tristeza sacando todos nuestros secretos, recuerdos, fantasías, conscientes e inconscientes. Pero con tanta tecnología como tenemos para hablar, comunicarnos, Zeldin opina que se olvidaron de encarar el gran problema de hablar: cómo encontrar a alguien que escuche. Por no hablar alguien que entienda.

6. Estos cinco métodos de ir por la vida retienen su atractivo aún hoy en día, a pesar de sus puntos problemáticos, entre mucha gente. Pero el último método, "ser creativo" más reciente, se ha probado mucho menos. Inicialmente sólo Dios era creativo, el Creador. En 1870 la palabra creativo se empezó a aplicar a los mortales en Francia. Sólo cuando la originalidad empezó a ser valorada-y esto solo ocurre en ciertos círculos hoy en día, en la mayoría es mejor conformar-se hizo posible concebir que los individuos fueran creativos.


Pero el mundo ha tratado estas maneras de vivir la vida como si tuvieran que durar para siempre: gente adopta una, y sigue con ella. Antes la vida era corta, pero ahora, que podemos vivir casi un siglo, hay que pensar si uno quiere pasarse toda la vida viajando en el mismo autobús, o si probar un poco de los seis métodos puede ayudar a una vida más plena. O tal vez ni siquiera eso es suficiente.

Porque, cuando se ha decidio su medio de transporte, uno aún necesita saber dónde quiere ir.



15 de junio de 2010

A veces

15 divagues
A veces no tengo nada que decir.

Otras veces sale solo, sin pensar.

A veces lo que digo es muy fácil decirlo, escribirlo.

Otras tengo que buscar las palabras adecuadas que definan lo que es.

A veces me gusta, me apasiona.

Otras me agobia pensar que lo "tengo" que hacer.

A veces pienso que da igual, que no importa, que a nadie le importa realmente.

Otras veces me reconfortan los comentarios.

A veces pienso que no soy yo la que he escrito, no me reconozco.

Otras soy tan yo que me duele.

A veces me gustaría encontrarme con todos vosotros y poner caras a la gente.

Otras veces pienso que mejor no meneallo.

A veces, se me amontonan, los temas, las ideas, las anécdotas.

Otras reviso lo que apunté y me parecen chorradas.

A veces, no puedo digerir lo que escribís.

Otras me quedo a medias y quiero más.

A veces me gustaría cambiarlo todo.

Otras me aferro a lo seguro, resistencia al cambio lo llamaban.

A veces me gustaría ser como vosotr@s.

Otras no sé como me gustaría ser.

A veces solo quiero que me quieran.

Otras prefiero querer.

A veces me parece íntimo escribir algo.

Otras me dejo llevar y lo hago.





14 de junio de 2010

Literatura desesperada

11 divagues
Desde hace unos días se está gestando la crónica de "Los detectives salvajes" (Roberto Bolaño, 1998). Para calentar motores, agradezco al gentil internauta que ha tenido a bien subir el subcapítulo que incluyo, que tal vez logre ilustrar (de hecho no, pero ahí va) el humor, la reflexión, en enloquecimiento de este libro. Diva, creo que debes leerlo, aunque sólo sea por nuestro querido y lindo México.

Si muero lejos de ti, que sea salvajemente, como Arturo Belano y Ulises Lima, los detectives salvajes.
♪♪♪♪♫♫‼♀♪!♪♫♫♪♪♫

Joaquín Font, Clinica de Salud Mental El Reposo, camino del Desierto de los Leones, en las afueras de Mexico D.F., enero de 1977

Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. Esta última es la que quisieron hacer Ulises Lima y Belano. Grave error, como se verá a continuación. Tomemos, por ejemplo, un lector medio, un tipo tranquilo, culto, de vida más o menos sana, maduro. Un hombre que compra libros y revistas de literatura. Bien, ahí está. Ese hombre puede leer aquello que se escribe para cuando estás sereno, para cuando estás calmado, pero también puede leer cualquier clase otra clase de literatura, con ojo crítico, sin complicidades absurdas o lamentables, con desapasionamiento. Eso es lo que yo creo. No quiero ofender a nadie. Ahora tomemos al lector desesperado, aquel a quien presumiblemente va dirigida la literatura de los desesperados. ¿Qué es lo que ven? Primero: se trata de un lector adolescente o de un adulto inmaduro, acobardado, con los nervios a flor de piel. Es el típico pendejo (perdonen la expresión) que se suicida después de leer el Werther. Segundo: es un lector limitado. ¿Por qué limitado? Elemental, porque no puede leer más que literatura desesperada o para desesperados, tanto monta, monta tanto, un tipo o un engendro incapaz de leerse de un tirón En busca del tiempo perdido, por ejemplo, o La montaña mágica (en mi modesta opinión un paradigma de la literatura tranquila, serena, completa), o si a eso vamos, Los miserables o Guerra y paz. Creo que he hablado claro, ¿no? Bien, he hablado claro. Así les hable a ellos, les dije, les advertí, los puse en guardia contra los peligros a que se enfrentaban. Igual que hablarle a una piedra. Otrosí: los lectores desesperados son como las minas de oro de California. ¡Más temprano que tarde se acaban! ¿Por qué? ¡Resulta evidente! No se puede vivir desesperado toda una vida, el cuerpo termina doblegándose, el dolor termina haciéndose insoportable, la lucidez se escapa en grandes chorros fríos. El lector desesperado (más aún el lector de poesía desesperado, ése es insoportable, créanme) acaba por desentenderse de los libros, acaba ineluctablemente convirtiéndose en desesperado a secas. ¡O se cura! Y entonces, como parte de su proceso de regeneración, vuelve lentamente, como entre algodones, como bajo una lluvia de píldoras tranquilizantes fundidas, vuelve, digo, a una literatura escrita para lectores serenos, reposados, con la mente bien centrada. A eso se le llama (y si nadie le llama así, yo le llamo así) el paso de la adolescencia a la edad adulta. Y con esto no quiero decir que cuando uno se ha convertido en un lector tranquilo ya no lea libros escritos para desesperados. ¡Claro que los lee! Sobre todo si son buenos o pasables o un amigo se lo ha recomendado. Pero en el fondo ¡lo aburren! En el fondo esa literatura amargada, llena de armas blancas y de Mesías ahorcados, no consigue penetrarlo hasta el corazón como sí consigue una página serena, una página meditada, una página ¡técnicamente perfecta! Y yo se los dije. Se los advertí. Les señalé la página técnicamente perfecta. Les avisé de los peligros. ¡No agotar un filón! ¡Humildad! ¡Buscar, perderse en tierras desconocidas! ¡Pero con cordada, con migas de pan o guijarros blancos! Sin embargo yo estaba loco, estaba loco por culpa de mis hijas, por culpa de ellos, por culpa de Laura Damián, y no me hicieron caso.

Roberto Bolaño, Los detectives salvajes (cap II.5)

13 de junio de 2010

A primera!!!!!!

20 divagues


Empresas Imbéciles

8 divagues


Gonzalo no he podido evitar acordame de tí viendo este video sobre British Petroleum y el derrame de crudo que son incapaces de contener y/o parar. Ya ves que empresas imbéciles hay en muchos sitios. Por cierto. Me encantó tu post.

Que paséis buen domingo.

12 de junio de 2010

Ciegamente

20 divagues
Siempre me ha gustado Blas de Otero, por pasional y trágico. Esto tiene que ver con mi lado gótico, tormentoso, relampagueante. La primera vez que escuché "Ciegamente", me enamoré de él: su desgarramiento, su dramatismo.

Pero en aquella época no había google, y la manera de conseguir esa poesía, esa canción, esa película que necesitabas era mucho más tortuosa que ahora. Me recuerdo copiándolo furtivamente en el pasillo de debajo de las escalera en la Librería General de Vetusta.

Pasados los años, compré éste y otros de sus libros. Y con muy malas artes usé su poesía, la que antes me había enamorado a mí, como pócima para otros incautos.

Por carta, entonces no existía el email.
♪♪☺♪♫♪♫

CIEGAMENTE

Porque quiero tu cuerpo ciegamente.
Porque deseo tu belleza plena.
Porque busco ese horror, esa cadena
mortal, que arrastra inconsolablemente.

Inconsolablemente. Diente a diente,
voy bebiendo tu amor, tu noche llena.
Diente a diente, Señor, y vena a vena
vas sorbiendo mi muerte. Lentamente.

Porque quiero tu cuerpo y lo persigo
A través de la sangre y de la nada.
Porque busco tu noche toda entera.

Porque quiero morir, vivir contigo
esta horrible tristeza enamorada
que abrazarás, oh Dios, cuando yo muera.

Blas de Otero

11 de junio de 2010

Reina del despecho

15 divagues
Reina del Arrabal, Guerrillera del bolero, Reina del pueblo... son muchos los nombres que le dan a esta Diva de la canción mexicana, sin embargo el más apropiado es el del título de esta entrada: Reina del despecho. Y es que Paquita La del Barrio es la voz de miles de mujeres mexicanas, me atrevería a decir latinoamericanas, que encuentran en sus canciones una vía de escape, una manera de decir lo que piensan y una forma de sentir que no están solas en la machista sociedad mexicana que les ha tocado vivir.

Veracruzana de nacimiento, tuvo una vida dura. Contrajo matrimonio dos veces, la primera vez a los 15 años con un hombre de 44 años. Mientras esperaba un hijo de él, Paquita se enteró de que su marido ya tenía una esposa en otro pueblo y una familia entera. Ella, siendo muy joven y embarazada, no fue capaz de dejarlo y se quedó con él aún sabiendo el engaño. En ese trance, se vio en la forzosa necesidad de dar en adopción el bebé a la adinerada familia Medellín de dicho pueblo. Su vida transcurría entre engaños y vejaciones. Cuando no pudo más, cogio a sus tres hijos y se fue al DF a probar suerte, cantando duetos son su hermana. La productora discográfica prefirió a su hermana, por lo que Paquita veía truncada su carrera musical. Se volvió a casar y junto a su marido montaron un negocio de banquetes en los que Paquita actuaba. Ese local es hoy su cantina. Su matrimonio duró 31 años hasta el fallecimiento de su marido en 2004.

Paquita apenas ha salido en televisión o en la radio. No es políticamente correcta, más bien es muy incorrecta, insolente, escandalosa incluso. Debido a eso su fama fue creciendo exponencialmente. También debido a sus actuaciones en directo, en su cantina del DF, dónde cada jueves hay lleno total. Paquita se enjuaga las lágrimas con las servilletas que le lanza su público y en las que le piden uno u otro tema: Rata de dos patas, Cheque en blanco, Pobre pistolita, Me saludas a la tuya, Tu última parada... A pesar de lo que pueda parecer (su grito de guerra es ¿me estás oyendo inútil?) Paquita no odia a los hombres, sólo a los que se aprovechan de sus mujeres, a los que las maltratan. En palabras suyas: "Sé que parezco temible, pero fuera de la pista soy muy tímida y me la paso llorando".

Sus letras están cargadas de doble intención, ironía y un poco de mala leche. También invita a las mujeres a tomar la iniciativa, a llevar los pantalones y no dejarse gobernar.

A mí, personalmente, me cae bien.

10 de junio de 2010

Judi en el teatro

31 divagues
El quirófano, ese lugar que la gente imagina como un templo de concentración, paz y silencio únicamente interrumpido por el "blip blip" de algún monitor, es en realidad un cuarto algo más limpio que el resto del hospital donde suena, de fondo, Cadena 100. Al menos en la península. Al menos en el hospital universitario de Vetusta. En el Reino Unido es diferente pero tiene un nombre que no invita en absoluto a la paz: "theatre" (teatro), que viene de aquellos días en los que los cirujanos operaban en una mesa rodeada por un anfiteatro, donde se sentaban los estudiantes (o incluso miembros del público) para ver las operaciones. Para los interesados en la historia de la medicina, en cualquier visita a Londinium no puede faltar el paso por The Old Operating Theatre en Guy's Hospital. Si no podéis esperar, aquí tenéis un viaje virtual. Está muy cerca del famoso London Dungeon, que es una especie de cueva del terror donde, curiosamente, uno de los apartados es el "operating theatre".

Pero divago. He de centrarme: hoy me he sentado al teclado para contar la última entrega de las aventuras de Judi, a la que dejamos esperando una laparoscopia pues nadie lograba identificar porqué le dolía la tripa (podía ser una somatización de niña de siete años para no ir al cole?) y tenía fiebre. Pero enfocar va a ser complicado, y por el Maelstrom cerebral que me acompaña, sospecho que igual me queda un divague todo corrientedeconciencia y monólogointerior, esas cosas experimentales que no entiende ni el autor tras unas horas, y que sólo es digerible y disfrutable si el mismo es irlandés y con sentido del humor. Y lo peor será que si me lanzo a este remolino y aún queda algún incauto lector de esta serie (Diva, Diva, da una señal, tú al menos estás ahí, que por eso se te paga) pensará, errónea e injustamente, que la que firma es una pretenciosa, una snob del teclado (de la pluma, antes era todo más chic), va de Diva (lejos de mí querer suplantar a mi co-, media (sandía) y mitad) o pertenece a los Real Visceralistas.

Pero lo cierto es que ese día Judi lo vivió más como una serie de fotografías en blanco y negro, con alto contraste y continuidad quebrada, que como una película cuyos fotogramas pasteles se deslizan suavemente uno sobre otro, con música de Kitaro de fondo. Fotografías que no se presentan en un amable álbum o powerpoint, sino como diapositivas de las antiguas proyectadas en un cuarto oscuro, donde si hay una música, debe ser los momentos donde enloquece el piano en la Appassionata, casi a ritmo con el clack, clack, clack, cada vez más rápido, del proyector. Fotos algunas quemadas que le obligan a cerrar los ojos por tanta luz, clack, clack, clack, paisajes que le obligan a abrir las pupilas de tan oscuros, clack clack clack.





8:30 am. Pasos, gente que viene y va. El móvil: diversos mensajes. Clack.

El anestesista. De unos 60, pero aún pecoso. Un día debió ser pelirrojo. Sonríe, explica algo, Judi no recuerda. Le cae bien. Clack.

El porteador. Gordo, con barba a lo geek. Arrastran la cama. Judi no recuerda nada del que debía ir en cabeza, ni del pasillo. Clack. Ni del ascensor. Clack.

La sala pre-anestesia. Clack-clack-clack. Hay un niño de unos dos años en una cuna, su padre al lado. Judi rompe a llorar. Dos enfermeras le sonríen y supone tratan de animarla. Clack.

El teatroquirófano. El anestesista vuelve. Judi recuerda disculparse por las lágrimas: "Soy una drama queen" mientras la ayudan a pasar de la cama a la mesa. "Aquí nos gusta siempre un poco de drama", sonríe él. Entonces, el foco. Clackclackclack. "Y ahora, en que termine con ésta (inyección que va metiendo en el dorso de su mano) te deberías dormir". CLACK.



No sé con qué querría haber estado soñando Judi entonces, así que la foto es de donde querría haber estado yo: el Lago Titicaca, desde la Isla de la Luna, lado boliviano, con la Cordillera Real nevada al fondo. Para mí el Titicaca es ese lugar donde verdaderamente sientes estar tocando el cielo, donde los azules hacen palidecer a cualquier otro color, donce quiero llevar a todos los que quiero (Mini, prepárate en unos años). Es mi lugar mágico, es mi "lugar en el mundo" (Aristarain, 1992).


Judiiiiiiiiii, Judiiiiiiiiiiiiiiii, soy Carlosssssssss, llevas mucho rato dormida, vengaaaaaaa. Judi abre los ojos y se encuentra con un enfermero de reanimación filipino en su cara. Gritando. No puede hablar. Pasa de hablar. Judiiiiii, no cierres los ojosssssssss , despiertaaaa

Entonces, la tabla de salvación, una figura amable en medio de ese caos: el anestesista. Qué ha pasado? Qué tenía?
-Todo ha ido bien, Judi, no te preocupes. Quién lo iba a decir: tenías apendicitis
-Apendicitissssssss????
-Sí, con presentación atípica, había sido envuelta por otros órganos, por eso no se veía con las pruebas de imagen...
-Pero todo este tiempo??? Se habrá perforado?
-Me temo que sí... pero está todo controlado. Irá todo bien. Everything's gonna be allright.

Everything's gonna be allright. Judi se sube en una montaña rusa de emociones mientras se reanuda la proyección de diapositivas. Inmenso cabreo. Desconcierto. Pero al final, alegría: estoy aquí para contarlo. No es una enfermedad crónica. Algún día me reiré de esto. Porque, como dice el dicho, al final, todo estará bien. Y si no está bien, es porque no es el final.

...Y todo está bien. Así que por fín, de esta historia, aquí escribo el final.