20 de junio de 2017

No puedo quitármelo de la cabeza: Grenfell

21 divagues
No puedo sacarme de la cabeza el incendio de la Torre Grenfell. 

Este infierno, esta antorcha de pobres quemándose vivos en el barrio más rico de la ciudad más rica de uno de los países más ricos del mundo es una imagen, es una alegoría de lo que está pasando, de lo que se está convirtiendo el Reino Unido, y a donde va.  

Una catástrofe de esas dimensiones iba siempre a serlo, independientemente de dónde fuera, de las víctimas, de la causa. Pero lo que lo hace verdaderamente terrorífico es precisamente dónde ha ocurrido, las víctimas y las causas-lo que incluso sin haber empezado la investigación se empieza a ver claramente como responsable. 

Kensington es una de las zonas más caras de la ciudad, y probablemente del mundo. Pero una de las curiosidades de Londinium es que mansiones de millones pueden estar a la vuelta de la esquina de un "council state" (grupo de casas, en este caso una torre, del estado para personas pobre o directamente en la beneficencia). No nos engañemos con que esto supone una convivencia idílica: en absoluto, esto es la "Historia de dos Ciudades" si alguna vez hubo una, que en absoluto se tocan. 

Si vives en Kensington, tendrás pocos vecinos, porque el barrio está lleno de mansiones vacías: los ricos siempre viven en otro sitio. Calles y calles de enormes casas blindadas, que han subido el precios de calles y calles de casas normales, y que por efecto dominó, como he explicado otras veces, ha afectado a todo el "housing" de la ciudad. Los gobiernos han seguido favoreciendo esta cultura de llenar esta ciudad de dinero de mentira, ganado vendiendo humo o peor, y creando una ciudad fantasma, a la que vamos a acabar por arrancarle el corazón.

Si vives en Kensignton, te excavarás un subterráneo donde te instalarás un cine, un gimnasio y una bodega. Tendrás una cocina como las de la pelis, con una encimera de nosequé material que te costará diez mil libras. 

Si vives en Kensignton igual habrás votado en contra del Brexit porque estarás a favor de la Europa de los Mercaderas, del negocio, pero la regulación que viene de Europa te resbala, no te aplica. En Alemania y en otros países de la UE, las placas inflamables que hicieron que la torre se volviera una antorcha en poco tiempo están prohibidas-ahora dicen que también aquí. 

Si vives en Kensignton probablemente tengas carísimos abogados que te aconsejan cómo montártelo para pagar menos impuestos, a ti y a tu compañías. Y a las grandes compañías, sea cual sea. Que estén cómodas, no se vayan a ir. 

Si vives en Kensington, o cualquier barrio bien, y tienes la suerte de  no tener unos de esos guetos de pobres, podrás incluso llevar a tu hijo a un colegio público, donde te encontrarás los hijos de otra gente como tú y podrás  empujar al cole para que funcione con los estándares de uno privado. Si, por el contrario, hay  una de estas zonas, tendrás la pequeña inconveniencia de llevar a tu niño a privado porque el cole público se llenará de estos niños pobres. 

A uno de estos colegios públicos de Kensignton fue de niña Khadija Sayeuna chica de 25 años que vivía con su madre, de Gambia. A los 16 años ganó una beca por lo que destacaba artísticamente para ir a un prestigioso College, donde se rodeó de gente privilegiada "que ni se daban cuenta de su privilegio".  De allí fue a la universidad a estudiar arte, y formó parte de un grupo de cuatro mujeres, unidas por la creatividad. No tenía dinero, su estudio estaba en su piso en la planta 20 de aquella torre. Cuando un agente se interesó por su obra y quiso visitar su estudio, no podía imaginar que sería un piso de la beneficencia. De repente, Khadija empezaba a ser reconocida, y este año había estado en la Bienal de Venecia, exponiendo sus fotografías

Khadija es un ejemplo no solo de todo lo que se ha perdido con Grenfell, sino de todo lo que estamos perdiendo, cada año, cada día, cada minuto que estamos permitiendo que se pongan intereses por delante de las personas. En aquella torre vivían cientos de personas cuyas historias tenemos que oír, ponerles cara.

Necesitamos ver la cara de la gente que ha sufrido, que está sufriendo. 

Necesitamos respetar a los que tienen menos, y perder el respeto a los que tienen más. 

Necesitamos reclamar que deje de haber casas cerradas. 

Necesitamos exigir que se deje de favorecer a las corporaciones sin importar las personas. 

Necesitamos acabar con la imposición de austeridad al pueblo. Se ahorraron unas 5000 libras con los paneles inflamables cuando remodelaron la torre. Menos que la encimera de la cocina de cualquiera de las mansiones de por ahí cerca. 


Necesitamos darnos cuenta que no podemos seguir dando el poder a los partidos que ayudan a que esta desigualdad continúe. 

Este desastre es la consecuencia de la avaricia. Tenemos que entenderlo: Khadija y tantos otros se han quemado vivos porque este sistema no funciona. 

Y yo no puedo quitármelo de la cabeza. 


17 de junio de 2017

"¡20 años ya!"

22 divagues
17 de Junio de 2017: Hoy hace 20 años que los Pedalistas iniciamos la aventura en el Reino Unido.

Para celebrarlo: ¡He conseguido que el Peda me escriba el divague! 

Muchas gracias, compa de piso. 

Por todo. 



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Veinte años y sin aprender inglés, por dios, pero qué veinte años. Veinte años de no parar de disfrutar, de hacer cosas que hacen los británicos que no hubiéramos soñado hacer en España, veinte años de aprender otras formas de mirar el mundo, irreparablemente contaminados, veinte años de anglofilia y un poco (últimamente) de anglofobia, de conocer mucha gente de muchos sitios, muchos sitios de este país y muchos países del mundo, veinte años que cada vez se pasan más rápido, veinte años de tantas y tantas cosas que no caben en un post.

Son 7.305 días, más de mil semanas, más de mil historias. Nos recuerdo llegando a Gatwick y un anuncio de Heineken, verde. Luego Ángeles y la casa de Steve, y Grimsby y Cleethorpes, y tantas cosas de allí, 19 años sin volver, y más adelante Derby y Nottingham, St. Ann’s, el Welcome Inn y el ICDiscounts, el chiringuito de cambio de moneda y las mochilas, y ya Londres, con esa aventura latinoamericana de inicio, Londres y más Londres, con un piso que cada día me gusta más, en una ciudad cada vez más difícil.

Nos recuerdo viniendo para cinco años o “mientras estemos a gusto”, con ese billete de ida que da vértigo pero como tantas de las cosas que hemos hecho, sin vértigo, sin miedo, tirándonos a la piscina porque seguro que hay agua, y luego resulta que había agua. Y ahora el vértigo es pensar que te quedas aquí “para siempre”, que ya no hay vuelta atrás, que esto va en serio, y que más vale que me ponga a aprender inglés.

Veinte años que dan para mucho, bueno y malo, y ahora encima con una hija inglesa y a la que le gustan los toros, que pasa del españolismo cañí al amor a la reina sin solución de continuidad, veinte años que se harán treinta porque esto es ya una cuesta abajo, y no tenemos frenos, no ponemos frenos. A veces pienso que a mis abuelos jamás se les pasaría por la cabeza que tendrían una hija inglesa, una hija extranjera, que tendría que ser un shock, y sin embargo, aquí estamos. Las decisiones tienen consecuencias, para lo bueno y para lo malo, y en este caso ha sido para bueno, para bien y para mejor. Puedo imaginar otras vidas fruto de otras decisiones y, aunque suene panglossiano, no puedo imaginar una vida mejor que esta.

Veinte años juntos. Tú siempre a mi lado.

12 de junio de 2017

"Comeclavos" de Albert Cohen

22 divagues
Una lee como vive: alerta. Este último año ha sido tan terrible políticamente- volantazos que iba tomando el mundo, decisiones hacia el abismo, sensación nos despeñamos- que era imposible no sufrir, no solo al leer los periódicos, sino al leer literatura. Afortunadamente, el pasado jueves las elecciones británicas, y el dedo central elevado a primera ministra me ha dado un poco de balón de aire, y puedo seguir respirando. Igual hay esperanza, igual. 

Pero mientras leía "Comeclavos", la novela de Albert Cohen no tenía este pequeño oasis al que me aferro-igual tontamente-, y pensaba que íbamos a elecciones que iban a dar aún más mayoría a un gobierno que quiere todo lo que yo no, y todo lo que aterra en la novela se magnificaba, y resonaba como parte de lo mismo, en el fondo.

Enric González hizo una columna sobre "Comeclavos" en 2009 en El País, y os lo explicará mucho mejor: en esta novela Albert Cohen ha hecho un epitafio en 1938 a algo que no iba a existir ya más como entonces y como tal, los judíos europeos. Aunque Cohen sufrió el antisemitismo toda su vida, desde su infancia en mi amado Jónico (Corfú), hasta su juventud en Marsella, en los años 30 el horror en el horizonte era más que claro. Y mientras vas leyendo lo que en principio podría ser una novela humorística (no he leído a Rabelais, pero ese es su estilo dicen), imposible no quedarte con las miguitas que va lanzando Cohen de cómo debe ser sentirse odiado en una comunidad: pintadas en las paredes, comentarios, actitudes, prejuicios. Como sabemos lo que en 1939 empezó, todo esto escuece, como sabemos que esto está hoy a la orden del día, aquí mismo en Europa, todo esto duele. ¿Seremos tan incautos de olvidar?

Pero empecemos con el divague, tal vez repasando uno de los más visitados viejos divagues, uno de los más desestructurados y escritos a vuela pluma: "Bella del Señor". Yo leí este libro, el tercero de la tetralogía de "Los Esforzados" de Cohen [por este orden: "Solal" (1930), "Comeclavos" (1938),  "Bella del Señor" (1968) y "Los Esforzados" (1969)] porque lo veía en las estanterías de los osos, y porque Justanotherspy, un divagante de la época lo listó entre los libros que le habían impactado/influido. Tras leerlo, está también en mi lista-impacto, y lo intenté explicar aquí. La novela es un Tour de Force y, cuando sales, debes necesitar un par de años mínimo antes de seguir-desordenadamente-la saga. A mí me ha costado cuatro, pero ha sido por la dificultad de encontrarlo: me lo tuvo que regalar Marisa. 


Y lectura desordenada porque creo que la mayoría de los lectores seguirán mi trayectoria: empiezan por "Bella", que para eso fue Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y uno de los clásicos del SXX en listados de aquellos. Pero cuando empiezas con las aventuras de este quinteto enloquecido (Saltiel, Matthatias, Michael, Salomon y Pinhas-conocido como Comeclavos) ya los recuerdas tras el capítulo en el que pululan alrededor de la casa de Ariane una noche, haciendo sus habituales trapalas. Esta panda son más o menos tíos o familiares de Solal, el guapísimo judío prota de "Bella" (alter ego de Cohen) que trabaja en un estupendo puesto en las Naciones Unidas. "Comeclavos" comienza en Cefalonia (imposible no volver a Assos, el verano pasado, e intentar imaginarlos entre las calluejuelas encaladas reventando a buganvillas), donde ocurren típicas situaciones "esforzadas" como que una leoncilla se escapa del zoo y todo el mundo se enjaula (incluso jaulas-taxi) para estar protegidos, y luego este grupo demencial se desplaza a Ginebra, donde se encuentran con Solal, y con la familia Deume, que es con quien termina el libro, preparándonos para "Bella".

Yo no recuerdo haber despreciado tanto a los Deume en el anterior, como lo he hecho aquí. Quizás porque en "Bella" aparecen lateralmente, casi un alivio cómico, pero en "Comeclavos" muestran su vileza de pequeñoburgueses parásitos y felices tan bestialmente que una no puede evitar tenerles asco, ni aunque te rías. Ella, un dromedario con una bolita de carne que le cuelga y se toca en la garganta, beata hipócrita, que pone continuamente pruebas a las criadas para comprobar que no le roban ("No hay modo que te obedezcan los criados... si es la Revolución, que lo digan!"). El marido, un sinsal que habla con la "z", en permanente estado del terror de su mujer. Y han colocado al hijito por enchufe en las Naciones Unidas, hijo que casa con Ariane, la Bella, y que se dedica a intentar trepar siendo el palanganero de los que percibe podrá sacar algo ("aspiraba en definitiva a ser vivir como eterno inferior"), su nulidad para trabajar y el sinsentido de la burocracia como una representacion, a través de él. 

La rabia de Cohen sobre el antisemitismo está ahí, y va aumentando durante la novela, "(...) el crimen de haber nacido judío. De haber nacido. Ni una ciudad en el mundo en cuyas paredes no hubieran leído "Mueran los judíos". ¿Ignoraban quienes escribían esas palabras que los judíos eran humanos con ojos para ver y corazón para sufrir?", pero también aparece evidente, sobre todo en la parte de los Deume, ante el espejo de estos burgueses infames, su visión del mundo:

"A mí no me gustan los ricos. Donde hay dinero, hay falta de corazón. Galvanoplastia. El oro cubre al corazón como una capa metálica. Sí, para seguir siendo rico, era menester no ser bueno. Nada podían hacer los que nacían ricos. No por eso resultaban menos apestosos. Sí, nadie tenía la culpa. Pero con tan noble pensamiento se convertía en un zoquete que decía que sí a todo".

"Y se fueron, aquejados de la enfermedad de los ricos. Estaban inquietos, temían devaluaciones, huelgas, quiebras, guerras. Además, se sentían pobres. Tal es el misterio de los ricos. Se preocupaban por hacer inversiones seguras que no encontraban. En fin, se daban cuenta de que las dictaduras tenían su aspecto bueno (...)"

"El higrómetro también anunciaba buen tiempo, pues era el pastor el que había salido del chalé, y no el socialista, una figura de madera que llevaba un cuchillo entre los dientes".

En estas citas se aprecia la ironía y en las siguientes su mala baba, el escalpelo que usa para destrozar a todos:

"La charla fue particularmente cordial ya que se aborrecían"

"Su desprecio por la política y su amor por la metafísica".

"No entregaba su corazón a nadie, pero ofrecía su amabilidad a todos"

"¿Qué es lo que ocultaba tanta honradez?"

Porque, como en "Bella", no hay personajes positivos. Ni el Sancho Panza patán que da el nombre al libro, aunque entiendo que algún lector le pueda coger cariño-no ha sido mi caso. Hay particularmente una escena de su glotonería con sus hijos aún en la isla particularmente desagradable, y paso de entrar en metáforas. Es un problema cuando uno no "quiere" de alguna manera a un protagonista (me pasó, por ejemplo, con "El Gran Gatsby", siempre con aquel "old sport" tan irritante), de esa manera como debemos hacer nuestro un personaje, que no hace falta sea gustándote. O a mí me pasa.

Una lee como vive: alerta. Y afortunadamente, el final de esta novela con la que te ríes y a su vez estremeces, ha venido acompañado de un respiro. Igual deberíamos todos leer más sobre lo que pasó en Europa en los años 30, y pensar. Siempre una gozada de la mano de alguien que escribe como los ángeles, porque ante todo, este libro es también literatura. Gracias, Señor Cohen,  infernalmente guapo Solal. 

"El amor no es una dama que te gusta, sino las cartas que le escribes".