9 de agosto de 2017

Maternidad subrogada: mi opinión (tras "El cuento de la criada")

11 divagues
Me hice con "El cuento de la criada" (que yo prefiero traducir como "El cuento de la doncella", ya lo expliqué) porque en algún sitio leí/oí que tenía relación con la maternidad subrogada. Como este tema me interesa y a Atwood la respeto como escritora, lo compré. Sobre el libro escribí aquí. Quien lo haya leído o mirado el divague entenderá porqué lo de la maternidad subrogada: en una sociedad totalitaria del futuro, un grupo de mujeres son reducidas a "tinajas" o úteros andantes: su única función es procrear para las clases dominantes. 

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Mi primer contacto directo con la maternidad subrogada fue hace unos 8-9 años. Salí a cenar con unos compañeros de trabajo en el restaurante del Ritzy Cinema: lo recuerdo perfectamente. A mitad de cena, uno de ellos nos contó que él y su pareja (dos hombres) estaban esperando un hijo por subrogación. Vaya, este era un tema sobre el que no me había parado a pensar antes. Todos escuchamos atentamente su historia: una chica sudafricana estaba embarazada de varios meses de un hijo que les iba a entregar cuando naciera. No me quedó claro si el espermatozoide era de mi compa o de su pareja, pero lo que se me grabó a fuego es que el óvulo era de una estudiante de medicina. Habían seleccionado el óvulo con la mejor carga genética posible, y entendían que la gestante, alguien que se somete a la montaña rusa que supone un embarazo, con sus molestias y sus riesgos por dinero, tal vez no tuviera los genes que ellos deseaban. Nota: la donación de óvulos, lejos de ser la inversión física que supone un embarazo tampoco es peccata minuta. La mujer ha de inyectarse hormonas en la tripa durante semanas para estimular los ovarios (con riesgo de sobre-estimulación y más), y luego que se los extraigan. Un procedimiento invasivo: nada que ver con el paseíto de hacerse una paja en una botella, que es lo que vienen haciendo los donantes de semen. 

Salí de aquella cena de alguna manera tocada. ?No es bonito que gente que no puede tener hijos tenga la oportunidad? Pero, por qué me siento rara? No sé cuánto tiempo pensé en el tema, pero al final lo puse en algún punto silente/pasivo de mi cerebro, y la vida siguió. 

Mi segundo contacto fue hace casi 6 años -de esto sí que me acuerdo porque hay un divague en el que describo esos días "Di Cristina Barcelona". En la ciudad condal asistí a un congreso sobre "distintos tipos de maternidades/paternidades" en el que una de las charlas tocaba la maternidad subrogada, y además de profesionales había padres entre el público que habían usado esta técnica. En un punto, se conectó vía skype con la clínica de una ciudad cualquiera de India donde se hacían subrogaciones. Y ahí se reactivó de nuevo aquello que había metido en "el cuarto de atrás" de mi cabeza hacía unos pocos años. 

Una ginecóloga india de unos cincuentaytantos, vestida tradicionalmente con sari seguramente de seda explicaba los procesos en su clínica y al final contestaba a las preguntas del público. En esa clínica viven nosecuántas mujeres durante su embarazo.  Gestan fetos que han sido preparados con zigotos (espermatozoides y óvulos) de terceros que no tienen en común ni sus nacionalidades (americanos, británicos, suecos, espanioles), ni su orientación sexual (tanto parejas heterosexuales con problemas reproductivos como parejas gays). Lo único que tienen en común es su desesperación por tener hijos (particularmente los heteros, que se supone habrán pasado por ciclos de fecundación in vitro) y su dinero. 

La ginecóloga aniadía, mientras movía las manos, lo que provocaba un sonido de fondo del chocar de sus múltiples esclavas de oro,  que las mujeres que pasaban por este proceso lo hacían "totalmente libres", y que estaban muy bien cuidadas, con pruebas continuas. Con esto las gestantes lograban cosas de otra manera impensables para ellas: una había pagado los estudios universitarios a su hijo; otra, se había cambiado la cocina. 

El ambiente en la sala era muy positivo hacia lo que contaba esta mujer. Una pareja de hombres gays, altos y musculados, hablaron de lo felices que estaban con sus gemelos, que vinieron de la clínica de la ginecóloga. Se mandaban muchos abrazos por skype y cling-cling, las pulseras de banda sonora de fondo. Yo, en mi asiento, cada vez más confundida. Feliz en mi cabeza porque los gays tuvieran sus hijos, confundida sobre la clínica de la ginecóloga, con imágenes de una cocina nueva en un barrio marginal de una ciudad con las calles sin asfaltar (así recuerdo yo la India, polvorienta), agobiada con el cling-cling de las pulseras. No había pensado en el tema, lo dejé en un arcón cuando lo de mi compa,  y ahora... ahora ya no lo iba a poder esquivar más.

Hubo una voz disonante: una mujer valiente que, entre ese público positivo hacia "ser padres cueste lo que cueste", se planteó en voz alta si eso no era explotación de aquella mujeres en aquel país lejano polvoriento. Hubo un pequenio abucheo. Pero es que todo el congreso fue complejo: la subrogación fue un tema, pero también asistimos a familias que habían adoptado a tres ninios etíopes, que la madre no podía mantener por falta de medios. Esta familia, también entre el público, contaba su experiencia de estar en contacto con la madre en Africa, que había por supuesto seguido teniendo hijos, y cómo ellos les mandaban las camisetas cuando se les quedaban pequenias. Que habían estaba visitándoles en Etiopía, y que todo era maravilloso. Me imaginaba a los tres ninios negros orondos barceloneses, con sus ordenadores y videojuegos de visita a la choza africana. Qué pensarán de sus hermanitos menos afortunados? Cómo gestionar eso, a medida que se crece?  Salí del congreso hecha un mar de dudas. 

Han pasado los anios, y la maternidad subrogada se ha ido haciendo más frecuente, cada vez está más en los medios, y hay países donde es legal, como en el UK, o no, como en Espania. Recientemente encarcelaron a unos peluqueros del sur por este tema. Es todo un drama: para ellos, para la gestante, y sobre todo para el ninio. Han pasado los anios, y cuanto más leo, y cuanto más pienso, menos cómoda me siento con la idea. "Es que hay mujeres a las que les gusta estar embarazadas", me han llegado a decir. Lo siento: no. Las pocas mujeres que tienen la suerte de tener un embarazo sin ningún problema (como decía una amiga mía ginecóloga, esta de Vetusta: "proceso fisiológico lo llaman, una mierda"), aún tienen que pasar por el parto. El embarazo acarrea riesgos y supone una "inversión" energética tanto física como emocional como pocas. Está claro que, a no ser que sea para un ser muy querido, la mayor parte de las mujeres no van a ofrecerse a hacer esto gratuitamente. Está también claro que el embarazo es un "punto negativo" para los que te dan trabajo, así que una mujer empleada que cobre decentemente no va a hacer un embarazo altruista para unos desconocidos.  Y bueno, cuando estas clínicas (o "granjas", así las han llamado) proliferan en países como India, también está claro de lo que estamos hablando. Explotación. Por no hablar de casos en los que la pareja contratadora ha rechazado al ninio ("el producto") porque venía con problemas (como quien devuelve un aparato que no funciona), y la gestante se ha tenido que quedar con él (caso que rompe el corazón, en Australia). 

A menudo me he planteado que, con los avances que hay en todos los niveles, cómo nunca se han planteado desarrollar un útero artificial, donde los fetos se pudieran gestar "como en una colifor". A menudo la respuesta que me he dado es porque las que tenemos que sufrir este proceso del embarazo y la atrocidad del parto somos las mujeres. Un útero artificial solucionaría los problemas de todas las personas que no pueden tener descendencia porque su útero no es funcionante, y el problema de la comunidad LGBT. Sería la salvación de muchos de los extremadamente prematuros, que cada día se salvan más, pero muchos a costa de terribles secuelas de por vida. Ayudaría la la igualdad en el trabajo (los empresarios no temerían emplear a una mujer "que se puede quedar embarazada") y los hijos tal vez serían también vistos más igualitariamente por parte de los padres y las madres. Está clarísimo que, menos en algunas excepciones, los hijos siguen siendo el tema de las madres, y que el padre, que con suerte se enrolla para jugar al fútbol en el parque, no sabe cuándo tocan las vacunas, qué ropa tiene que llevar a la excursión, o qué hacer si el ninio se pone malo. En la clase de Mini la "representante de la clase" es eso: LA.. cada anio se rota y a nadie se le ocurre que un tío vaya a hacer ese rol. Y ningún tío, salvo el único divorciado, está en los emails de avisos de las madres. 

Evidentemente, este también será un tema controvertido el día que lo tengamos encima de la mesa, y dará lugar a muchos dilemas éticos. Yo, de momento, lo pondré en "el cuarto de atrás" y lo pensaré más adelante, pero alguno ya se me ocurre. Pero por mirar a otro lado no va a dejar de ocurrir, esto pasará: ya ocurrió el pasado mayo con un corderito extremadamente prematuro, al que han logrado salvar en uno de estos úteros artificiales. 

Estamos en una montania rusa de avances tecnológicos inimaginables cuando crecíamos. Pero el que algo se pueda hacer técnicamente no quiere decir que se deba hacer.  Es curioso cómo el feminismo y el catolicismo están por una vez de acuerdo en cuanto al cuerpo de las mujeres, por distintas razones, supongo. Unas, por la explotación -una vez más- de mujeres, esta vez pobres, para beneficiar a ricos (hombres y mujeres), y los segundos por lo mismo que están en contra de la fecundación en vitro: porque hay que desechar algún embrión y la vida es santa-incluso una mórula, que equiparan con un bebé. Luego están los políticos: en su mayoría, aparte de un partido, Ciudadanos, está en contra. He de confesar que no he leído sobre sus razones, las de ninguno, pero me imagino que en el caso del partido de Rivera, su aceptación tendrá que ver con su liberalismo en lo económico. Todo vale si tienes pasta para pagártelo. 

 Cuando cerré "El cuento de la doncella", me sorprendió que Atwood hablara de la subrogación en 1985, cuando para el gran público no ha sido un tema hasta muy recientemente. Y hasta hace poco, podíamos poner estos temas en cuarentena para revisitarlos más adelante. Pero la ciencia y la tecnología van a tal velocidad que es imposible pasar: los temas nos cogen de las solapas . Y el que crea que no va con él o con ella, en un parpadeo se dará cuenta de su error. 

 El que algo se pueda hacer técnicamente no quiere decir que se deba hacer. Aunque se tenga la pasta, Ciudadanos, y la gente esté usando su "libertad". Solo considerad el precio de esta libertad, y si al final de cualquiera de estos procesos alguien pobre está siendo, una vez más, jodido por alguien rico. Porque lo está: como durante toda la historia de la humanidad. 

2 de agosto de 2017

"El cuento de la criada" de Margaret Atwood: No dejes que los cabrones te machaquen

15 divagues
(*) Antes de nada, Nota de la Traductora: Sé que en castellano el título ha sido traducido como "El cuento de la criada". Objeto: handmaid se traduce como sirvienta según Collins, pero quien haya leído la novela estará de acuerdo que la ambigua "doncella"-que también tiene una acepción de sirvienta-le hace mucho más justicia que "criada". Como siempre, traduttores, traditores! Así que me referiré así, con mi propia traducción,en el resto del divague. 

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Hace unas noches terminé "The handmaid's tale", la novela de 1985 de Margaret Atwood y aún estoy en estado de shock.  

Su adaptación a serie se estrenó en el Reino Unido en la primavera y ha recibido muy buenas críticas. Como resultado, la novela ha incrementado sus ventas un 880%. Yo no he visto la serie pero me compré la novela por alguna alusión que leí/oí por ahí sobre  su relación con la maternidad subrogada (tema apasionante, sobre esto, siguiente divague). 

Ya había leído un par de novelas de Atwood que sí, me habían gustado, pero tampoco como para leerme toda su obra. "The blind assassin" (El asesino ciego) que ya la divagué aquí y "The edible woman", (La mujer comestible) en la diprehistoria. Así que la brutalidad de "El cuento de la doncella"  (el título homenajea a "Los cuentos de Canterbury" de Chaucer)  no me ha sorprendido, porque lo salvaje que puede narrar Atwood (y el adjetivo lo uso positivamente) ya me lo conozco. Y no me extrania que los telespectadores se hayan quejado de quedar "traumatizados" tras algunas escenas del serial. 

Yo no sé si cuando Atwood la escribió, precisamente en un anio tan significativo para las distopías como 1984, daba tanto miedo. Ahora es simplemente terrorífica.  Porque, como dice la autora, esto no es "ciencia ficción" sino "ficción especulativa". No hay marcianos en platillos, ni gente transmutandose, ni Estrella de la Muerte.  Todo de lo que se narra en la novela ha pasado, o está pasando.  

En "El cuento de la doncella" se describe una distopía a la que se llega porque la fertilidad ha descendido dramáticamente. Las razones se sugieren medioambientales -Atwood es una defensora ferviente del planeta y tiene mérito porque hace más de 30 anios, vale ya existía Greenpeace, pero la concienciación social era mucho menor- y que a las mujeres se les estaban dejando "demasiadas libertades". Así que un sistema totalitario teocrático militarizado (Gilean) toma el poder (la manera insidiosa cómo esto comienza también preocupa, cuando una piensa cómo poco a poco van cambiando ideas, vamos retrocediendo claramente en libertades y derechos que se lograron hace décadas) y lo primero que hace es despojar a las mujeres de los derechos más básicos, por ejemplo leer.  Las sociedad está dividida en grupos (al mejor estilo huxleysiano) según su función, y en particular la división de las mujeres más bien parece un "divide y vencerás", todas contra todas: desde las "Esposas", privilegiadas casadas con los "commanders", hasta las "Econoesposas" (clase baja), pasando por las "Tías" (que indoctrinan) y las fértiles (las doncellas o criadas) que tenían en el pasado una vida "disipada" (por ejemplo, separadas, que habían cohabitado, en segundos matrimonios, etc) que pasan a ser propiedad de las pareja de privilegiados sin hijos, o infértiles. 


Pero nótese que en Gilean solo las mujeres son infértiles, los hombres son intocables en todos los aspectos. Aunque sean viejos y hasta sus mismas esposas lo sospechen e intenten arreglar que las doncellas tengan sexo con otros más jóvenes dentro de las castas creadas por el nuevo estado. Gilean probablemente haría oídos sordos a las últimas investigaciones que senialan que el recuento de espermatozoides en los hombres occidentales se ha reducido a la mitad en los últimos 40 anios. O que los hijos de los padres mayores de 45 tienen más riesgo de enfermedad mental y pobres logros académicos, más riesgo de transmitir mutaciones relacionadas con el autismo, y lo que te rondaré morena. El problema de la infertilidad masculina, que antes solo salía en novelas distópicas como  "Children of men" (PD James, 1992), o en esta misma, ya no está solo en las novelas. Ya no solo somos nosotras, Mick Jaggers del mundo, os vais a tener que poner las pilas, porque cada vez menos pavas 30 anios menores van a cargar con vosotros. Oh, esperen divagantes... antes de que alguien me acuse de alegrarme del mal ajeno. Yo ya llevo diciendo bastante tiempo que, cuanto menos gente traigamos al mundo, mejor, que esta progresión geométrica no se sostiene, y, bueno, en el fondo este estudio habla de los países occidentales. Claro que, como Atwood sospecho que gran parte de la razón por la que los pequenios renacuajos están cada vez más alelados en esto del nadar es por toda la mierda que echamos a la tierra donde cultivamos, que inyectamos a los animales que comemos, al mar donde nadan los pececitos que ídem y al aire que respiramos.  Así que en mi afán minimalista (no quieras, no consumas), también me apunto a lo de no sufrir por la limitación de la progenie

Pero divago: estábamos en que las mujeres decentes que no pueden tener hijos (recordemos, ellas, no los higos secos que tienen por maridos) cogen a una doncella con la que intentarán hacer llegar un bebito al hogar. La ceremonia mensual del intento de fertilización es descrita con detalle, y es dolorosa: la esposa está presente, agarrando de las manos a la doncella mientras el marido eyacula en ella. "Somos meros receptáculos",  dice la narradora Offred. Las mujeres son vasijas, tinajas, todo su valor es el de su vientre. Cuando hayan cumplido con su misión, serán enviadas a otra pareja, así hasta que no sirvan al sistema, y entonces, fuera. Esto suena vagamente a las "granjas" de mujeres en la India donde ricos occidentales van a contratar un útero? 

La narración está llena de símbolos, desde la ropa de los distintos grupos (azul para las decentes esposas; rojo menstruación-parto de las doncellas; marrón de las Tías), hasta las contraposiciones Virgen, puta, opresora, madre. Pero a la madre se la amputa de su maternidad nada más nacer el ninio, reduciéndola a un útero. Todas ellas viven para y por los hombres, aunque una de las mejores frases del libro es un personaje que dice "un hombre es simplemente la estrategia de una mujer para crear otra mujer". Ojalá. Hombres que, en esto no cambia esta sociedad enloquecida de la presente, tienen a la Virgen como decente esposa, pero en el fondo acaban requiriendo que la doncella baje a hablar con ellos por la noche, porque la esposa aburre.  

Como en toda sociedad represiva, surge una resistencia a la que es muy difícil acceder porque, dentro de los oprimidos (las más bestialmente las doncellas, pero casi todos lo están), hay muchas que están convencidas, cuyo cerebro han lavado, y que te delatarán si intentas hacer alianzas. Porque está claro que lo único que en la historia nos ha ayudado a la gente de a pie es la unión. Aquí no sabes si el que te tiende la mano como presunto disidente es un creyente, con lo cual la paranoia y la ansiedad lo impregnan todo.  El suicidio es la única salida para muchas, y por ello está todo controlado para que no ocurra, como en una planta psiquiátrica. Algunas dejan seniales antes de tener éxito colgándose, y nuestra narradora encuentra un mensaje de la anterior doncella "Nolite te bastardes carborundorum" (latín macarrónico: "No dejes que los cabrones te machaquen").  El régimen es brutal con sus detractores, y esas partes de la novela asustan. Pero sobre todo porque Atwood se ha inspirado en linchamientos, torturas y todo tipo de atrocidades que hemos cometido, o seguimos cometiendo. La realidad supera a la ficción. 



Cuando he dicho que "todo de lo que se narra en la novela ha pasado, o está pasando", no hará falta que de muchos ejemplos: no hay más que leer el Antiguo Testamento, o más cercanamente, intentar siquiera asumir regímenes como el de Ceaușescu en Rumanía, donde en 1967 el Decreto 770 fue instaurado porque había descendido tanto la natalidad (producto de la miseria y ley del aborto) y con él  se abolió el aborto y los anticonceptivos (la ganadora de Cannes de 2007 "4 meses, 3 semanas y 2 días" lo cuenta muy bien) además de perseguir a las mujeres mensualmente a ver si estaban embarazadas, y demás horrores. Miles de ninios nacieron producto de esta barbarie, ninios no queridos o bien imposibles de mantener por la población paupérrima, que terminaron en los infames orfanatos rumanos, verdaderas casas de los horrores donde los ninios sufrían las mayores negligencias y abusos. Sin ir tan lejos, escándalos de ninios robados en Espania hasta hace nada por monjas y respetables ginecólogos, y vendidos a "familias cristianas de bien" (la similitud es terrorífica). Hoy en día asistimos a encarcelación de las mujeres en los burkas, no en destinos lejanos que podamos mirar para otro lado, sino en nuestras mismas ciudades. Ninias mutiladas genitalmente a diario, ninias a las que se les hace casar a los 12 anios,  ninias a las que no se les deja acceso a la educación. Las letras de ciertas canciones, por ejemplo el reggaeton, los bailes y las pintas de idolos musicales femeninas, donde la disponibilidad sexual es todo lo que se transmite. La actitud de dependencia de muchas adolescentes, nada que ver con la determinada independencia de mi generación. Y suma y sigue.  

"El cuento de la doncella" es una novela sobre el poder, y el control ejercido durante la historia sobre los cuerpos de las mujeres; aún sobre él algunos intentan ganar batallas electorales. Es una novela sobre lo que ha pasado, lo que está pasando, y lo que insidiosamente puede comenzar a pasar . Es una novela que crea ansiedad y perplejidad a la vez. Y si el feminismo es ante todo sororidad, debería ser una llamada de atención a todas nosotras para jamás dejar que nos dividan. Rosa Luxemburgo dijo "Quien no se mueve, no siente las cadenas". Incluso las más pasivas notarán cierta molestia al leer esta novela, y a que empecemos tod@s a sentir las cadenas se trata. Como siempre.