13 de mayo de 2017

De Moscú a San Petersburgo: Tomemos el Palacio de Invierno (R5)

Miércoles (Santo), 12 de Abril de 2017 

Este es un día de tránsito: volamos a San Petersburgo. Hay un tren nocturno que hace el recorrido, y podría haber estado bien, pero era muy caro. Hacerlo de día, para a su vez deleitarse con la estepa rusa también debe tener su cosa. En todo caso, volamos. Es demencial que sea más barato poner un avión en el aire que añadir unos vagones a un tren, pero "así es vida", que dijo el poeta.

Es nuestra última mañana en Mama Ro, recogiendo y empacando. El Peda se va a por leche (la noche anterior compró kefir, que asustó a Lisi en su café: "leche podrida!". No: es una más del Peda, al que menos mal gusta el kefir-pero no la leche, han visto a alguien más raro?-, así que él se lo termina). Yo ando histérica porque el grupo ha votado ir en taxi al aeropuerto (para llevar a 7 personas, más que taxi es una furgoneta verde de maleantes) y yo, temerosa del tráfico de Moscú (hemos visto calles sólida cerca de Mama Ro), hubiera preferido el metro y tren. Pero soy una voz en minoría. En un punto salgo para devolver la Troika (la tarjeta de metro, que nos aseguraron nos devolverían el excedente). Por supuesto, no es así, y la seniora de 58 años muy de Almodóvar de la ventanilla se llama andana. Una joven nos interpreta y al final, típica burocracia soviet, hay que ir a un edificio central en casadios, hacer un pliego de descargo y bailar una jota rusa (de esas de los brazos cruzados y en cuclillas piernecitas, a saber el nombre oficial). 

El taxi viene a las 1115, hora y cuarto hasta el aeropuerto, y al final acaba siendo un recorrido turístico interesante, aunque bajo la lluvia. Fotografía de edificios demenciales mientras Lisi no da crédito a la conducción rusa. 

El aeropuerto tiene, por supuesto, un primer detector de metales, que no es seguridad. No: este es el detector de iglesias, guarderías y demás. Olvide insertar la foto, a la puerta de un centro comercial, donde había imágenes de lo no permitido (no fotos, no bicis) y también había una pistola asi como de John Wayne tachada. Es una ciudad sin ley. Claro que en una iglesia la prohibición se extendía: había un "pintalabios" tachado. En serio? Te hacen desmaquillarte a la puerta? Luego caes que se trata de una versión enloquecida de "Salud e Higiene": como todos besan cristales bajo los cuales hay reliquias con fruición, restos de Max Factor dan mala impresión. La saliva-y sus colonias bacterianas-no importa: no se ve. Dios, qué fómite.

Pero divago. Estábamos en el aeropuerto y la compania (S7) tiene unos colores muy energéticos y positivos (verde lima), y como tal son amables y nos dejan pasar todo el equipaje. Vuelta a pasar seguridad y una vez dentro, comemos en uno de esos cafés de aeropuerto que hay que evitar como la peste, porque nos pegan la clavada del siglo.

El Peda hizo la facturación online la otra noche y, no se sabe cómo, nos puso a todos separados: en el asiento central de asientos consecutivos, pero todos solos. Sori logra comunicarse (en ruso, o lo que sea, esa mujer se comunica siempre... viene a ser como castellano más alto y enfático, y no falla), y consigue que alguien les cambie e ir al lado de Mini. Los demás no tenemos la misma suerte: a mí me toca entre dos rusos enormes que ocupan parte de mi asiento, por los dos lados. Uno me habla: en inglés como el de mi madre (4 palabras) pero sin el drama, y comenta "Salou!!!, Portaventura!!!". Me da ganas de arrancarme, en venganza, con el chiste de Eugenio: "muy buena la ensaladilla rusa! Fantásticos los polvorones de la esptepa! Magnífico Demis Roussos!!". Luego comenta algo que debe ser "qué rareza subrayar y escribir en los libros", yo río. Y por fin se calla, pero se pone a hablar con el otro oso todo el vuelo. Un horror. Detrás llevo, sin embargo a Parras y, oigan: el hombre más feliz del mundo. Al principio le entra a ventanilla una rusa muy trabajada, veintitantos. Y de las últimas otro pibón de la misma edad. El hombre no cabe en sí de gozo y le oigo agradecer a su kuniado el Peda la elección de asientos. Dice que se le ha hecho corto el trayecto. 

En Leningrado también nos espera otro del Equipo A, con su furgoneta, que nos lleva al apartamento. Vemos una gris ciudad soviética hasta que llegamos al centro y todo empieza a ser imperial. Nos deja a la puerta de un edificio donde está nuestro apartamento, al lado del Four Seasons Hotel en la avenida Voznesensky, a un tiro de piedra del Hermitage. Al fondo de la calle se ve la aguja del Almitantazgo (uno de los edificios míticos de la ciudad). 

No nos podemos creer nuestra suerte en cuanto a localización, pero, por dónde se entra? Hay un pequenio pasadizo a una especie de patio, como los parisinos, que luegon veremos es una característica de la ciudad. Le decimos al conductor que c ómo se entra, y menos mal, llama por teléfono y baja un chico, que nos invita a subir al apartamento. 

No hay que entrar por el patio parisino, sino por una puerta de metal, que parece conduce a un zulo o a un almacén. Lo que hay dentro no es mejor: un pasillo cutrísimo, como de edificio antiguo que se ha dejado de la mano de dios y que hoy son pisos de estudiantes. Hay cables colgando por las paredes, y las escaleras que sí, un día debieron tener clase, están desconchadas. Fashion me mira con odio puro: "Di, dónde nos has metido?". Yo no sé donde meterme, porque al llegar a la puerta... es también de metal!! Con mil llaves, da a una segunda puerta: todos me odian. 

Sin embargo, al entrar, se trata de un apartamento normal. Lo de fuera parece un mal suenio. Hay una sala con calefacción bajo las baldosas, y en ele está la cocina, totalmente equipada, hasta con lavaplatos. Hay dos banios y tres dormitorios: uno de dos camas, otro de una grande (los dos decorados bien, estilo ikea juvenil) y la tercera, que por supuesto nos endosan sin negociación a los pobres Pedalistas, la "habitación Arnolfini" -cualquiera que conozca el cuadro de Jan van Eyck, entenderá el verbo endosar. Eso sí, dará para buenas fotos de fantasmas en los días venideros. 


Dejamos todo y salimos a una primera aproximación. No me había puesto las medias interiores, y en seguida me doy cuenta que es un error: aquí hace Frío, y a otro nivel que el que hizo en Moscú el peor día. Pero la luz es preciosa, y paseamos por la plaza del Hermitage, llamada Plaza del Palacio, el Hermitage que fue el famosísimo Palacio de Invierno, que se convirtió en el símbolo del inicio de la Revolución. La plaza es bestial, con la columna de Alejandro en el centro que ríete Nelson, y los edificios "magnificient" de alreadedor vienen a ser un poco como nuestro piso: imperiales, pero por los enormes ventanales no se ven esos salones forrados de libros y luces laterales que abundan en Londinium. Aquí se intuye que se han puesto vendas a lo que un día fue. 



Al otro lado del palacio está en inmenso Neva: de verdad que este río impresiona... casi parece el mar. Paseamos por su orilla, al frente tenemos la fortaleza de San Pedro y San Pablo, todo muy fotogénico. Volvemos por las calles de dentro, tras haber recorrido congelados casi todo el Hermitage que da al Neva y ya va siendo hora de cenar.




Nos cuesta basante rato encontrar un sitio; por finacabamos en una especie de bar de hipsters donde también dan comida. Es un sitio de esos grunge, bien decorado, y no parece muy caro. De beber, los chicos se piden pintas de cerveza y Fashion y yo decimos, así a lo loco "ah, agua". Cuando traen la cuenta, el Peda me hace notar que por la botella de 75 cl de agua nos han cobrado... 10 euros!!! O sea, lo mismo que TRES pintas! No doy crédito. A ver, en Rusia siempre se bebe agua embotellada por algo que leímos de mercurio en la del grifo. El diavagnte ya sabrá que yo soy la mayor fan del agua del grifo a este lado del Neva, porque no soporto la imagen de campos de basura llenos de botellitas de agua. Ya conté cómo en aeropuertos de EE.UU. ya tienen fuentes para rellenar y dejar esta estupidez que tenemos aquí de tirar nuestra botella y tener que comprar otra al pasar seguridad. Pero al pedir agua, así al final del pedido, como "ah, sí, agua", nunca nos podíamos imaginar que iba a ser Evian recién destilada de un maldito glacial en Suiza o dondequieraqueesté, con el riaco que tenemos a un par de manzanas. De nuevo: demencial. Toda mi familia, en particular los pobres Lisi y Sori dicen que no pasa nada, qué vas a hacer y ya. Pero les explico porqué voy a reclamar: me parece perfecto que quien sepa que está encargando una "marca de agua" (en serio, demencial), y la quiera pagar, allá ellos. Pero lo que no pueden hacer es, a un grupo de gente que está cenando y te piden casualmente agua, encajarles una botella que vale más que los platos de algunos de ellos! Así que, para bochorno de mis pobres padres, se lo comento amablemente a la camarera que dice "es lo que pedisteis" y ahí entro yo "puedo hablar con tu supervisora". Al rato aparece con una nueva cuenta donde nos han descontado los 10 euros... Mientras salimos, trato de explicar al grupo que yo no pensaba que eso iba a pasar, pero que de verdad quería dejarles feedback, que siempre ayuda. 



Pasamos por un super de camino a casa para hacernos con "material para el desayuno". Al llegar, el pasillo fantasma está calentísimo, y el piso no digamos. Y es que esta es otra característica rusa: hará frío en las calles pero la energía que invierten en calentar los interiores es una pasada. Incluso en el dormitorio del matrimonio Arnolfini, donde la impresión es gélida...












3 comentarios:

  1. Aunque estoy vago y hasta el copete de trabajo, hay cosas intolerables que me obligan a comentar aquí.

    Llamadme aguafiestas, pero el verde de fondo (el verde con el que han pintado las partes sobre las que destaca la profusa columnata y los balaustres de coronación, los numerosos vanos o ventanales, las enjutas del pórtico, etcétera) del Palacio de Invierno NO me lo creo (ver la cuarta fotografía del interesante y personal reportaje de nuestra Di).

    De acuerdo que ese verde es uno de los colores que a cualquiera nos acude a la mente (y nos la trepana) cuando nos nombran dicho palacio, pero me apuesto el cuello a que ese color no es histórico sino de hace un cuarto de hora, y mucho es.

    Es un color, hablemos claro, civilmente gazmoño, propio de urinario de chaperos entusiasmados, de aquella bañera de arrabio de la abuela que le tocó en herencia a la prima Bea que qué mayor la encontré, de baldosín de balneario oxidado decimonónico, de pijama amortizado de celador sanitario aburrido… Es un verde “orroroso” (así, sin hache, para que resulte más horroroso).

    ¿Que, entonces, de dónde se han sacado ese verde? Muy fácil. El verde “orroroso” es consecuencia de la marea de purpurina artificial (oro falso) que arrasó Europa (de Rusia a Inglaterra pasando por España) a partir del siglo XIX. Dicha purpurina al corroerse (lo cual hace pronto, prontísimo) da subproductos de cobre (de ahí el verde) debido al latón que sustituye y abarata al oro en la mezcla. Y, claro, el inculto que a la hora de rehabilitar elige el color se confunde y piensa que el verde (el tono de dicho verde daría para otro comentario) es lo suyo. Error. NUNCA fue verde.

    El caso concreto del verde del Palacio de Invierno yo apostaría a que se debe a la huella de los masivos dorados de purpurina artificial que Vasily Petrovich Stasov (que, aunque arquitecto, llevaba dentro un decorador tralarala más grande que sí mismo) mandó aplicar (también al exterior) tras el devastador incendio de 1837. Con el tiempo, dicho oro devendría verde, y, sin mediar reflexión alguna, de verde se sigue y se sigue pintando.

    Pero, bueno, los que tengan poca fe en mis argumentos o persona que observen esta pintura de Boris Green (qué gracia la coincidencia del apellido, Green, ¿no?) de 1838. Representa el incendio del Palacio de Invierno. ¿No os llama la atención que no haya gota de verde en los paramentos y, en cambio, sí un toque de azul en las mantas de uno de los tiros (ángulo inferior-izquierdo?).

    ¡Já! Lo dicho: ese verde NO me lo creo.

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  2. LUXI, lo del verde, si no te lo has inventado, me aclara muchas cosas... a mí me zozobraba el hecho de q no podía decidirme si me gustaba o no, y desde luego suponía q si lo habían puesto de ese verde (hay tantos verdes! el exit (no me gusta), el lima (mi fav), el militar (disonancia cognitiva: me gusta), el de playa griega (me enloquece), etc) era por algo... Yo diría q la mayor parte de los edificios asín imperiales de la ciudad son amarillos, q es un color que apruebo en edificios de ese pelo (combianción así tipo vaticana, amarillo con ribetes blancos en ventanas y tal)... pero de repente está el Hermitage con ese verde y las florituras amarillo-naranja. Choca. No sé.

    Como nota personal, avidaros q seguimos sin vitro hasta q llegue la nueva miércoles e instalador, esperemos jueves. Me asusta pensar q nos viciemos y descubramos q podmeos vivir con el micorondas y la tostadora... todo podría pasar.

    Muxus y feliz semana!


    di

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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