23 de agosto de 2017

Quizás porque mi niñez sigue jugando en tus calles (Pirineos 1)

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En la mesilla de noche de la casa que nos dejaron en Francia hay una pila de novelas, entre ellas "The Sea" de John Banville. Alguien ha intentado capturar su espíritu en la contratapa: "Cuando el historiador del arte Max Morden vuelve al pueblo costero donde una vez pasó unas vacaciones de su infancia, está escapando tanto una pérdida reciente como un trauma distante". Cliché, pensará el divagante. Pero donde pone "costero" pon "de montaña", y donde pone "un" pon "todos" y es mi historia. Este año, tras miles diciendo que iba a pasar, por fin hemos vuelto a Bellver. 

Pero empecemos desde el principio: este año para llevar a Mini a Vetusta, decidimos hacer un bucle y volar a Girona, donde alquilaríamos un coche y nos lanzaríamos a explorar las montañas, y en mi caso reencontrarme con lugares en los que pasé tantos veranos con la Yaya. Cuenta la leyenda que, el primer verano era tan pequeña (poco más de un año?) que cuando vinieron mis padres a pasar el finde tras una separación de una semana... les extrañé!

En el aeropuerto de Girona nos dan mapas y cogemos el coche: un Seat León, porque el Peda no se ha atrevido con más Chincués tras el abuso recibido en este blog en el pasado. Se pasa por Vic, Berga (no haré la broma, pobres bergaleses), se atraviesa el parque natural del Cadí, y se llega al famoso túnel de 5 kms del mismo nombre. Aún recuerdo cuando lo construyeron (1984), yo era peque, y a partir de entonces todos los barceloneses ("pixapins", que los llaman, "los que se mean en los pinos") podrían evitar la collada, típica zona de revueltas por 11 euros, que es lo que todavía vale el cruzarlo (no si vives en la Cerdanya, que es gratis). 


Entramos en Bellver por una carretera desconocida: claro, yo siempre he venido desde Vetusta, por el otro lado, por Martinet. No conozco  nada. Aunque la última vez que estuve aquí con toda la familia fue hace exactamente 10 años (recién embarazada de Mini, aquí se lo anuncié a Fashion), todo ha cambiado mucho. Ya lo había hecho entonces, y era más difícil encontrar el Bellver rústico de aquellos años, con tantas casas de payés y tiendecitas auténticas.  Yo siempre recordaba Bellver como madera y piedra, así son las casas y por lo menos, así han seguido la nueva construcción: no se han cargado el ambiente "suizo· del pueblo. Pero cada vez más y más chalets de la burguesía barcelonesa. 

La que regenta el hotel Bonrepós, amiga de Fashion y JAL, que van por allí frecuentemente, nos manda al registrarnos para el centro cívico (en serio? hay centro cívico?) porque hay jornadas musicales. Yo no quiero ir a ningún concierto, quiero ir a ver cada esquina y ver si se ajustan a mis recuerdos. 



Pero antes de llegar al centro aquel, mirad, Mini, Peda! Aquella es "Casa Joan"... que está bastante diferente también de la época en la que era nuestro "Airbnb". El tal Joan era un hombre mayor soltero ("conco", les decían en aquel pueblo, donde había muchos concos y concas) que tenía unas botas de agua gigantes en el cobertizo. No podría explicar en qué trabajaba pero sé que se iba al alba y venía a la noche, y quizás abría y cerraba compuertas de canales de riego. Llevaba siempre una gorra de chulapón, y justo hablaba castellano. Su cara tenía un gesto de sonrisa perpetua, no me queda claro si por el sol de la montaña. Juan nos alquilaba toda la casa con él dentro, que por los meses de verano se tornaba "casa tomada": Joan venía a dormir a su habitación cerrada y ya. Nos quería mucho y, cuando nació mi hermana, compró una cuna para ella. Como tardamos tiempo en subir, aquel verano Fashion ya no cabía en la cuna! Esta es una de las anécdotas que luego recordaríamos ritualmente cada año.

Joan tenía un pequeño huerto a la izquierda de la casa, donde hoy, los nuevos dueños, han puesto una carpa para sentarse y "chill-out". Joan tenía animales por detrás, conejos, algún pollo, y hoy han hecho una pequeña extensión. En el patio frontal de la casa la Yaya ponía todas las mañanas un barreño (que me parecía) inmenso lleno de agua "para que se calentara con el sol". Tras mucho preguntar (Yaya, ya?), a mediodía me dejaba entrar en aquella "piscina" improvisada. Siempre me ha encantado el agua, pero ahora me admiro por aquellos baños de agua-seguro-congelada, que terminaban siempre conmigo dentro volcándolo y viendo escurrirse el agua por el patio. 

Aún está la ventanita de la cocina donde dejábamos las llaves bajo una piedra plana. Parece que estoy viendo las llaves, de aquellas grandes. Te podías ir a donde fuera, que siempre podrías entrar. Esa confianza de los pueblos siempre me ha gustado: en Vetustilla las puertas siempre están abiertas: abres y llamas a quien sea. Muchos años después oí que habían entrado a robar a Joan, en una de estas, y lo de la llave cambió. Pero creo que esto fue cuando ya dejamos de ir regularmente. 


Llegamos al "centro cívico" que es enorme y muy civilizado y que está delante de un parque infantil, que antes eran prados. En Bellver, todo antes eran prados. Sigue habiendo, pero verlos urbanizados y estabulados, ordenados con aceras en lugar de las paredes de piedras apiladas que eran sus límites no me gusta. Tanta civilización, no. Dejo a Mini y al Peda allí, porque quiero ir a ver otras calles, donde estaba el cine donde vi "Excalibur" o "El lago azul", y sobre todo la plaza donde estaba la tienda de Nansi, que sigue allí. Antes, era un colmado tradicional, donde vendían un poco de todo. Hoy se ha transformado en un horno medio gentrificado, donde creo conocer a una de las dependientas. Justo entonces suena el teléfono y los jekes (Fashion, JAL y su perra Nara) han llegado desde Barcelona, y están ya con Mini y el Peda. Les busco y les traigo aquí de nuevo, y JAL compra coca (así llaman aquí a las tortas, buenísimas) en el horno, y yo me lanzo a identificarme a la dependienta, que enseguida me conoce. Sus padres tenían la "tripería" (así llaman allí a una mezcla de pollería y más cosas que no queréis saber) de al lado. Yo era amiga de su hermana, Mariangels, que es maestra en Girona, me cuenta. Sus hijos deben ser muy mayores, porque cuando íbamos a la trastienda los ponían a jugar al "juego de la manteta", que consistía en poner una manta en el suelo con cuatro juguetes, y ale (yo me planteaba que era como un "parque", aquellas pequeñas cárceles de nuestra época donde nos ponían nuestros padres y hoy se consideraría anatema, pero un parque libre, sin barrotes).


Subimos al pueblo viejo: la Formiga, la calle de la Amargura, Casa Patanó, y por fin la Iglesia en la plaza que es preciosa, toda piedra con arcos. Hoy está llena de sillas porque hay otro concierto por la noche. Paseo al mirador. A esa zona casi no veníamos cuando era peque: nuestro mundo se reducía más a San Roc (donde Casa Joan), el Segre y a la plaza de la tienda de Nansi. No recuerdo ni haber ido a misa a esta iglesia, donde se casó la Yaya. 


Los jekes, que son regulares de la zona, se conocen los buenos lugares y vamos a cenar a la Fonda Biayna, donde la Yaya celebró su boda. Es un sitio con mucho encanto, lleno de antiguedades (como todas las casas de la Cerdanya, creo que es de aquí de donde viene mi afición por rescatar todo lo antiguo de mi familia), suelo de azulejos con margaritas como de escolar, y poca gente. Los dueños abrazan a los jekes y pedimos lo que nos aconsejan la pareja que se saben la carta: arroz de la montaña, bacalao con ali-oli y demás. De postre, mel y mató ("y una jarreta de mel y mató", como dice la nana de la que ya hablamos aquí), aderezada con estofado (broma interna, agradeceréis que no la cuente). Están en otra mesa los de la orquesta del centro cívico de la tarde, que parece que hablan inglés y otras lenguas. Mini se niega a ir a saludarles en su lengua natal, pese a nuestra insistencia. 




Es noche cerrada, pero qué mágicas las noches de la península: nunca es tarde, ni con niños (aún recuerdo en un restaurante de Brujas que unos ingleses de la mesa de al lado nos "llamaron la atención" por estar con una niña a "altas horas"-siendo Bélgica serían las 9 de la noche). Los adoquines de las calles empinadísimas están iluminados por faroles de LED, pero siguen siendo tenebrosas, encantadoras. En la plaza unos gallegos tocan música tradicional (nunca ha sido mi pasión) y lanzan conceptos como "Non é necesario falar en castelán como nos solicitaron unha vez en Galicia para os turistas porque nos entendemos perfectamente nesta noite fermosa".

Es fermosísima, quizás porque mi niñez sigue jugando en las calles de piedra de este pueblo de la Cerdanya, porque estoy con la gente que más quiero, y porque en el Bon Repós, la habitación con litera donde dormirá Mini es la de los jekes... 


Bona nit y bona hora 

Fins demá si Deu vol!

9 de agosto de 2017

Maternidad subrogada: mi opinión (tras "El cuento de la criada")

17 divagues
Me hice con "El cuento de la criada" (que yo prefiero traducir como "El cuento de la doncella", ya lo expliqué) porque en algún sitio leí/oí que tenía relación con la maternidad subrogada. Como este tema me interesa y a Atwood la respeto como escritora, lo compré. Sobre el libro escribí aquí. Quien lo haya leído o mirado el divague entenderá porqué lo de la maternidad subrogada: en una sociedad totalitaria del futuro, un grupo de mujeres son reducidas a "tinajas" o úteros andantes: su única función es procrear para las clases dominantes. 

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Mi primer contacto directo con la maternidad subrogada fue hace unos 8-9 años. Salí a cenar con unos compañeros de trabajo en el restaurante del Ritzy Cinema: lo recuerdo perfectamente. A mitad de cena, uno de ellos nos contó que él y su pareja (dos hombres) estaban esperando un hijo por subrogación. Vaya, este era un tema sobre el que no me había parado a pensar antes. Todos escuchamos atentamente su historia: una chica sudafricana estaba embarazada de varios meses de un hijo que les iba a entregar cuando naciera. No me quedó claro si el espermatozoide era de mi compa o de su pareja, pero lo que se me grabó a fuego es que el óvulo era de una estudiante de medicina. Habían seleccionado el óvulo con la mejor carga genética posible, y entendían que la gestante, alguien que se somete a la montaña rusa que supone un embarazo, con sus molestias y sus riesgos por dinero, tal vez no tuviera los genes que ellos deseaban. Nota: la donación de óvulos, lejos de ser la inversión física que supone un embarazo tampoco es peccata minuta. La mujer ha de inyectarse hormonas en la tripa durante semanas para estimular los ovarios (con riesgo de sobre-estimulación y más), y luego que se los extraigan. Un procedimiento invasivo: nada que ver con el paseíto de hacerse una paja en una botella, que es lo que vienen haciendo los donantes de semen. 

Salí de aquella cena de alguna manera tocada. ?No es bonito que gente que no puede tener hijos tenga la oportunidad? Pero, por qué me siento rara? No sé cuánto tiempo pensé en el tema, pero al final lo puse en algún punto silente/pasivo de mi cerebro, y la vida siguió. 

Mi segundo contacto fue hace casi 6 años -de esto sí que me acuerdo porque hay un divague en el que describo esos días "Di Cristina Barcelona". En la ciudad condal asistí a un congreso sobre "distintos tipos de maternidades/paternidades" en el que una de las charlas tocaba la maternidad subrogada, y además de profesionales había padres entre el público que habían usado esta técnica. En un punto, se conectó vía skype con la clínica de una ciudad cualquiera de India donde se hacían subrogaciones. Y ahí se reactivó de nuevo aquello que había metido en "el cuarto de atrás" de mi cabeza hacía unos pocos años. 

Una ginecóloga india de unos cincuentaytantos, vestida tradicionalmente con sari seguramente de seda explicaba los procesos en su clínica y al final contestaba a las preguntas del público. En esa clínica viven nosecuántas mujeres durante su embarazo.  Gestan fetos que han sido preparados con zigotos (espermatozoides y óvulos) de terceros que no tienen en común ni sus nacionalidades (americanos, británicos, suecos, espanioles), ni su orientación sexual (tanto parejas heterosexuales con problemas reproductivos como parejas gays). Lo único que tienen en común es su desesperación por tener hijos (particularmente los heteros, que se supone habrán pasado por ciclos de fecundación in vitro) y su dinero. 

La ginecóloga aniadía, mientras movía las manos, lo que provocaba un sonido de fondo del chocar de sus múltiples esclavas de oro,  que las mujeres que pasaban por este proceso lo hacían "totalmente libres", y que estaban muy bien cuidadas, con pruebas continuas. Con esto las gestantes lograban cosas de otra manera impensables para ellas: una había pagado los estudios universitarios a su hijo; otra, se había cambiado la cocina. 

El ambiente en la sala era muy positivo hacia lo que contaba esta mujer. Una pareja de hombres gays, altos y musculados, hablaron de lo felices que estaban con sus gemelos, que vinieron de la clínica de la ginecóloga. Se mandaban muchos abrazos por skype y cling-cling, las pulseras de banda sonora de fondo. Yo, en mi asiento, cada vez más confundida. Feliz en mi cabeza porque los gays tuvieran sus hijos, confundida sobre la clínica de la ginecóloga, con imágenes de una cocina nueva en un barrio marginal de una ciudad con las calles sin asfaltar (así recuerdo yo la India, polvorienta), agobiada con el cling-cling de las pulseras. No había pensado en el tema, lo dejé en un arcón cuando lo de mi compa,  y ahora... ahora ya no lo iba a poder esquivar más.

Hubo una voz disonante: una mujer valiente que, entre ese público positivo hacia "ser padres cueste lo que cueste", se planteó en voz alta si eso no era explotación de aquella mujeres en aquel país lejano polvoriento. Hubo un pequenio abucheo. Pero es que todo el congreso fue complejo: la subrogación fue un tema, pero también asistimos a familias que habían adoptado a tres ninios etíopes, que la madre no podía mantener por falta de medios. Esta familia, también entre el público, contaba su experiencia de estar en contacto con la madre en Africa, que había por supuesto seguido teniendo hijos, y cómo ellos les mandaban las camisetas cuando se les quedaban pequenias. Que habían estaba visitándoles en Etiopía, y que todo era maravilloso. Me imaginaba a los tres ninios negros orondos barceloneses, con sus ordenadores y videojuegos de visita a la choza africana. Qué pensarán de sus hermanitos menos afortunados? Cómo gestionar eso, a medida que se crece?  Salí del congreso hecha un mar de dudas. 

Han pasado los anios, y la maternidad subrogada se ha ido haciendo más frecuente, cada vez está más en los medios, y hay países donde es legal, como en el UK, o no, como en Espania. Recientemente encarcelaron a unos peluqueros del sur por este tema. Es todo un drama: para ellos, para la gestante, y sobre todo para el ninio. Han pasado los anios, y cuanto más leo, y cuanto más pienso, menos cómoda me siento con la idea. "Es que hay mujeres a las que les gusta estar embarazadas", me han llegado a decir. Lo siento: no. Las pocas mujeres que tienen la suerte de tener un embarazo sin ningún problema (como decía una amiga mía ginecóloga, esta de Vetusta: "proceso fisiológico lo llaman, una mierda"), aún tienen que pasar por el parto. El embarazo acarrea riesgos y supone una "inversión" energética tanto física como emocional como pocas. Está claro que, a no ser que sea para un ser muy querido, la mayor parte de las mujeres no van a ofrecerse a hacer esto gratuitamente. Está también claro que el embarazo es un "punto negativo" para los que te dan trabajo, así que una mujer empleada que cobre decentemente no va a hacer un embarazo altruista para unos desconocidos.  Y bueno, cuando estas clínicas (o "granjas", así las han llamado) proliferan en países como India, también está claro de lo que estamos hablando. Explotación. Por no hablar de casos en los que la pareja contratadora ha rechazado al ninio ("el producto") porque venía con problemas (como quien devuelve un aparato que no funciona), y la gestante se ha tenido que quedar con él (caso que rompe el corazón, en Australia). 

A menudo me he planteado que, con los avances que hay en todos los niveles, cómo nunca se han planteado desarrollar un útero artificial, donde los fetos se pudieran gestar "como en una colifor". A menudo la respuesta que me he dado es porque las que tenemos que sufrir este proceso del embarazo y la atrocidad del parto somos las mujeres. Un útero artificial solucionaría los problemas de todas las personas que no pueden tener descendencia porque su útero no es funcionante, y el problema de la comunidad LGBT. Sería la salvación de muchos de los extremadamente prematuros, que cada día se salvan más, pero muchos a costa de terribles secuelas de por vida. Ayudaría la la igualdad en el trabajo (los empresarios no temerían emplear a una mujer "que se puede quedar embarazada") y los hijos tal vez serían también vistos más igualitariamente por parte de los padres y las madres. Está clarísimo que, menos en algunas excepciones, los hijos siguen siendo el tema de las madres, y que el padre, que con suerte se enrolla para jugar al fútbol en el parque, no sabe cuándo tocan las vacunas, qué ropa tiene que llevar a la excursión, o qué hacer si el ninio se pone malo. En la clase de Mini la "representante de la clase" es eso: LA.. cada anio se rota y a nadie se le ocurre que un tío vaya a hacer ese rol. Y ningún tío, salvo el único divorciado, está en los emails de avisos de las madres. 

Evidentemente, este también será un tema controvertido el día que lo tengamos encima de la mesa, y dará lugar a muchos dilemas éticos. Yo, de momento, lo pondré en "el cuarto de atrás" y lo pensaré más adelante, pero alguno ya se me ocurre. Pero por mirar a otro lado no va a dejar de ocurrir, esto pasará: ya ocurrió el pasado mayo con un corderito extremadamente prematuro, al que han logrado salvar en uno de estos úteros artificiales. 

Estamos en una montania rusa de avances tecnológicos inimaginables cuando crecíamos. Pero el que algo se pueda hacer técnicamente no quiere decir que se deba hacer.  Es curioso cómo el feminismo y el catolicismo están por una vez de acuerdo en cuanto al cuerpo de las mujeres, por distintas razones, supongo. Unas, por la explotación -una vez más- de mujeres, esta vez pobres, para beneficiar a ricos (hombres y mujeres), y los segundos por lo mismo que están en contra de la fecundación en vitro: porque hay que desechar algún embrión y la vida es santa-incluso una mórula, que equiparan con un bebé. Luego están los políticos: en su mayoría, aparte de un partido, Ciudadanos, está en contra. He de confesar que no he leído sobre sus razones, las de ninguno, pero me imagino que en el caso del partido de Rivera, su aceptación tendrá que ver con su liberalismo en lo económico. Todo vale si tienes pasta para pagártelo. 

 Cuando cerré "El cuento de la doncella", me sorprendió que Atwood hablara de la subrogación en 1985, cuando para el gran público no ha sido un tema hasta muy recientemente. Y hasta hace poco, podíamos poner estos temas en cuarentena para revisitarlos más adelante. Pero la ciencia y la tecnología van a tal velocidad que es imposible pasar: los temas nos cogen de las solapas . Y el que crea que no va con él o con ella, en un parpadeo se dará cuenta de su error. 

 El que algo se pueda hacer técnicamente no quiere decir que se deba hacer. Aunque se tenga la pasta, Ciudadanos, y la gente esté usando su "libertad". Solo considerad el precio de esta libertad, y si al final de cualquiera de estos procesos alguien pobre está siendo, una vez más, jodido por alguien rico. Porque lo está: como durante toda la historia de la humanidad. 

2 de agosto de 2017

"El cuento de la criada" de Margaret Atwood: No dejes que los cabrones te machaquen

15 divagues
(*) Antes de nada, Nota de la Traductora: Sé que en castellano el título ha sido traducido como "El cuento de la criada". Objeto: handmaid se traduce como sirvienta según Collins, pero quien haya leído la novela estará de acuerdo que la ambigua "doncella"-que también tiene una acepción de sirvienta-le hace mucho más justicia que "criada". Como siempre, traduttores, traditores! Así que me referiré así, con mi propia traducción,en el resto del divague. 

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Hace unas noches terminé "The handmaid's tale", la novela de 1985 de Margaret Atwood y aún estoy en estado de shock.  

Su adaptación a serie se estrenó en el Reino Unido en la primavera y ha recibido muy buenas críticas. Como resultado, la novela ha incrementado sus ventas un 880%. Yo no he visto la serie pero me compré la novela por alguna alusión que leí/oí por ahí sobre  su relación con la maternidad subrogada (tema apasionante, sobre esto, siguiente divague). 

Ya había leído un par de novelas de Atwood que sí, me habían gustado, pero tampoco como para leerme toda su obra. "The blind assassin" (El asesino ciego) que ya la divagué aquí y "The edible woman", (La mujer comestible) en la diprehistoria. Así que la brutalidad de "El cuento de la doncella"  (el título homenajea a "Los cuentos de Canterbury" de Chaucer)  no me ha sorprendido, porque lo salvaje que puede narrar Atwood (y el adjetivo lo uso positivamente) ya me lo conozco. Y no me extrania que los telespectadores se hayan quejado de quedar "traumatizados" tras algunas escenas del serial. 

Yo no sé si cuando Atwood la escribió, precisamente en un anio tan significativo para las distopías como 1984, daba tanto miedo. Ahora es simplemente terrorífica.  Porque, como dice la autora, esto no es "ciencia ficción" sino "ficción especulativa". No hay marcianos en platillos, ni gente transmutandose, ni Estrella de la Muerte.  Todo de lo que se narra en la novela ha pasado, o está pasando.  

En "El cuento de la doncella" se describe una distopía a la que se llega porque la fertilidad ha descendido dramáticamente. Las razones se sugieren medioambientales -Atwood es una defensora ferviente del planeta y tiene mérito porque hace más de 30 anios, vale ya existía Greenpeace, pero la concienciación social era mucho menor- y que a las mujeres se les estaban dejando "demasiadas libertades". Así que un sistema totalitario teocrático militarizado (Gilean) toma el poder (la manera insidiosa cómo esto comienza también preocupa, cuando una piensa cómo poco a poco van cambiando ideas, vamos retrocediendo claramente en libertades y derechos que se lograron hace décadas) y lo primero que hace es despojar a las mujeres de los derechos más básicos, por ejemplo leer.  Las sociedad está dividida en grupos (al mejor estilo huxleysiano) según su función, y en particular la división de las mujeres más bien parece un "divide y vencerás", todas contra todas: desde las "Esposas", privilegiadas casadas con los "commanders", hasta las "Econoesposas" (clase baja), pasando por las "Tías" (que indoctrinan) y las fértiles (las doncellas o criadas) que tenían en el pasado una vida "disipada" (por ejemplo, separadas, que habían cohabitado, en segundos matrimonios, etc) que pasan a ser propiedad de las pareja de privilegiados sin hijos, o infértiles. 


Pero nótese que en Gilean solo las mujeres son infértiles, los hombres son intocables en todos los aspectos. Aunque sean viejos y hasta sus mismas esposas lo sospechen e intenten arreglar que las doncellas tengan sexo con otros más jóvenes dentro de las castas creadas por el nuevo estado. Gilean probablemente haría oídos sordos a las últimas investigaciones que senialan que el recuento de espermatozoides en los hombres occidentales se ha reducido a la mitad en los últimos 40 anios. O que los hijos de los padres mayores de 45 tienen más riesgo de enfermedad mental y pobres logros académicos, más riesgo de transmitir mutaciones relacionadas con el autismo, y lo que te rondaré morena. El problema de la infertilidad masculina, que antes solo salía en novelas distópicas como  "Children of men" (PD James, 1992), o en esta misma, ya no está solo en las novelas. Ya no solo somos nosotras, Mick Jaggers del mundo, os vais a tener que poner las pilas, porque cada vez menos pavas 30 anios menores van a cargar con vosotros. Oh, esperen divagantes... antes de que alguien me acuse de alegrarme del mal ajeno. Yo ya llevo diciendo bastante tiempo que, cuanto menos gente traigamos al mundo, mejor, que esta progresión geométrica no se sostiene, y, bueno, en el fondo este estudio habla de los países occidentales. Claro que, como Atwood sospecho que gran parte de la razón por la que los pequenios renacuajos están cada vez más alelados en esto del nadar es por toda la mierda que echamos a la tierra donde cultivamos, que inyectamos a los animales que comemos, al mar donde nadan los pececitos que ídem y al aire que respiramos.  Así que en mi afán minimalista (no quieras, no consumas), también me apunto a lo de no sufrir por la limitación de la progenie

Pero divago: estábamos en que las mujeres decentes que no pueden tener hijos (recordemos, ellas, no los higos secos que tienen por maridos) cogen a una doncella con la que intentarán hacer llegar un bebito al hogar. La ceremonia mensual del intento de fertilización es descrita con detalle, y es dolorosa: la esposa está presente, agarrando de las manos a la doncella mientras el marido eyacula en ella. "Somos meros receptáculos",  dice la narradora Offred. Las mujeres son vasijas, tinajas, todo su valor es el de su vientre. Cuando hayan cumplido con su misión, serán enviadas a otra pareja, así hasta que no sirvan al sistema, y entonces, fuera. Esto suena vagamente a las "granjas" de mujeres en la India donde ricos occidentales van a contratar un útero? 

La narración está llena de símbolos, desde la ropa de los distintos grupos (azul para las decentes esposas; rojo menstruación-parto de las doncellas; marrón de las Tías), hasta las contraposiciones Virgen, puta, opresora, madre. Pero a la madre se la amputa de su maternidad nada más nacer el ninio, reduciéndola a un útero. Todas ellas viven para y por los hombres, aunque una de las mejores frases del libro es un personaje que dice "un hombre es simplemente la estrategia de una mujer para crear otra mujer". Ojalá. Hombres que, en esto no cambia esta sociedad enloquecida de la presente, tienen a la Virgen como decente esposa, pero en el fondo acaban requiriendo que la doncella baje a hablar con ellos por la noche, porque la esposa aburre.  

Como en toda sociedad represiva, surge una resistencia a la que es muy difícil acceder porque, dentro de los oprimidos (las más bestialmente las doncellas, pero casi todos lo están), hay muchas que están convencidas, cuyo cerebro han lavado, y que te delatarán si intentas hacer alianzas. Porque está claro que lo único que en la historia nos ha ayudado a la gente de a pie es la unión. Aquí no sabes si el que te tiende la mano como presunto disidente es un creyente, con lo cual la paranoia y la ansiedad lo impregnan todo.  El suicidio es la única salida para muchas, y por ello está todo controlado para que no ocurra, como en una planta psiquiátrica. Algunas dejan seniales antes de tener éxito colgándose, y nuestra narradora encuentra un mensaje de la anterior doncella "Nolite te bastardes carborundorum" (latín macarrónico: "No dejes que los cabrones te machaquen").  El régimen es brutal con sus detractores, y esas partes de la novela asustan. Pero sobre todo porque Atwood se ha inspirado en linchamientos, torturas y todo tipo de atrocidades que hemos cometido, o seguimos cometiendo. La realidad supera a la ficción. 



Cuando he dicho que "todo de lo que se narra en la novela ha pasado, o está pasando", no hará falta que de muchos ejemplos: no hay más que leer el Antiguo Testamento, o más cercanamente, intentar siquiera asumir regímenes como el de Ceaușescu en Rumanía, donde en 1967 el Decreto 770 fue instaurado porque había descendido tanto la natalidad (producto de la miseria y ley del aborto) y con él  se abolió el aborto y los anticonceptivos (la ganadora de Cannes de 2007 "4 meses, 3 semanas y 2 días" lo cuenta muy bien) además de perseguir a las mujeres mensualmente a ver si estaban embarazadas, y demás horrores. Miles de ninios nacieron producto de esta barbarie, ninios no queridos o bien imposibles de mantener por la población paupérrima, que terminaron en los infames orfanatos rumanos, verdaderas casas de los horrores donde los ninios sufrían las mayores negligencias y abusos. Sin ir tan lejos, escándalos de ninios robados en Espania hasta hace nada por monjas y respetables ginecólogos, y vendidos a "familias cristianas de bien" (la similitud es terrorífica). Hoy en día asistimos a encarcelación de las mujeres en los burkas, no en destinos lejanos que podamos mirar para otro lado, sino en nuestras mismas ciudades. Ninias mutiladas genitalmente a diario, ninias a las que se les hace casar a los 12 anios,  ninias a las que no se les deja acceso a la educación. Las letras de ciertas canciones, por ejemplo el reggaeton, los bailes y las pintas de idolos musicales femeninas, donde la disponibilidad sexual es todo lo que se transmite. La actitud de dependencia de muchas adolescentes, nada que ver con la determinada independencia de mi generación. Y suma y sigue.  

"El cuento de la doncella" es una novela sobre el poder, y el control ejercido durante la historia sobre los cuerpos de las mujeres; aún sobre él algunos intentan ganar batallas electorales. Es una novela sobre lo que ha pasado, lo que está pasando, y lo que insidiosamente puede comenzar a pasar . Es una novela que crea ansiedad y perplejidad a la vez. Y si el feminismo es ante todo sororidad, debería ser una llamada de atención a todas nosotras para jamás dejar que nos dividan. Rosa Luxemburgo dijo "Quien no se mueve, no siente las cadenas". Incluso las más pasivas notarán cierta molestia al leer esta novela, y a que empecemos tod@s a sentir las cadenas se trata. Como siempre. 





23 de julio de 2017

Whatsapp killed the email star

10 divagues
En el principio fueron las cartas, para mantenerte en contacto con la gente que vivía lejos: aquellos amores de verano, gente de campamentos, amigas que se cambiaban a otra ciudad. Con las amigas de Vetusta, era el teléfono (fijo, por supuesto): algunas lo tenían en medio del salón o del pasillo pero igual les daba. Nosotros lo teníamos en un salón donde nunca entraba nadie o en el despacho-yo lo sacaba con el cable debajo de la puerta. Recuerdo larguísimas llamadas (padres de fondo, qué habláis si os acabáis de ver todo el día en el colegio? No entendían nada: algunas hasta eran para hablar de los deberes y comparar resultados!). 

Las cartas siguieron siendo una parte importante en mi vida. Cuando comenzaba mis, ehem, amistades con chicos, siempre nos escribíamos, porque hasta los de Vetusta se iban alguna vez de vacaciones o donde fuera. Yo no sé si era, inconscientemente, como una "prueba de fuego", como si algo me decía que no quería pasar a mayores con un chico que no supiera escribir.  También cuando yo me iba de campamentos, o viajaba: en verano las amigas y amigos nos escribíamos cartas. Recuerdo hasta dejar listas de correos y cosas así. Cuando vine a Inglaterra un verano, a Brasil, a Escocia... me escribía la gente. También la Yaya (qué encantadoras cartas, qué maravilla de letra) y mi madre. Creo que mi padre nunca me ha escrito una carta: sin embargo mi madre tiene sus cartas de novios, aquellas con los ribetes de azul y rojo "por avión", atadas con una cinta. Hoy el Peda y yo le hemos dicho a Mini que tenemos más de doscientas cartas de ambos dos (el Peda ha decidido que va a quemar las suyas: claro que Mini, la esfinge universal, o tal vez adolescente precoz, no ha mostrado ningún interés en leerlas). 

Cuando llegamos a Inglaterra, mis amigos y amigas y familia me seguían escribiendo. Guardo todas las cartas y me recuerdo sentándome frente al folio en blanco a contarles las últimas semanas o meses. Cada uno tenía su propia frecuencia: había gente con la que solo de vez en cuando, otros eran regulares. A bastantes les escribíamos tanto el Peda como yo, a medida que pasaban a ser amigos de los dos. 


Mi mejor amiga del cole, que entonces vivía en Viena, me preguntó un día "cuándo tendría email". La correspondencia se iba espaciando, y cuando comencé un máster en la Universidad de Nottingham me dieron una de aquellas direcciones con extensión ac.uk. Y así cambiamos de un medio a otro: yo iba a la uni un día por semana, y allí nos poníamos al día... cada viernes tenía correo suyo. En aquella época casi nadie tenía email, pero poco a poco, más y más gente se fue abriendo cuentas, y, con el tiempo, ya casi todo mi mundo se comunicaba por correo electrónico. Había excepciones: la Yaya, por supuesto, y J. , mi amigo gallego de campamentos de hace 30 años, que tiene email, pero que como le gusta dibujar en los márgenes y en el sobre, y es medio ludita, sigue prefiriendo escribir cartas, incluso hasta día de hoy. 

Durante muchos años, el email fue rey. Como con las cartas, yo me comunicaba con la gente con mensajes más o menos largos y con distinta frecuencia, dependiendo de la persona. Algunos son de aquellos que solo te escribes una vez al año, para Navidades, o los cumpleanios. Otros son de 3-4 meses. Alguna gente mucho más frecuente, incluso con mi amiga del colegio llegaron a ser diarios, casi un hola que tal bien, y ya. El teléfono desde el extranjero era caro, y no se podía hablar continuamente, como ahora. 

Luego llegó el blog, y con él mis emails se vieron afectados: ya no tenía tanto tiempo para escribirlos, y algunos de mis amigos en la distancia (pobres) tal vez me leyeran cuando quisieran saber de mí aquí. De hecho, este blog nació, ya lo he contado, de la relación epistolar que comenzamos Diva (amiga entonces del Peda) y yo cuando viajábamos por Latinoamérica. Durante aquellos meses, los ratos que sacábamos en los cibercafés, además de emails, yo escribía una especie de blog, que eran nuestras aventuras en docus de word, subidas a no sé qué sistema esotérico de grupos (por entonces yo no sabía lo que era un blog). 

Y lo último que ha llegado es el whastapp, esa aplicación del teléfono que, os tengo que admitir, no me acaba de gustar. A ver, tiene sus usos a los que me apunto como la primera, pero noto que alguna gente los empieza a usar como emails. De repente, te llega un párrafo enorme, que es eso: un email. Yo soy fatal escribiendo en ese tecladito, porque voy muy rápido y los espacios siempre me salen como "m", y prefiero el teclado de mi ordenador para escribir largo y tendido, con párrafos, separaciones, esas cosas. Luego está la inmediatez: con el email, tú lo lees y decides contestarlo cuando puedas, pero con el doble tic del whatsapp parece que en cuanto lo has leído has de contestar (el Peda está haciendo psicoterapia conmigo para que me de cuenta de que no es así, que puedo incluso no contestar!). Luego están los grupos: estoy en varios porque no existe la belleza de "poner en copia" que yo sepa, así que has de montar un grupo. Tengo uno del trabajo al que directamente he silenciado. Luego están los familiares, para los fans de Mini y sus fotos. Luego aquellos donde alguna gente nunca participa. A veces me despierto y tengo seis whastapp que contestar. Con lo bonito que era con los emails, a los que les ponías una estrellita, y ya los contestarías cuando pudieses! A ver, no quiero decir que todo con whataspp sea malo (ahora tendré a Fashion en armas, lo veo), me he echado grandes risas y es muy práctico... pero está acabando (o ha acabado) con el email, el casi-último reducto de comunicación escrita pausada y personal que nos quedaba. 

Para alguna gente, los que nunca escribieron cartas, ni emails, ni nada, el whatsapp será supongo, una invención... 

Whatsapp killed the email star
In my mind and in my heart, 
we can't rewind we've gone too far




19 de julio de 2017

"El ángel esmeralda" de Don DeLillo

3 divagues
Desde hace la friolera de cuatro años, cuatro, "El ángel Esmeralda" está presente en este blog. Desde hace la friolera de cuatro años, NáN tristemente no actualiza su segundo blog "Semivago Procesional", donde nos hacía crónicas de los libros que iba leyendo. Así que si miras en los blog enlazados en la barra de la derecha, al final del todo, incluso por detrás de blogs que tal vez estén muertos y enterrados, está NáN y su crónica de "El ángel Esmeralda", el libro de relatos de Don DeLillo, escritos entre 1979 y 2011.

Un nuevo libro-Guadiana para mí. Por alguna razón,  en la estantería que hace de mesilla detrás de mi cama se apilaban varios libros sin terminar (relatos, ensayos). Por alguna razón, esta es una época de "hacer limpieza" y liberar a los pobres de esa sección para ordenarlos alfabéticamente por autor en la librería (por idioma, literatura/ensayo... clasificaciones que darían para un divague apasionante, lo sé).  Cuán Guadiana? se preguntarán algunos (no es el peor, aviso): el primer relato lo leí en Febrero de 2016. Ha llovido. Pienso en los libros que he terminado en este tiempo y los sitios donde he estado: igual esto es lo que mide mi tiempo. Si no, la vida sería difícil de cuantificar, aparte de por esas cosas que nos pasan sin decidirlas. Por lo menos, las lecturas y los viajes son nuestros. O eso creemos. 

La gente dice que estos relatos son oníricos (John Banville lo define como un "soñador elegante y subversivo de pesadillas actuales") y es cierto que al final no sabes si DeLillo te está contando una historia que pasó, o un sueño, pero qué diferencia hay? Algunos sueños son tan reales, que te despiertan y, al volver a dormirte sigues soñando lo mismo. A veces, si son de miedo, me aterra cerrar los ojos de nuevo porque sé que el malo me seguirá persiguiendo. Y algunos ratos así llamados reales son tan surrealistas que una no sabe si está soñando. La vida parece como una representación en sordina, como si tuvieras la cabeza dentro de una escafandra donde se ha hecho el vacío, y la vida se siente distorsionada, como si la estuvieras mirando desde fuera. Desrealización, es la palabra técnica. Luego está la depersonalización, que debe ser aún más desagradable, o eso dicen los que la han sufrido: tú eres el que te sientes irreal, tú eres el actor en el escenario.

El último de los relatos me hace pensar en Julio Cortázar, para mí creo que el mejor cuentista (aunque sí, leí todos sus relatos hace más de veinte años: es por eso? Ya no habrá otro Julio en mi vida?) Pero es que cómo olvidar el maravilloso "Manuscrito hallado en un bolsillo" (de Octaedro, 1974) al leer "The starveling", en el que un hombre medio persigue -siguiendo algún código particular, incapaz de explicar o razonar- a una mujer muy delgada por el metro y los autobuses de Nueva York, mientras ella se cambia de sesión diurna de cine a sesión diurna de cine. No es en sí misma una situación como de película de Buñuel, la gente que va a los cines diurnos? Cuando una corre al trabajo, y mira a la gente en los cafés, en los parques, en las tiendas, y se pregunta si son de atrezzo, qué hacen allí, cómo que no están corriendo en la rueda como el resto. Bueno, pues los que se sientan solos en una sala oscura de cine son ya la mascletá: quién es esa gente? Existen de verdad? Esa es la clase de escenarios que nos pone DeLillo, para que te metas en la extrañeza más pura, más que para saber si el chico y la chica al final se besan. 

Los dos adolescentes de otro relato ("Midnight in Dostoevsky") igualmente se preguntan por la identidad de un anciano desaseado que vaga por las calles, y aprovechan los recreos para seguirle, para competir entre ellos -como todo adolescente- sobre quien tiene las mejores ideas, para elucubrar si es el padre de su profesor, que tal vez sea ruso, porque lee a Dostoevsky en original.  Quién no se ha fascinado por la calle con una persona a la que ves de vez en cuando, a la que inventas un mundo, una vida. Aún hace eso la gente? Pienso en aquel chico tan joven al que veía en el parque infantil cuando Mini era pequeña. Primero con un bebé, luego con el niño en un patinete, siendo el terror de los columpios. El otro día, hacía siglos que no coincidíamos, pasó a mi lado en bici por la acera: su misma cara seria, casi de cabreo. Una bici negra, alta, de esas europeas de Amsterdam. Algún día le tendré que parar y decirle que le llevo casi 10 años siguiendo. 

Y las monjas del relato que da título al libro, siguiendo a los paupérrimos del Bronx, persiguiendo el cielo. Haciéndose preguntas sobre qué es el terror ahora, o si es en el fondo lo mismo de siempre, miedos viejos. La pérdida, pienso yo: el terror es la pérdida. 

Se me cierran los ojos mientras escribo esto. Y no sé si escribo o si estoy soñando. Un poco como me ha dejado DeLillo: en un limbo, que siempre imaginé blanco, pero este es oscuro, inquietante, lleno de búsqueda y preguntas. 

15 de julio de 2017

Esa foto 25 años después

5 divagues


Esta mañana ha cumplido una foto mítica 25 añazos: la primera foto del Peda y la que firma, tras una noche de juerga, ambos vestidos de pamplonicas y con 21 añitos recién cumplidos.




 Aquel era el verano que se acababa el mundo, el del 92, y el de tercero de carrera para ambos. Unos amigos comunes que hacían farmacia fueron los alquimistas que,  en la "Plaza de la O", lograron la combustión de estos dos elementos. Era mi última noche, no, si yo ya me volvía a Vetusta, pero fui alargando una noche más, y otra, hasta la del 14 de Julio: dándolo todo, cuando aún no existía esta expresión. Cuando amanecía solo quedábamos los buenos: el futuro-boticario nadador, el Peda (que aún no lo era) y moi. Como gentiles caballeros del norte me acompañaron a casa de Tiovin, donde me alojaba y, un momento, que os saco unos croissantes. Y la cámara. En aquella esquina del parque de la Taconera nos hicimos unas fotos: Di con el boticario, Di con el Peda, todos modositos, y luego hay otra de los tres con el automático en la que el Peda se baja los pantalones y yo intento sacarlo del encuadre con mi pelvis. Todos nos partimos de risa. 1992, repito. 

Esta tarde, haciendo unos largos en mi piscina local, tocaba "parejita de novios" en mi calle. No pueden las autoridades prohibirlas? Se paran mucho rato tras cada largo, y una llega y ha de negociar quien salen y luego pasarlos, con todo lo que ocupan. Van lentos, porque claramente no les interesa nadar: estos están tanteando a ver al otro en bañador. Los de hoy hasta se han parado una vez en medio de la calle! Les hubiera fulminado, así poniéndome las gafas para arriba un nanosegundo,  pero entonces ha cambiado la canción en mi MP3 acuático y era Bryan Adams:  "18 till I die" (18 hasta que muera). 

Quiero ser joven el resto de mi vida
Nunca decir que no a nada, probarlo todo dos veces
Hasta que los ángeles vengan y me pidan volar
Voy a tener 18 hasta que muera...

Estoy gruñona con estos novios porque ya no tengo 18? 18: cuando nos creíamos inmortales. Según avanzo por la piscina pienso que no podría estudiar ahora la carrera de medicina: en aquella época todo les pasaba a los otros, aquellas enfermedades, aquellos accidentes, aquellas malformaciones. No iba con nosotros. Pero hoy, "Fulanito tiene una miocarditis, a Menganito le ha dado un ictus". Que paren la vida: esto les pasaba hasta hace poco a nuestros abuelos, luego a nuestros padres... y ahora a algunos de nosotros. Eso, lo aseguro, en la facultad no lo sospechábamos. 

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Y es una putada. Y que haya novios pesados que interrumpan tu nadar y te recuerden que un día tú fuiste uno de ellos y que con tus besos hubieras interrumpido la circulación, no de una triste calle piscinera un sábado por la tarde, sino una autovía de cinco carriles.

Vuelvo a mirar la foto: yo es que quiero tener 18 hasta que me muera. 



Wanna be young the rest of my life
Never say no try anything twice

'Til the angels come and ask me to fly
Gonna be eighteen 'til I die eighteen 'til I die
Can't live forever that's wishful thinkin'
Who ever said that must of bin' drinkin'
Don't wanna grow up I don't see why
I couldn't care less if time flies by
Eighteen 'til I die gonna be eighteen 'til I die
Ya it sure feels good to be alive
Someday I'll be eighteen goin' on fifty five, eighteen 'til I die
Anyway I just wanna say
Why bother with what happened yesterday
It's not my style I live for the minute
If ya wanna stay young get both feet in it, eighteen 'til I die
A little bit of this a little bit of that
Little bit of everything gotta get on track
It's not how ya look, it's what ya feel inside

14 de julio de 2017

"Chica con pelo curioso", más relatos de David Foster Wallace

4 divagues

Leer a David Foster Wallace (DFW) no suele ser fácil: porque a ratos me pierdo, y me pregunto dónde va, pero de repente, wow, solo por este párrafo merece la pena la confusión; solo por esta línea merece la pena la perplejidad. 


Igual que me pasó con otro de sus libros de relatos "Entrevistas breves con hombres repulsivos" (que me parece superior), hay un par o tres de relatos -a los que llamaré "Tikal" por aquello de "no intentes acabar con Tikal, Tikal acabará contigo"- que acabaron conmigo. Me pregunto si no era mi momento, que tal vez deba dejarlos para tiempos mejores, o si era el momento de David, que estaba en drogas tan severas que no hay quien le siga... como a un Kerouac en su carretera (nada que ver, lo siento por Jack).

"Girl with curious hair" ("Chica con pelo curioso") es un libro de relatos que Wallace publicó en 1989, y que ha sido para mí un "libro Guadiana" (como suelen serlo los ensayos o algunas veces los de relatos) que me ha costado muchos meses leer (tengo Octubre 2016 marcado en alguno de los relatos). Así que no recuerdo mucho, casi ni siquiera de los últimos o de la "novella" de 150 páginas con la que concluye el libro, que es con lo que lo terminé el otro día. Pero con Wallace simplemente cuando vas para atrás y relees tus subrayados (gente que no subrayáis, anotáis,  loquesea: cómo podéis vivir?), entiendes. Cosas como porqué decidiste no seguir tu suenio de escribir. Aunque hoy, leyendo otro ensayo Guadiana sobre ballenas que tengo por ahí, he sabido de Melville dejó una nota antes de morir que decía: "Keep true to the dreams of thy youth" (Mantente fiel a los suenios de tu juventud).

Pero divago. Otra de las cosas que me pasa con este autor es que, a menudo, pienso "qué listo era el cabrón". Cómo se plantea el mundo, las relaciones, la literatura: a mí me desarma. Me vienen imágenes de la película aquella, "The end of the tour", creo que se titulaba,  con el actor aquel de los teleniecos irreconocible con la bandana, y el pequenio Woody Allen (así se me representa a mí Jesse Einsberg) que hace de entrevistador. Y a la vez que me admira su genio, cuando leo a Wallace nunca jamás me abandona una idea: su suicidio. No sé cómo le leería sin saberlo, pero ya he dicho a propósito de otras obras (en especial el relato "The depressed person"), el dolor que me causa su muerte. 

En algunos de estos relatos aparecen personajes reales, como Lyndon Baines Johnson, 36 presidente de los EE.UU. tras JFK, con fama de personalidad arrolladora o David Letterman,  el showman televisivo. El de Lyndon me gustó mucho, allá por el zenozoico cuando lo leí. En el de Letterman, la reflexión sobre el ridículo: en este show, que va de dejar en ridículo a la gente, si eliges hacer el ridículo de ti mismo, te liberas de que ridiculicen los demás. La sinceridad está muy pasada de moda... hoy se ríen de aquellos que son sinceros. O lo que son "earnest", intensos, pasionales, que se toman las cosas muy en serio. Este es un tema que me fascina, cómo se ha movido el humor en mi (corta) vida, y supongo que por influencia del mundo anglosajón, todos debemos, aunque sea, parecer más "relajados".

Aparecen temas típicamente wallacianos como la metaficción (tema que a los blogueros nos encanta, mirarnos al ombligo, por algo este blog tiene una etiqueta "metadivagando"). La novela corta del final ("Westward the course of the empire takes its way") parece ser que es una respuesta a la novela metaficcional de John Barth "Lost in the Funhouse". Este relatolargo-novelacorta te atrapa con las descripciones de dos personajes que aspiran a escritores, ella un ser odioso "que exuda feromonas aparentemente atractivas solo para las bacterias" y con un gusto por el poliéster y el verde lima (qué pasa con los amantes del lima) y él, uno de esos tipos que lo que exuda es don-de-gentes, y salud (en aquella época en la que aún no existían los gimnasios que manufacturan anatomías que ya no se sabe quien era pálido y débil: hoy cualquiera puede parecer moreno y fuerte). De cómo acaban en una reunión de todos los ninios que han aparecido alguna vez en una anuncio de McDonalds en los últimos 30 anios parece que va el relato: en realidad de consumismo  ("producimos los que te hace querer necesitar consumir"), de separar postura y pose, de que te ensenien cómo pero no porqué escribir, de ninos que salieron del útero ya fastidiados, de entradas vacías por las que solo quieres salir, de que escribir ficción es contar mentiras, y que solo nos creemos lo que de alguna manera ya creemos. Todo esto con el marco de campos y campos de maíz en Illionis, con nubes inmensas que se acumulan en el horizonte amenazantes, "nubes con ambición arquitectónica casi trumpista" (aviso: 1989, y ya Trump-bueno, no olvidemos su omnipresencia en Bret Easton Ellis).

En "Here and there", las dos partes de una pareja hablan de su relación simultáneamente. Cuando finalmente su relación se transforma en sexual, a él le deja de interesar (no era esta la historia del coco que les contaban a nuestras madres?) Pero Wallace habla de este chico como alguien que quiere "querer/desear" en lugar de "tener". Que en este caso lo aplica a sexo, pero su abrimos el zoom, puede ser Itaca otra vez: al llegar al puerto, te decepcionará, mejor seguir andando, buscando, deseando, que llegar?

Y yo a veces me pregunto porqué me aburren los deportes, cocinar, o las manualidades. En algún momento llegué a la conclusión de que lo que me gusta es continuamente meter nuevas ideas en mi cabeza. Debates en la radio, libros donde subrayar, películas... qué me pasa? Y aquí me he dado cuenta de que no estoy sola: como uno de los personajes de la novelacorta del final, soy una "ideas person" (persona de ideas, vampira de conceptos). Y esto no tiene que ver con ser inteligente... ideas buenas o malas, que completan toda tu carácter y manera de ver la vida. 


"Ideas. He is an idea man. It has nothing to do with how intelligent he is, or isn't. Ideas, good and bad, but always bloodless, just kind of inform his whole character and outlook"


Hasta el próximo, David, me espera en la estantería "Oblivion". Nombre que siempre me ha gustado tanto por su significado como porque así se llamaba antes el bar de debajo de casa...