9 de abril de 2017

Alojamiento funky, Metro de Moscú, Plaza Roja y otras reflexiones soviéticas (R2)

21 divagues
Domingo, 9 de Abril 2017

Abro los ojos : dónde estoy.  Mi reloj dice que son las 8 y algo, pero mi cuerpo siente que es mucho antes. Lo confirma mi teléfono, que no se ha cambiado: en Londinium son las 6 de la mañana. Ya sé cuándo, pero: dónde y quién es esa gente que duerme a mi alrededor? Estoy en un recinto rectangular de paredes de ladrillo descubierto, uno de los apartamentos de Mama Ro. Estoy boca abajo en una cama rodeada por cuatro piedras enormes, una en cada vértice: cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro pedruscos que me la guardan. Ah, por eso este estudio se llama el "Stone Studio" ("Estudio de Piedra"), y tiene además pinturas de Altamira? Al otro lado de una de las pantallas de proyección hay un sofá cama donde duermen mis padres. 

Y digo "una de las pantallas de proyección" porque los estudios de Mama Ro están todos diseñados hasta el último detalle. De hecho, Mama Ro era un estudio de interiorismo moscovita que en un punto se lanzaron a esto del turismo: decorar apartamentos a su manera y alquilarlos. 




Pero no sabría  bien cómo empezar a contaros esta estancia: cuando entras tienes a la derecha una pequenia cocina, y en frente el banio. Si sigues hacia la izquierda y hay una elevación, a la que se accede por 2-3 escalones, que es donde está la cama, que más bien parece un altar ceremonial o sacrificial, la de las cuatro piedras. Si te echas, en el techo hay una enorme pantalla de proyección, a 90 grados de la aún más enorme que separa de la última zona que está bajando las escaleras, y que tiene un sofá cama, una mesa baja con distintos objetos (un reloj curiosísimo, es un algo que gira y los segundos se proyectan con luz en un lateral) y las paredes están cubiertas de libros, unos sostenidos con un extranio sistema  horizontal (que parece que los grupos de 6-8 libros flotan ahí, magia) y luego la pared del fondo donde hay libros grandes tipo 1000 lugares donde viajar independiente, Banksy, Arte Renacentista... que se iluminaban con el complejo sistema de iluminación LED de colores de la habitación. La cama-altar sacrificial se iluminaba de un azul relajante por debajo, y también los-oh, cómo he podido olvidarlo-pegotes de kriptonita que había encima de las piedracas. 

Vale, sí: sé lo que el divagante está pensando: RUSOS. Pero es que todo lo que pueda contar de excesos es poco. Aún con todo, Mama Ro era un sitio con alguna locura, pero al final muy agradable que recomiendo.

Mientras que nos vamos preparando, Peda y Lisi se van a por leche y agua (una garrafa, esta vez sin gas: ji) antes de desayunar. Lo que son las cosas,  acaban en una pastelería y traen toda suerte de galletas y mantecados, para empezar a decidir si "esta gente sabe hacer dulce". Los jekes bajan de su estudio, del que os hablaré otro día, con Mini, que duerme allá arriba. La mesa de desayuno, es de esas altas, con sillas como de bar, pero talladas como en madera natural pesadísima (todo el rato se nos cae una lámina superior),  todo parte de la pedrada de los diseñadores Mama Ró-ticos. En serio: podría hacer divagues  y divagues solo con este alojamiento, pero ya acabo, por hoy. 

No puedo: lo último (más datos iluminatti): en la ventana de la zona donde duerme Sori et Lisi hay un sistema solar pegado a una tabla, y allí explican que Nibiru ha sido el inspirador de este estudio. Nibiru es un planeta postulado del sistema solar que gira en una órbita elíptica delgadísima y gigantesca: le cuesta 3600 años dar la vuelta alrededor del sol. Los iluminados creen que la última vez que pasó cerca de la tierra, en su orbitaje, los nibirunes estuvieron en contacto con los antiguos Mesopotamios y les dieron las tecnología necesaria para construir las pirámides, etc. 

Por fin logramos salir del estudio, lo cual es en sí mismo una heroicidad, porque si se piensa lo que te cuesta salir con tu pareja y tus hijos (o tú sol@!), imaginemos 7 personas. Y encima tenemos Nibiru y demás atracciones. Estamos a dos minutos de Chistye Prudy, la parada de metro que está a dos estaciones de la Plaza Roja: llegamos a ir solos, y lo hubiéramos hecho andando todos los días, aunque absolutamente ninguna queja de lo que anda el equipo: unos campeones. 

Antes de bajar al metro, la estación es ya preciosa, como una casita que se está medio cayendo, con el fastuoso "M" símbolo de metro de la ciudad. Yo pensaba que era imposible mejorar el círculito rojo con la raya azul de Londinium, pero tengo mis dudas. Al bajar a la estación compramos una tarjeta con la que podremos viajar todos, simplemente el Peda (que se erige en monitor de tiempo libre) va picando y vamos pasando uno tras otros, como ovejitas. Notad que no hay una barrera que se abre con la tarjeta, como en el resto del mundo: está abierto y es solo si traspasas sin picar cuando sale como un escalón o algo del suelo, que no alcanzamos a ver bien cuando Fashion pasó antes de tiempo, o algo. O sea, filosóficamente, vemos que no hay desconfianza a priori; ahora, si enganias, zas!


Las estaciones son muy profundas: yo recordaba así las de Praga:  la mítica Vltavská (/votaska/), por la que pasábamos o donde estábamos alojados (no recuerdo) en un hostel de tres al cuarto en el que nos registraron como "spanielsko". Aquí igual: bajas y bajas, y la pobre Fashion, que sufre de vértigo, ha seguido estos días un tratamiento de exposición a su fobia totalmente gratis. Entre nosotros, nadie entiende bien cómo es posible tener vértigo en lo alto de una escalera mecánica. (Para los interesados, ella explica: "la escalera podría parar de repente, dar un latigazo-textual- y la gente entonces empezar a precipitarse uno sobre otro en caída libre: en fin, una carnicería que los sanos ni sospechábamos)


Y sí: todo lo que habíais oído del metro de Moscú es cierto: yo no podía dar crédito, tal vez porque venimos del más claustrofóbico del mundo, con vagoncitos semicirculares que justo encajan en el agujero que hizo la perforadora, en Londinium. Aquí los pasillos son amplísimos, las paredes de mármol, muchos de ellos tienen cuadros, y los trenes son encantadores: cuadrados, antiguos, pintados de azul. 

Por fin salimos en la estación de la Biblioteca Imeni Lenina vamos caminando por la calle Mokhovaya hasta llegar a los jardines de Alexandrovsky, donde está la "eterna llama"  (Tumba del soldado desconocido) en memoria de los soldados soviéticos caídos en la Segunda Guerra Mundial (donde hay cambio de la guardia cada hora, con soldados dando pasos de esos de elevar las piernas hasta casi esternón, y luego uno se pone frente a otro, y como que le revisa las botones (!!)) y los alrededores del Kremlin. Hay bastantes filas para entrar y de todas maneras hoy queremos tomar una primera aproximación, así que seguimos caminando hasta un edificio cuadrado, el Four Seasons Hotel (una se pregunta, no solo ahora, sino durante todo el viaje, quienes iban a este hotel durante los años posteriores a la Revolución, durante Stalin,  Khrushchev ... qué gente pasaba por ahí?). A la derecha se sube por una callecita que accede a... la Plaza Roja. 


El divagante podrá pensar en plazas que le han impactado en su vida, tanto por su belleza física como por su significación. Yo recuerdo el Zócalo del DF como impresionante, y la Plaza Roja es una de esas experiencias. No es casual que se llame así porque se trata de un gran rectángulo con edificios escarlata en dos de sus lados:  según entras, dejas a tu derecha uno de los laterales del Kremlin, que es ladrillo rojo, y a la izquierda, formando la base del rectángulo, el Museo Histórico del Estado, maravilloso edificio que parece un palacio de brujitas tipo Praga. 





El suelo de toda la plaza es de adoquines, y al fondo, allá lejos, 300 metros enfrente de este edificio está la Catedral de San Basilio, que a mí me pareció como estar en un cuento de hadas. Es tan icónica, la hemos visto tantas veces, que no sabes si estás frente a una falla valenciana, o un pastel de cumpleanios al que le vas a meter un dedo (porque las cúpulas han de ser nata, o trufa, por lo menos). Por lo irreal, me encantó esta iglesia. 






En el lado opuesto del Kremlin (70 metros tiene la plaza de ancho) está GUM ("Principales Tiendas Universales",), el gran almacén de la época pre-revolucionaria de arquitectura maravillosa, pero que no es rojo. Yo, que como veréis estaba prácticamente todo el tiempo pensando cómo sería la vida allí mismo hace 40 o 50 anios, encontré el GUM un puzzle. En primer lugar fue construído en 1893 en la época prerrevolucionaria. Se inspiró en arquitectura medieval rusa y victoriana de estaciones inglesas- no es dificil pensar en Harrods al verlo (de noche incluso o iluminan con bombillas igual). Era glamour y exceso, un poco lo que luego veríamos en palacios y demás. Luego llegó la Revolución, y lo curioso es que lo mantuvieron como un gran almacén... mi suegra, que estuvo en 1990, cuando Gorbachov, dice que dentro no había nada... filas y filas de estantes vacíos, y que si un día traían, pongamos calcetines, había colas larguísimas de gente esperando comprarlos. Cuenta que no había cafeterías ni bares, ni un lugar donde hacer un receso, y recuerdo que este fue un problema que nosotros nos encontramos en Rajastán, India: si querías hacer una parada técnica, de la que el día del turista está ineviablemente sazonado, era imposible. O te ibas a un restaurante oscuro con comida aceitosa, o te sentabas en un bordillo-que tampoco, porque en algunos sitios no había aceras. Al final descubrimos las casas de lassis (yogur mmm), donde con suerte en alguna tenían taburetes. Pero volviendo a Moscú: GUM vuelve a ser el centro comercial que fue, mucho peor, porque ahora está lleno de esas marcas multinacionales de esa negocio poco amable que es el "lujo". Es como pasear por aquel de Milán, o de Bruselas, o por Burlington Arcade, aquí cerca. 



Después de mil fotos en la plaza, incluído el mausoleo de Lenin que está cerrado y al que prometemos venir, terminamos haciendo un snack en una de las cafeterías de GUM. Hay una pareja de espanioles, pero el resto son rusos. Una vez repuestas las fuerzas seguimos el paseo, esta vez hacia el río Moskva, con las vistas del Kremlin, ladrillo rojo y cúpulas doradas a la derecha. Seguimos caminando y cruzamos, vamos por la isla que hace el río con el canal, Sofiyskaya  Embankment, pasando por un parquecillo donde hay una extrania escultura titulada "los ninios son las víctimas de los vicios de los adultos (la avaricia, la lujuria,... todos en semicírculo alrededor de unos pobres ninios con los ojos vendados). Mientras yo me perturbo un poco me esperan sentados el resto del grupo a la entrada de un puente que cruza el canal, luego sales de la isla. Nos hacemos unas fotos, y al cruzas hay unos "árboles" cuyas ramas son esos candados que pone la gente (donde va vicente, o es que me hago mayor?) en los puentes. A la salida hay un corazón gigante de falsa vegetación para hacerte también tu foto con el momio con el que has sellado tu amor, se supone, contribuyendo a que el negocio de candados, en la era digital, se revitalice... o, al cabo, que más metal termine en un vertedero. 

Caminamos por esas calles del sur de Moscú, que dan una sensación de domingo por la tarde, poca gente, tal vez algo más cerca del Museo Tretnayov, que no entramos. Acabamos en un momumento enorme en el río de Pedro el Grande, que parece otra falla, y de la que Parras nos cuenta una historia: que era de Colón, pero no les gustó y le cambiaron la cabeza. Bueno, me parece más interesante ver como los críos se tiran en bici o patinete desde el tejado de un bar, que ha sido habilitado como rampa para eso. 

Volvemos a cruzar otro punete, ya hacia "tierra firme" en el norte, y vamos hacia la Catedral de Cristo Salvador, donde entramos cubriéndonos las cabezas con un fular las chicas, que así van ellas. Las iglesias rtodoxas rusas, como veremos, no tienen sillas donde los feligreses se sientan para escuchar nada... más bien parece Japón, donde cada uno va allá, pone sus velas, dice lo que quiere, hace sus gestos mágicos, y a casa, que hace frío. Parece ser que esta catedral fue demolida cuando los soviets e hicieron "la piscina más grande del mundo". Fascinante. Lástima que, con la caída del comunismo volvieron a construir esta mole, que para colmo, está de lo más concurrida...




Estamos agotados... soniamos con cenar, e irnos a intentar agagar los juegos de luces LED en Mama Ro. Al Peda le han recomendado un restaurante uzbeko (de Uzbequistán) para el que sufrimos de la experiencia "centro comercial" en Rusia. En serio, si pensábamos que en mama Ro había mucho LED, ya se nos bajaron las ínfulas... este sitio es un espectáculo de luz y sonido, con peces proyectados en los distintos niveles del enorme atrio, que navegamos en un ascensor burbuja que hace las delicias de Fashion. Por supuesto, en el uzbeko no tienen sitio (era como una gran tienda de campania) y acabamos en "Pizzetas y Burger", una experiencia anodina para mí.

Por fin, vuelta a casa en el metro que te hace sentir en la ópera...















8 de abril de 2017

De Londinium a Moscú (Rusia 1)

9 divagues
Sábado, 8 de Abril 2017



De cómo empezó todo

Nunca había viajado con mi familia al completo. Hace muchos años fuimos el Peda y yo con mis padres a Egipto. Crecí oyendo decir a mi padre que su sueño era ver las pirámides y ya en mi infancia más tierna aseguré que un día iríamos juntos. Así que allá a finales del 2005 nos aventuramos a la tierra del Nilo. En aquella ocasión, mi hermana y su novio no se unieron. 

Hace un tiempo mi padre se destapó con que él "siempre quiso ir a Rusia" y, claro, cómo no, la niña que queda en mí tuvo que asegurarle que eso estaba hecho (el Peda sospecha que mi padre va a arrancarse con un deseo de estos "de toda la vida" cada par de años: veremos).  Esta vez mi hermana y su novio,se apuntaron, aunque a la primera no le atraía demasiado el destino (ya solo gusta del exotismo). A los pobres les pareció imposible desmarcarse, tras las innumerables anécdotas, fotos y montajes (con música árabe de fondo, obra de un primo tirando a geek) y no ser parte del siguiente paquete de anécdotas a revisitar en cenas, comidas, bautizos y quedadas varias. Todas las familias tienen esas anécdotas, seguro... pero, para parar un tren? Las de este grupo podrían llenar un blog con derecho propio: que si la Abeja Maya de Tiovin, que si el taxista de El Cairo que se le averió el taxi y chupó gasolina por un tubo de plástico, que si cuando les hice comer dos pasteles para tres. 

Pero antes de comenzar esta serie, merece la pena presentar a los actores de la misma, por si hay algún divagante despistado.

Dramatis Personae

Fashion, hermana legendaria de Di, 9 años menor y por ello, juvenil y dinámica. Entre sus aficiones: dormir la siesta. Odia: los gérmenes, y más cosas, su objetivo es convertirse en hater profesional. 

JAL (Joven Artista Local), novio de Fashion, al que nos referiremos con distintos nombres (frialdad del acrónimo): Parras y Kuñao. Le gusta: urgar en los contendedores para encontrar algo viejo que reparar. Es: un cuñao en la máxima expresión de la palabra, lo encuentra todo más barato, hace el mejor arroz, arregla lo que le eches (no solo ordenadores), y sabe poner cara de cuñao en las fotos. 

Sori (mi Siri particular, soluciona problemas): mi madre. Le gusta: la limpieza y lo dulce, por ese orden. Odia: la suciedad y las olivas, que no ha probado nunca.

Lisi: mi padre. Este era el nombre que yo le llamaba de pequeña, es muy mono. Le gusta: hablar sin parar y lo salado. Odia: el Madrid. 

Mini: la hija, que pronto cumplirá 9 años. Ultimamente le gusta: niñas en Youtube que cuentan sus (estúpidas) rutinas diarias. Ultimamente sueña con: ser una de esas petardas youtubers. 

El Peda: tiene hasta etiqueta en este blog, ahí les refiero.

Durante el viaje, como es natural, se forman algunos subgrupos:
  • Los jekes: Fashion y Parras. Este es el nombre con el que nos referimos a ellos el resto del año. Lo creó el Peda a costa de "los jóvenes que están empezando".
  • Els nens: Parras + Peda. 
  • Las cigueñas (nuevo cuño, hasta ahora éramos los "silvánicos", o por supuesto los Pedalistas): Peda + Di

Pero antes de todo esto: los visados
La idea de viajar a Rusia de manera independiente da pavor por el tema visados. En la mayoría de los países que he viajado, te hacen el visado de turista al entrar. Nota: ehem, hay que admitir que la relación de los Pedalistas con los visados no ha sido siempre fácil. A la India nos íbamos con una mano delante de otra, hasta que fuimos detenidos en facturación. Importunados, intentamos volar "a algún otro sitio donde no se requiere visa" (tranquis, no fue posible). La segunda fue en México donde nos hicieron, por lo visto, una visa de duración un mes, al entrar en el aeropuerto. Cuando llevábamos 6 semanas viajando al Peda se le ocurrió mirar el pasaporte y las escenas que tuvieron lugar en la comisaría de Oaxaca fueron de reír-por -no-llorar. Todo esto lo conté aquí: "Estresada por las vacaciones".

Pero divago. Yo quería hablar del visado ruso, que es un rollo. Primero tienes que reservar alojamiento, tener claro dónde vas a estar (asesinato de la improvisación!), y recibir una "carta de invitación" del hotel (que hay que pagarla). Luego hay que reunir un grupo de documentos que anda que no (extractos bancarios, factura del agua), tus pasaportes, y un certificado de aptitud por la academia internacional de patinaje artístico, con video de una pirueta nivel 3. Vale, esto último no: solo nivel 2. 

A mí esto del visado me estresó sobremanera, porque tenemos un amigo al que se lo han denegado dos veces, sin dar razones (es espía, vale). En serio: te lo pueden denegar y te quedas con tu reserva, compuesta y sin viaje. Así que reservamos dos apartamentos de esos que en teoría te devuelven el dinero si cancelas, y los vuelos no los compramos hasta que nos llegaron las visas. 

Que por cierto: qué chulas!!! Ocupan dos páginas del pasaporte, con tu foto (yo parezco verdaderamente la espía que os amó) y tu nombre en ruso: excelso. Eso sí, hay que ir a buscarla en persona, y en la sala ya empiezas a sentir cierto ambiente (afabilidad) ruso. Más de esto, sin duda, durante esta serie.

Y entremos en el lío

Antes de partir para la estepa, Sori y Lisi llevaban ya una semana en Londinium porque Mini estaba en sus eternas vacaciones de Semana Tonta. Yo me paso casi todo el viernes por la tarde y sábado por la mañana en el proceso de empacar. Y es que cada vez odio más hacer maletas: se me da fatal, siempre echo cosas que no uso y viceversa. Y sí, tengo una lista en excel que es La Madre de Todas Las Listas, que tal vez debería comercializar, pero ni con esas. Además, en este viaje, contamos con otro nivel de complejidad empacatoria:



El Frío


CHAN-CHAN-CHAN



Spoiler: Foto nuestra, días después
No: este año no me iban a pillar, no me iban a engañar con el amour, la primavera, los almendros en flor y su Tía Sisebuta. Este año yo iba a ir preparada para Siberia, y llevando solo equipaje de mano, esto conlleva una complejidad. 

Por fin, tras pasar la mañana "yendo sin rumbo de un sitio para otro del piso" (esta era tambien la técnica empacatoria de la Yaya) y comer lo poco que queda en la nevera, viene el taxi que nos lleva a Clapham Junction, donde cogemos el tren a Gatwick. El tren, como siempre, va hasta arriba y Lisi y el Peda no se consiguen sentar. Yo llevo enfrente a un par de borrachos ya de buen mediodía que hablan y ríen, y al lado una mujer que debe ser azafata de vuelos transcontinentales, y narra a otro su vida: qué sueño, me da horror. 


En Gatwick tenemos que pasar por ventanilla, porque la facturación online era solo desde Heathrow (dato que no dan a la compra de vuelo, y dato que persisten en ocultar cuando intentas facturar: "Fallo técnico"). Punto negativo para Aeroflot, con la que nunca había volado y de la que no tenía buenas referencias, sin embargo, oh destino! Aeroflot es lo más. Asientos de cuero (o lo que sea), un montón de espacio-puedes estirar las piernas, cena deliciosa, azafatas de uniforme ultraglam (incluye hoz y martillo dorados en los puños)... en fin, para viajeros /sufridores frecuentes de la Ranier, Aeroflot es lujo asiático. 


Aterrizamos en Mockba
Como volamos a las 17:10, el vuelo son 4 horas, y en Moscú (pero qué bonito es Mockba) son dos horas más allá, llegamos a las mil quinientas. Poner el pie en la escalerilla (no hay finger, maldición!) es sacarlo a un frigorífico (nótese que no digo congelador, que eso vendría más tarde), y me tranquilizo de haber "presionado suavemente" (~sugerido) al Peda para que se cogiera una gabardina corta (no aspiraba a abrigo, prenda que no usa) pero algo más que con lo que salía de casa: camisa, jersey y un hoodie. Al final aceptó a regañadientes, y mientras esperamos que se llene el bus a la terminal me planteo que ojalá le pueda oír quejarse todas las vacaciones de "cargar con este trasto": significará que no hace frío. 


Pasar seguridad es una odisea en sí misma. Estamos muchísima gente (flashbacks de hangares en India o en USA) y se pasan muchísimo rato con cada uno, qué harán? Hay ventanillas solo para rusos, y otras para el resto, todas petadas. Los de nuestra fila parecen rusos y hablan ruso, de todas formas. Vemos algún que otro español en la fila, y luego veremos que tal vez el grupo más nutrido de turistas estos días eran precisamente españoles e italianos. Por qué no británicos, que están en todas partes? 

Me planteo que este es el futuro al que vamos: aquí seguridad no es como en Londinium, que te miran y está todo abierto. Aquí entras como por un pasadizo, te paras en medio donde está el funcionario, y la puerta de salida (o entrada, quién sabe), no se abre (meeekk!!! la activa el funcionario) hasta que has sido escrutinizado, identificado y aprobado. El proceso lleva un rato que se antoja eterno (qué debe ser un repaso por la KGB). Te miran, remiran, piden que te quites las gafas, piden que no sonrías (Parras dixit), en el cristal hay hasta líneas para medir a la gente!! Tienen una especie de lupa (cilindro diámetro de un ojo), que pega en el visado, supongo que para establecer no es una falsificación. En un punto ves tu pasaporte, con tu foto en la pantalla del ordenador de la funcionaria: socorro. 

Al salir tenemos un taxista que nos ha mandado el apartamento con un cartelito que dice: "Peda Vagando". A ver, quién no ha soñado con que un hombre con un cartelito te espere en un aeropuerto? A nosotros creo que solo nos ha pasado otra vez, en Creta. Yo le iba a hacer hasta una foto, pero el Peda, astuto zorro, se adelanta y cuando llegamos las rémoras ya ha recogido su cartel. Hay que sacar rublos en el aeropuerto, porque no se pueden cambiar fuera-o eso dice el Peda-, y luego meternos en la furgoneta de aquel hombre que solo habla ruso, luego no habla nada. 

No sé cuánto rato pasamos en la furgo, es noche cerrada, pero la autovía de 6 carriles desde el aeropuerto hasta la ciudad es tipo napolitana, parece que no hay rayas pintadas y que cada uno hace lo que puede. En un punto le pedimos si podría parar en un super para comprar agua (grifo vetado: atención mercurio!) y leche. Nos para en una calle y mientras el Peda entra, yo me quedo extasiada con lo que debe ser un edificio gigantesco, una mole negra, del que solo veo luces en sitios estratégicos (no en las ventanas) que lo perfilan, dándole aún más aire fantasmagórico. No sabía entonces que esos edificios mole de la era soviética iban a ser mi mejor recuerdo al dejar la ciudad. 

Por fin llegamos a nuestro apartamento, que más que apartamentos son un "proyecto": Mama Ro. Otra furgoneta con catalanes está en ese momento desembarcando también. Nuestros particulares catalanes (los jekes) han llegado hace una media hora y entonces nos encontramos, grandes abrazos y algarabía que hemos de contener porque la ciudad duerme. Ellos están en el "Estudio de Arte Callejero" y nosotros en el "Estudio de Piedra"... pero todo esto lo ampliaremos mañana. 

Para esta noche solo anotar que el Peda ha comprado unos 8 litros de agua... con gas. Primer encuentro con el precioso alfabeto ruso...

7 de abril de 2017

Yacaré Libros: Con los cinco sentidos

47 divagues


El otro día fue Navidad en casa: llegaron TRES libros nuevos. Conjuro imágenes de un niño enfermizo y victoriano, que vive muy lejos de todo, tal vez en un caserón de las brumosas moors donde las Bronte se paseaban con su sombreritos y chals. Al sonido de la campana -que es lo mismo que decir que la tía soltera de Leeds llega de visita-,corre desperado escaleras abajo, y con dificultad oculta que su ilusión se centra en la maleta cargada de libros. Y entonces la tía, que lo sabe, hace click click y saca "La isla del tesoro" y "El conde de Montecristo" y todo el mundo, en realidad. Porque entonces el niño sabe que lo que va a hacer en los siguientes días en su ático es viajar,  ya que de eso van los libros. 

 Esta vez fueron mis padres los emisarios de tan especial cargamento. Padres que venían directos de Vetusta con sus maletas (que no hacen ya click click, sino ras ras) cargadas de comida que creen no existe en la isla, regalos para Mini (unos mil), pulsera hippie para el Peda (una),  fular -que no chal bronteniano- para mí (uno), y, sin duda, lo mejor del equipaje (aquí incluyo la maza de jamón, de este nivel estamos hablando): los libros de Yacaré (tres).

Abrí el sobre a nombre de una tal "Mini Vagando" con mucha emoción, mientras pensaba en lo maravillosa que es esa sensación, desempacar libros, tanto si te los traes tú mismo de la librería, como si te llega en uno de esos paquetes marrones de multinacional-seguro-sin-escrúpulos.  Y allí estaban: "El desván" de Saki, para Mini; "Gaspar Ruiz" de Joseph Conrad, y "Yzur / La lluvia de fuego" de Leopoldo Lugones. 

Lo primero, el olor: me los acerco a la cara y vuelvo a una sensación que me encanta y que, en estos libros, tan trabajados, se multiplica exponencialmente. Huelen tan bien! Entonces las yemas de mis dedos ya se están volviendo locas: para alguien tan sensorial como yo (soy como un pequenio ninio autista, me gusta oler y tocar tanto) es un festín. 

Luego, cada vez más emocionada, los miro: qué maravilla. El tono de los colores, la maquetación, los dibujos!!! Me hipnotizan, y para mí que tienen algo raro: son mágicos. Y el sonido de pasar la página: tiene cuerpo, hace: "   ", exactamente este sonido que tenemos todos en la cabeza. Escúchalo. 

A menudo con el otro gruñón de este blog discutimos sobre "la forma y el fondo" de los libros. De eso hablaré otro día, cuando me los lea (Mini y yo ya hemos leído "El desván" por las noches, a ver si hace ella ese divague!-video abajo-No funciona, así que os enlazo aquí) Pero hoy he querido hablar aquí de que estos libros tienen una tercera dimensión: aparte de que los textos tendrán un contenido que será contado de una manera, el vehículo cómo nos llegan estos libros es El Otro protagonista. 




Y... quién o quienes son esas almas gemelas que han sabido crear algo que yo no sabía que necesitaba, pero que simplemente tenía mi nombre en él? (El mío y el de tantos otros enloquecidos del libro, de los que nos resistimos al "libro" electrónico, de los que consideramos que un libro es para hacerlo tuyo, anotarlo, subrayarlo-aunque con estos no me atreveré). Quienes son Yacaré?

Dos sabios. Yo, cuando hablo a mis amigos de Yacaré (me he asignado un rol así como agente, tal vez enloquecida jefa de ventas) les digo: "dos amigos míos que son dos sabios han montado una editorial". Y algunos más.

Cesita y Snoid, divagantes queridísimos de todos nosotros son los sabios de los que hablo, que además tienen valor y se han lanzado a esta aventura que, tras tenerlos en las manos doy fe: les va a ir muy bien.

Solo tenéis que entrar aquí, y alucinad... luego comprad, y regalad. Son maravillosos.