14 de octubre de 2017

Lucha de yos: a cual dejas a cargo de tus vacaciones?

6 divagues
En el libro que estoy leyendo (Homo Deus, de Harari), para explicar la diferencia entre el “yo que vive la experiencia” y el “yo que se la narra” hacen un experimento. Pero antes: el yo-experiencia es nuestra consciencia en el momento, y el que narra es el recuerdo que tenemos más tarde. Está claro que los dos no van de la mano: si así fuera, nadie se animaría a, por ejemplo, tener un segundo hijo (informo: después de pasar el dolor extremo del primero). Las mujeres sufrimos ese dolor en el momento (y en algunos casos, durante horas) y luego, pasado el tiempo, se recuerda una nebulosa. Y lo vuelves a hacer. Hay experimentos que demuestran que al yo narrador no le da demasiada importancia a la duración del proceso, pero sí a los picos y al momento final, y hace una especie de media.

Pero las decisiones más importantes de nuestra vida son tomadas por nuestro yo narrador, el de las historias-bolas- que nos contamos. Elección de pareja, de trabajo, tipo de familia... Y para demostrarlo, aquí va el experimento.

Imagina que te ofrecen dos vacaciones y tienes que elegir. La primera consiste en ir a un sitio que está bien, correcto, no sé, una ciudad bonita y civilizada, donde puedes pasear y aprender. Vuelves satisfecha, pero tampoco es el éxtasis. La segunda consiste, sin embargo, en el éxtasis padre: la mejor vacación que nunca hayas podido soñar. Cierra los ojos y piensa. Para algunos será irse de escalada a tal montaña, para otros visitar los parques temáticos de nosedónde, para los de más allá seguir la ruta que hizo Darwin, para mí, ir a un sitio con historia, mar transparente, paisajes impresionantes, buena arquitectura  y poca gente. Imagina esas dos vacaciones, y puedes elegir una, pero hay una condición: si eliges la segunda, ese viaje que siempre has soñado, en el  trayecto de vuelta final has de tomar una pastilla que te hará olvidar todo lo que has vivido. Qué eliges?

En mi estudio reguleramente científico (n=2) Peda y Mini ambos votaron por la segunda: la mejor vacación y olvidar, antes que una mediocre que siempre se recuerde. Yo comienzo a pensar y, qué angustia! Yo, que fotografío y escribo y cuento y grabo para atraparlo todo. To-do. Qué agonía, qué difícil: no somos lo que hemos vivido? Pero dónde queda el carpe diem, vive el momento?

En un rato volamos a Malta, esa isla del Mediterráneo que nos ha recomendado un amigo del club de los 100 (ha estado en más de 100 países). Y me pregunto: en el avión de vuelta me diré, vale, dame la pastilla, porque no cambio esto por unos días recordables en una destino correcto sin más? Atentos a este espacio...


11 de octubre de 2017

Día de la Niña 2017

6 divagues
Todos los años hago un divague en este día, el 11 de Octubre, el día internacional de la niña. Este año he encontrado videos en castellano... hay que verlos!

Va por vosotras, todas las niñas. Sois el futuro.



8 de octubre de 2017

Ermmm... no había caído que mi trabajo consistía además en vender?

5 divagues
 No hay dinero en ningún sitio: desde luego, no es los servicios públicos británicos. Hecho. Años de terribles recortes tories se van notando y la situación está chunga. Consideración ética. 

Pero antes de explicar mi último dilema: veamos brevísimamente cómo funcionan los servicios públicos (sí, este párrafo es necesario). La gente pagamos impuestos, que el gobierno recauda. De este bote central, el dinero se distribuye entre los organismos públicos, como educación, salud, policía, prisiones, servicios sociales, según las áreas-esto último implica que puede ocurrir que tu servicio de salud financie, por ejemplo, ciertos medicamentos o tratamientos de fertilidad, y en otra zona no. Se llama "lotería del código postal". 

En la parte de arriba de estas organizaciones públicas hay unas figuras llamadas "commisioners", que son los que manejan el presupuesto asignado a su tema en su área.  Por ejemplo, un servicio de salud de un barrio puede decidir, como he dicho, gastar su dinero en tratamiento de fertilidad y otro en una medicación nueva. También pueden "comprar" servicios: por ejemplo, prisiones puede comprar a un servicio de salud para tratar a presos con problema de abuso de sustancias, o de salud mental, o física.  

Todas estas decisiones llevan a movimientos de dinero de todos entre servicios públicos (exacto: mucha bucrocracia y pérdida de tiempo). Pero nos podemos dar por contentos cuando el dinero simplemente se mueve entre servicios públicos. Hoy en día, y cada vez más, hay empresas privadas que compiten con el Aparato de los Público, y en el clima de estos gobiernos neoliberales que sufrimos, esto es permitido y animado. Muchas clínicas privadas pueden hacer el trabajo de lo público por menos dinero precisamente porque no tienen el "Aparato": en lo público todo está supervisado, la gente necesita hacer cursos regularmente (algunos estúpidos como "seguridad, incendios, et al") y hay que hacer las cosas de una determinada manera que cuesta mucho dinero. Pero eso es otra historia.

Yo lo que querías contar hoy es que yo tenía un trabajo, y ahora tengo uno y medio. El trabajo que yo firmé es para el que estudié en la univestuta, seguido de un montón de años en la isla de aprendiza de bruja, que culmino en Bruja Suprema. El nuevo medio trabajo añadido es algo que nunca hacían las Brujas Supremas, para lo que no me he formado, y que nunca me ha interesado: vender. Antes, los "clientes" llegaban solos; ahora, como tenemos que competir con todas esas organizaciones privadas (muchas sin ninguna solvencia científica, pero con mucha teoría de marketing), la cosa se complica.  

Los gerentes de mi curro tienen dos soluciones, las dos fallidas: 1. creen que la gente no nos conoce ahí fuera, que ofrecemos un servicio serio, científico y en profundidad, pero ahí fuera no lo saben. Luego yo -no otra persona que sepa de ventas, bajo mi guía- tengo que hacérselo saber,  y en efecto "atraer clientes". Y 2. el servicio serio, científico y en profuncidad que ofrecemos es-los gerentes consideran- en el fondo demasiado serio, científico y en profundidad... todos esos privados son más baratos porque (además de no tener que cumplir todos las regulaciones nuestras) ofrecen un servicio de charanga, no-científico y superficial. Esto implica que pueden ofrecer más cantidad que nosotros, a costa de la calidad. Esto les importa a nuestros gerentes? ja! Está claro que no quieren solomillo, quieren una hilera de salchichas. Muchas salchichas. 

Como el numero 2 me horroriza, me he lanzado al 1. Y ya hemos probado todo de lo tradicional, como escribir artículos en revistas especializadas, ir a dar conferencias, abrirnos una página web. Ahora... pasemos a la "social media" (redes sociales), de donde debo ser la gurú. Renovarse o morir. 

Así que ahí me tenéis, pasando mi tiempo en algo que debería hacer "la de marketing", una chica joven que acaba de empezar y que nos dice a todos los equipos cómo vendernos. Pero ella no puede hacer nada, la pobre está tan ocupada. Vale, maja, ya lo hago yo, que no tengo nada que hacer. 

Mi equipo está ahora en twitter, y aquí os escribe la mente detrás de la cuenta: esperando que me retuitee algún alma cándida que tenga millones de seguidores para ver si nos toca la lotería. La que firma se ha tenido que abrir una cuenta de Linkedin, donde invito a conectarse conmigo a completos desconocidos: no a colegas o a investigadores de mi mundo, sino a gente de esas otras organizaciones públicas que potencialmetne pueden "comprar" nuestros servicios. Oh, y ya que estamos de confesiones, he caído en lo más bajo: me he visto obligada a abrir un grupo de Facebook con el nombre del equipo (aquí sí que no nos sigue ni el Tito). También tenemos un blog, en la web. Un blog que escribo y edito con muchas menos ganas que este, por si acaso alguien piensa que estoy poniendo los cuernos a Lodedi. 

Mañana, nada más llegar, en lugar de ver a gente, editar informes, solucionar problemas (lo que venía siendo mi trabajo), tendré que empezar por mi medio-nuevo trabajo: comprobar quién nos ha gustado, retuiteado en twitter, qué desconocido ha aceptado conectarse conmigo en linkedin, quién ha comentado en nuestro blog y constatar que seguimos obteniendo solo el eco de nuestro eooooo en Facebook. Y me reúno con la de marketing a las 10, para "nuevas ideas".

Toda esta pataleta (o "búsqueda interior") tal vez este solo parcialmente justificada. Odio vender, pero al menos -a día de hoy, todavía-  creo en la bondad de lo que vendo. Qué debe ser  vender mierda en la que no crees, que sabes la gente no necesita? Se lo preguntaré mañana a la de marketing. 



3 de octubre de 2017

Dinero y Literatura

7 divagues
Hoy ha entrado en casa nuestro primer billete de £10 con Jane Austen. Lo sacó el Bank of England el pasado 14 de Septiembre, tras la campaña de una activista feminista llamada Caroline Criado-Pérez, que consiguió miles de firmas en Change.org. Su campaña actual es conseguir que en Pairlament Square, la plaza de las estatuas detrás del Big Ben, donde hay once "grandes hombres" (Churchill, y demás) pongan una de Millicent Fawcett, sufragista. 

"Declaro que no hay otra diversión como la lectura"


Estuvimos este verano en el Bank Of England, donde había una exposición llamada "Stories from the City. The bank of England in literature" (Historias de la City. El Banco de Inglaterra y la literatura). Quién iba a decir que el Banco de Inglaterra tenía conexiones literarias? 

Para empezar, Austen no es la primera escritora en aparecer en los billetes (perdón, sí que lo es, lo que hubo antes fueron escritores):  Shakespeare en la de £20 y Dickens, en la de £10 (Dickens además incluyó una visita de los personajes de "The Pickwick papers" al Bank of England)

La vida del escritor demasiadas veces se tiene que sustentar con trabajos alimenticios, así que hubo algunos que trabajaron en el Banco (Kennet Grahame-el autor del clásico infantil "The wind in the willows" fue el Secretario del Banco; el poeta victoriano Robert Browning por los pelos se escapó de trabajar ahí, muchos de su familia lo habían hecho). Otros escritores como TS Eliot o PG Wodehouse trabajaron en la City. 

"La vuelta al mundo en 80 díascomienza con un robo en el Bank of England,  y numerosas obras de ficción hablan de crisis económicas, o de gente que lo ha perdido todo por inversiones poco estudiadas. No he leído aún "Capital" de John Lanchester, pero es una respuesta a la crisis de 2008.

Mi relación con Austen ha sido mínima. Solo he leído "Pride and prejudice" ("Orgullo y prejuicio") y creo que me quedé ahí porque poco antes o depués leí a George Eliot (que, por cierto, visitó el Bank of England y firmó un billete en 1874). "Middlemarch" (no, no busquéis enlace, lo leí en la pre-distoria, y aunque he buscado en los docus de word que escribía preblog, no hay divague) es un novelón de tal magnitud que la de Austen parecía a su lado una novelita de costumbres. Así que seguí leyendo otras cosas, y me olvidé de Jane. 

Pero parece que el dinero es un tema importante en sus novelas (lo es en "Orgullo", donde un personaje es despreciado por haber hecho dinero con los negocios, vs. vivir de las tierras que es lo que se llevaba en aquella época. Supongo que a los negociantes se les veía como a los nuevos ricos hoy en día... tienen pasta pero no "pertenecen") En la época de Austen el matrimonio establecería la posición de la mujer, ya que su estabilidad financiera dependería del marido. Buf.

En contraste con sus personajes, como buena victoriana escritora independiente, Austen no se casó, y su situación económica fue más bien precaria tras la muerte de su padre. Hace poco hice un curso de literatura a distancia. A menudo usaban "Emma" para ejemplificar técnica literaria, y me pregunto si es mi momento de volver a leer a Austen. 

Pero por dónde empezar?

1 de octubre de 2017

Va por todas las vidas que podríamos vivir

9 divagues
Hace siglos, en el pleistoceno del divlog, hice una serie sobre surf, un deporte que en mi vida he practicado-sería un desastre-, pero que me deja embobada ya solo vicariamente. Qué debe ser subirte tú misma a una tabla y ...volar. Creía que había hecho también un divague a propósito del famoso artículo de Susan Orlean ("Life's swell"), sobre la chicas surfistas de Maui, Hawai. Pero no, así que recomiendo leerlo directamente.

Ayer en una de esas revistas de deportes extremos que dan en el metro me encontré con una entrevista a Laird Hamilton, el controvertido surfista de 53 años, porque se acaba de estrenar (ha estado en el Festival de San Sebastian) un documental sobre su vida. Se titula "Take every wave" (Coge todas y cada una de las olas), y va un poco de su filosofía de vida: no dejes pasar una sola oportunidad, vive el momento, aprovecha el miedo. Aparecía en una foto inmerso en cubitos de hielo, y contando cuánto se aprende del dolor (hay que estar en esa mentalidad para ser deportista de élite, supongo-eso o estar en alguna secta). Su motto es "no dejes que tus recuerdos sean mayores que tus sueños". Me dió que pensar: en qué punto la gente normal se plantea que lo que está por venir ya es una cuesta abajo, ya es decadencia, enfermedad, dolor, y muerte? En qué punto la gente quiere dejar de aprender, de ver, de compartir? Igual ese es el momento verdadero del declive, y eso es lo que significa, para el común de los mortales "Take every wave"... el viejo "Carpe Diem". 

Laird: va por todas las vidas que podríamos vivir.


25 de septiembre de 2017

"Posesión. Un romance" de AS Byatt: Thriller metaliterario, crítica de poesía victoriana, sátira.

14 divagues
Los caminos por los que se llega a un libro predisponen a lo que va a ser nuestro encuentro con él. Si lo ha recomendado ese amigo del que te fías ciegamente, si en una entrevista un autor que te gusta habla de él, si es un clásico que sabes cuenta con la aprobación de los entendidos. Así que, qué extranio es, por lo menos para mí, lanzarme a un libro que nadie me ha recomendado, que no conozco a nadie que lo haya leído y que descubro por casualidad. 

Fue una tarde en Foyles Royal Festival Hall en el Southbank. Pasábamos uno de esos ratos maravillosos en lo que cada uno nos vamos a una sección (flashbacks de Mini, pequenísima, en la zona infantil con cuentos) y exploramos. Me detuve en una de esas secciones en las que apilan libros con un titular, concretamente "Modern Classics", y junto a los sospechosos habituales vi un libro cuyo título me tiró para atrás: "Posesión. Un romance", de la autora A.S.Byatt, que había sido premio Booker en 1990 (como el anio pasado fue "El vendido" de Paul Beatty). Pese a todos los prejuicios del mundo, el que fuera calificado por los libreros de Foyles como "clásico moderno" me hizo darle la vuelta y, al leer la contratapa, inmediatamente quise tenerlo. Posesión: lo mío con los libros.

Cada vez que he comentado a conocidos ingleses que leía "Posesión", nadie sabía de lo que hablaba, y probablemente pensaban en una novela de terror, tema diabólico, ninia del exorcista gira la cabeza en el fondo. Lo de "un romance" ni lo decía, al fin y al cabo está escrito muy pequenio debajo.  Pero antes de empezar la novela (que tiene mucho de Crítica Literaria) ya Byatt nos deja claro en la cita de Nathaniel Hawthorne que "romance", además de una historia de amor, significa en la tradición literaria una obra que intenta conectar tiempos pasados, casi de cuento de hadas, con el aquí-y-ahora. Aquellas épocas de caballeros con armadura y damiselas en su torre o, como lo define John Mullan, profesor de literatura en University College London: "desde historias medievales de caballería hasta los antiguos cuentos en verso de Keats, Coleridge y Scott, pasando por el arturianismo victoriano de Tennyson (...) a menudo ha existido en antagonismo con la novela, llena de "verdad" vs. el romance lleno de monstruos".

Y eso es lo que pasa en "Posesión", que unos académicos de la literatura de hoy en día por casualidad comienzan a investigar la vida de unos poetas victorianos, a los que tenemos acceso vía sus poemas, diarios, trozos de periódico, y sobre todo, cartas. Porque así comienza la novela: Roland, un académico sin mucho futuro, agonizando en el Departamento de Inglés de una universidad londinense donde su grupo ("la Fábrica de Ash") estudia hasta la saciedad a un famosísimo poeta victoriano llamado Randolph Henry Ash (inspirado vagamente en Robert Browning o tal vez Alfred Tennyson), encuentra en un libro en la biblioteca el borrador original inédito de una carta de Ash a una poeta menor, Christabel LaMotte (inspirada en Christina Rossetti) que ha conocido en una reunión. Que se trata de LaMotte no lo sabemos hasta pasadas unas páginas, tras algo de investigación de Roland, pero lo que es claro es que el borrador era para una mujer que había impactado a Ash, porque en lo escrito había una sensación de "urgencia" (no son así las cartas de amor, en cualquier fase?). Roland se guarda la carta, hasta ahora nunca descubierta, porque se da cuenta de la bomba de relojería que esto puede ser: Ash, el poeta del que todo su equipo y otros académicos internacionales han estudiado, investigado, escrito tesis, libros, etc, podría ser otra persona que no el marido intachable de su esposa, con la que no tuvo hijos. 

La mayor especialista en LaMotte es una académica en el Centro de Estudios de Mujeres de la Universidad de Lincoln. Así que Roland sube a la ciudad, que conozco bien porque está cerca de Nottingham. Lincoln respira alrededor de su enorme catedral, sus calles son empedradas, todo debía ser así en la época victoriana. Es un sitio muy pequenio, pero allí vive Maud, estudiosa de la literatura que no quiere saber mucho más del mundo que lo que le ofrecen sus estudios. Aún así, en una maniana de esas grises y húmedas acompania a Roland al camposanto (prefiero usar esta palabra para que el divagante se haga una idea de los cementerios ingleses- graveyards: una iglesia de torre de aguja, o cuadrada, con un terreno alrededor hasta arriba de lápidas inclinadas, mordidas de musgo, con suerte con un cuervo sobre ellas, y sus cruces gaélicas, y su abandono) donde descansa la poeta LaMotte, y allí, un encuentro fortuito desencadena lo que es, en efecto, una novela de detectives para amantes de la literatura. Porque claro que hay correspondencia entre LaMotte y Ash,  y de quién posee estas cartas va el libro. 

Porque no son Roland y Maud los únicos actores en este escenario: hay muchos más, y todos sirven para pintarnos el cuadro del feroz mundo académico y de sus malvados personajes psicopáticos sin escrúpulos, mundo del que Byatt aprovecha para reírse en su cara. Y la posesión no es solo la concreta de las cartas (que también pasa a ser la razón por la que algunos clavarían puniales, algunos por su valor económico, otros por poseerlas en su vitrina) sino también la que ansía el enamorado de su amado,  la del biógrafo por su biografiado, o el académico por su objeto de estudio. 

Cualquiera que haya mantenido una relación epistolar con una novia o un novio, o un proyecto, se verá inevitablemente reflejado. No solo en la urgencia, descrita anteriormente, sino en la extranieza, la disociación entre la persona de las cartas y la real: llega un punto en el que, si no te conocías mucho al empezar la relación y no te ves, pero te descubres por carta, luego cuando por fin te encuentras con esa persona es imposible que no te ataque la timidez y que te creas que esa persona que tienes enfrente, en realidad es esa que sabe tanto de ti. Además también hay reflexiones sobre este género interesantísimas, y que a los que divagamos así en público nos debería también hacer pensar: Roland se da cuenta de que las cartas son una forma de narrativa que no concibe resultado, cierre. Las cartas no cuentan ninguna historia porque no saben, de línea a línea, dónde van. 

La posesión entra en contradicción con otro gran tema del libro: la libertad de los amantes. En las dos historias de amor del libro este tema está presente: por la correspondencia entre LaMotte y Ash descubrimos cual es la dinámica inicial entre ellos: Ash es el que inicia la correspondencia, la pretende y persigue. Yo no sé si todos los hombres usan la misma narrativa en esta situación: "preferiría arrepentirme de la realidad que de su fantasma, del conocimiento que de la esperanza, del acto que de la duda, de la vida verdadera que de las cosas potenciales". Bla bla bla, claro que este es poeta y lo dice bonito. El viejo rollo: pero recordemos que él es el casado y ella la que no. Christabel Lamotte desde el principio no esconde que ella necesita su espacio, y que lo tiene perfectamente delimitado en su casa de Richmond donde vive con su amiga pintora y los perros. Como esta es la imagen que daba a la sociedad, muchos académicos habían asumido que LaMotte estaba en una relación sexual con otra mujer, y tal vez su furiosa independencia la había hecho más atractiva a las académicas feministas (véase Maud y su departamento en Lincoln). LaMotte intenta elevar muros, con poco éxito, porque aunque Ash le dice que "sabe por propia experiencia la infelicidad que la falta de libertad da a las mujeres", siguen las cartas, la persuasión, la seducción. Al fin y al cabo, es poeta: "porque ciertamente te amo, de todas las maneras posibles para un hombre, y más fieramente. Es un amor para el que no hay lugar en este mundo, un amor que mi razón disminuida me dice que no nos puede ni hará a ninguno de los dos ningún bien"



Imposible no invocar aquí a Virginia Woolf y su "una mujer tiene que tener dinero y una habitación propia si quiere escribir", porque eso lo tiene LaMotte grabado a fuego: "llevo la libertad de vivir como vivo, de dirigir mis asuntos, de hacer mi trabajo con mucho celo". Es, desde luego, una novela feminista, en la que se habla de las "mujeres domesticadas" (igual que domesticaron animales, los hombres domesticaron a muchas mujeres-algunas siguen hoy), de cómo es posible que en el ajedrez la mujer pueda hacer movimientos largos y en diagonal, justo lo opuesto que en la vida, o de la suerte de las mujeres en los departamentos universitarios al ir cumpliendo anios. Se lo cuenta a Maud una companiera que lleva allí toda la vida: "no te puedes imaginar cómo era en los 60, a las mujeres no se les permitía entrar en la sala común, y todo se decidía en el pub, donde no éramos invitadas. Estábamos agradecidas por tener trabajo. Pensábamos que era malo ser jóvenes y algunas, atractivas. Todo empeora cuando envejeces: hay una edad en la que una se convierte en una bruja y, como siempre pasa en la historia, hay cazas de brujas". 



El tema de la libertad opuesto a la posesión amorosa se replica, en el presente (nota: el libro está basado en 1987, con lo cual no había internet, móviles ni ninguna de esas cosas que gente que no vivió en esos anios podrá entender. El que visitó departamentos universitarios en los 80 recordará el olor de papel amarillo, polvo, y tabaco inequívocamente: y pocas cosas son tan evocadoras como el olor) con Maud y Roland: ambos estudiosos que con lo que suenian es con una cama individual, blanca, con todo el tiempo del mundo, para estar en soledad. Ambos comparten esa pasión por pasar tiempo con uno mismo que necesita todo académico, todo lector, todo el que ama aquello que es incompatible con el ruido. Cuando se conocen, esta es su principal coincidencia. Aparte de que él es un experto en Ash y ella en LaMotte, y ambos quieren la respuesta al misterio. 

Siguiendo con la crítica literaria, la poesía victoriana tenía intereses extranios como los insectos, y estaban fascinados con lo paranormal (se hacían espiritismos, y otros intentos de conexión con el más allá). Byatt ha llenado el libro de larguísimas poesías de Ash y LaMotte, que estoy segura habrán hecho la lectura aún más interesante para el que las haya leído en profundidad. Yo he de admitir que me las he saltado casi en su mayoría porque leer poesía en inglés no es lo mío: la poesía es como la música, tiene un ritmo y una cadencia, y te va directa al corazón. Así lo define Ash: "lo que me hace poeta, y no novelista tiene que ver con lo cantarina que puede ser la lengua misma. Porque la diferencia entre los poetas y los novelistas es esta: los primeros escriben por la vida del lenguaje, y los últimos para mejorar el mundo". Es muy raro que yo conecte en inglés, y mucho menos con poemas de 70 versos sobre insectos y hadas del bosque. Claro que estoy segura que hay cambios en el estilo de Ash y LaMotte tras su relación que se podrán captar allí. Sé que en algún foro, algún lector exigente ha dicho que las poesías no están a la altura, pero no puedo comentar. Solo para el lector al que atemorice las páginas de poemas: puede saltarlos y disfrutar de la novela. 

Por último, su tratamiento de la muerte, tan certero. Está presente -que no omnipresente - en la novela, y aquí volvemos a invocar a la Woolf, y la Gran Tormenta de 1987 que le da un toque gótico a una escena de camposanto nocturno final donde los héroes y los villanos van a ajustar cuentas, y, sobre todo, la descripción desolada de quien se queda cuando el amado, al que poseíste, o creíste poseer, se va para siempre. "Inmediatamente tras la muerte, parecía él mismo, tranquilo, descansando. Ahora que se había ido, no había nadie allí, solo un simulacro huesudo (...) y le dijo a la cosa en la cama: "dónde estás"". Este trozo también me ha conmovido.

Sigo sin conocer a nadie que haya leído "Posesión. Un Romance", y esta soledad es extrania y desasosegante. Porque cuando un libro te atrapa durante dos semanas, lo que quieres es compartirlo y que otros se ayuden a desentraniar quién al leerlo posee a quién. 

20 de septiembre de 2017

"Leviatán o La Ballena": La obsesión de Ahab sigue viva y coleando

24 divagues
En Julio de 2016 nuestro amigo JA, que vive en la Ciudad de México, vino a pasar unos días con nosotros, y se trajo a A, un amigo de Madrid al que conoció no recuerdo si en China o dónde, pero a ratos hablaban en chino (y no es una metáfora) y también en castellano de su pasión compartida por el país del dragón. Aquí pasamos casi una semana que recuerdo de grandes sobremesas, particularmente las de los desayunos del finde, que se transformaban en "brunch" (y esta es una palabra que también tengo casualemnte asociada a JA, que nos llevó a Chinatown a tomar el brunch aquella vez que le visitamos en Nueva York, allá por 1998... madre mía, hace casi 20 años!).


Pero divago: en esa sobremesas hablamos de política, de México, del Brexit, de Espania, de China, de neoconfucianismo (me prometieron un divague que yo pudiera colgar aquí, pero JA envió prácticamente una tesina), de viajes, de libros... y entre ellos, por supuesto Moby Dick. Tanto les debí dar la paliza que un día, de vuelta del centro me trajeron "Leviathan, or The Whale" (Leviatán o La Ballena) de Philip Hoare (2008), que ganó el premio de Samuel Johnson de no ficción en 2009. Como ya se sabe, soy lenta con los ensayos, que se apilan en mi estantería-mesilla de noche (mi cama está en una esquina, así que en mi lado no hay mesilla posible. Lo que sí hay es una librería detrás del cabezal hasta el techo,  y en la estantería más baja suele estar el libro que leo y estos múltiples ensayos a medias). Este no ha sido una excepción: me ha costado casi un año leerlo. 

Y no porque no lo haya disfrutado, o porque un ensayo de más de 400 páginas dedicado a mi animal tótem no pueda llegar a atraparte, pero me ha gustado leer un capitulo aquí, otro allá. Hoare es un obseso de las ballenas: sabe muchísimo y lleva toda su vida detrás de ellas. Este año ha publicado Risingtidefallingstar, el último de una trilogía del mar. 

Parece que la pasión por estos cetáceos suele empezar en la infancia: así le pasó a Hoare, que es de Southampton, frente al mar, y a mí, que vengo de un sitio, como diría Sabina "donde el mar no se puede concebir". No sé de dónde viene, pero solo se que ya de niña me fascinaban estos animales enormes que habitaban las profundidades marinas y resoplaban como géisers marinos.  Recuerdo que una niña de mi clase había visto una peli titulada "Orca la ballena asesina", y yo no daba crédito: los malso eran los tiburones, no mis ballenas.

Para empezar, en el libro de Hoare aprendes la diferencia entre orcas y ballenas (las orcas no son ballenas, pertenecen a la familia de los delfines), y muchas cosas más. El que consideró que Melville en Moby Dick escribe una enciclopedia de ballenas en algún capítulo (o de filosofía, por algo dedica uno entero a "la blancura de la ballena") que le quede claro: Hoare es otra enciclopedia. 

Y sí, tiene un capítulo dedicado a Herman Melville y Moby Dick y aprendes muchas cosas del autor, incluída su amistad con Nathaniel Hawthorne, de su época en Londinium (os acordáis del divague que os hice foto a la placa azul en la casa donde vivió?), de la historia del Essex, atacado por una ballena que parece le inspiró para escribir su novela. 

Hoare escribe trazos de novela histórica, y llegas a entender lo enorme que fue el negocio de la caza de ballenas hasta los años 50, y cómo en la época victoriana las ciudades se iluminaban gracias al aceite de ballena. Cuando llegaron nuevas formas de energía fósil, entonces parece que el mundo despertó y entró cierta ansiedad por "salvar a las ballenas", cuando estaban ya prácticamente exterminadas. 

A ratos es literatura de viajes, porque Hoare nos lleva a la meca del turismo ballenero, en la costa este de norteamérica, Nantuket, New Bedford, Cape Cod, Provincetown. Hace tiempo que tengo ganas de hacer ese viaje, desde Boston recorrer la costa, y pararme ante las casas (que imagino exactamente como en al peli de John Houston, iglesia con púlpito proa de barco incluída) e imaginar que una de ellas fue la fonda donde durmió Ishmael. En el penúltimo capítulo habla en detalle de un segundo destino del turismo ballenero; las Azores. Cómo me gusta la imagen que ha puesto en mi cabeza: estas islas volcánicas nacen de la confluencia de tres placas tectónicas (Africa, Eurasia, América), y Hoare sugiere imaginarlas como lo mas alto de una cordillera submarina más enorme que el Himalaya (en realidad no tanto, la profundida alrededor de las Azores creo que alcanza los 2 kms). 




En el último capítulo Hoare nada con una ballena: es muy poético, la manera como describe lo que acaba siendo un baile, cómo se sincronizan, se mueven. Qué pánico, qué emoción. Sé que nunca me atreveré a hacer eso... como máximo me sobrepondré al terror de volcar en uno de esos barquitos de turista petardo donde te llevan a verlas, tras un aletazo de la ballena. No pudimos hacerlo cuando estuvimos en Patagonia (donde se ven en Puerto Madryn) ya que se acababa la temporada (en Diciembre). Pero ahora me planteo si algún día voy a Nantuket, o a las Azores, si debería dejarlas en paz, y simplemente pasearme por las calles. Claro que no puedo ni imaginar la emoción de ver a una, resoplando ahí en el horizonte, y enseñado su aleta doersal mientras se escurre de nuevo bajo el agua...



Maravillosa ilustración de Rockwell Kent para "Moby Dick"