25 de febrero de 2013

"Sí, quieres?" Invectiva contra el matrimonio

46 divagues
No les pasa a otros blogueros que en diversas situaciones de la vida 3D, quien dice una cena, dice el pasillo del trabajo, cuand se plantea un tema ya manido te dan ganas de decir "esto lo divagué yo aquí"? (y darles el enlace). Siguiendo esta serie de "relaciones", me veo obligada a divagar sobre el matrimonio para, de ahora en adelante,  referir a la gente aquí. Y eso que una va teniendo una edad, y ya el tema casi no ha lugar, pero en el pasado... La que recuerdo con más claridad fue hace años, cuando todo el mundo se estaba casando-y yo aún no tenía blog-, y un primo del Peda me preguntó por nuestras razones para no hacerlo. Recuerdo escribirle un mail pormenorizado, que es una pena se haya perdido, porque podría cortar y pegar y me saldría el divague. Lo que recuerdo es que el primo, entre nosotros, -para qué falsas modestias-, no estuvo a la altura cuando contraataqué con el "por qué te casas tú". Porque sigo soltera.

 

Históricamente, el matrimonio ya no parece una institución (déjenme citar a Groucho: "una gran institución. Si usted quiere vivir en una institución") muy amigable para las mujeres. Y hay muchas teorías (algunas según las culturas) sobre su origen: que si para asegurar la legitimidad de sus hijos a los hombres, para tener la exclusividad sexual, para institucionalizar el acceso -limitado-a las mujeres fértiles... Parece ser que en la época antigua, el matrimonio ocurría solo entre ricos y poderosos, porque se trataba de asegurar que la riqueza era transmitida y se quedaba en los mismos grupos (suena de algo?). A partir del SXII las mujeres tenían que tomar el nombre del marido (una posesión más). Para más detalles históricos (que a mí me va a salir un salpullido si sigo), hagan google o miren el esquema de al lado.

No hay duda de que el matrimonio ha sido y sigue siendo una institución machista. ha servido para controlar a las mujeres y, hoy en día, en nuestra cultura, para desmotivar a la independencia. Esto afecta a mujeres en todo el arco social: desde aquellas que ganarían tan poco que "total, para esto, mejor me quedo en casa porque con lo que pagaríamos a una canguro..." hasta aquellas Barbies que se casan con un ex-Beatle y luego esperan millones por haber quitado las babas (digo convivido) tres años con el Abuelito Universal. 

Al final, tenemos lo mismo: o una mujer pobre no cualificada (como su marido) pero que se queda en casa y cuando el amor salta por la ventana, se queda colgada, o una recauchutada cuyo futuro consiste en contárselo a una revista que la pobre que se quedó en casa comprará. Dos modelos de mujer que no quiero que siga mi hija.

Y hablando del "amor que salta por la ventana", el matrimonio es también una institución mentirosa. Alguna gente se casa... por amor!!!! Y lo creen! Qué necesidad hay, si de verdad quieres a alguien, de hacer un potlach en el que eres patético rey/reina por un día? Un día en el que has de representar el "papel de enamorado" ante un publico ávido de ñoñería, con humillantes documentos gráficos para la posteridad mirándote a los ojos, o de carnaza "que se besen, que se besen!", o yo que sé.

Pero desde el feminismo no todos los frentes están tan claros. Por ejemplo, cuando se habla de los derechos a que las mujeres sean curas-o incluso obispas, en el UK-, siento decir que mi activismo habitual con los temas de género se queda por un lado adormilado. Para mí, con la iglesia, cuanto peor, mejor. Cuanto más machista e irracional, un pasito más. Luego surge el tema del matrimonio gay, y me pasa algo parecido: no es que tenga nada en contra de que los gays vivan en pareja y tengan los mismos derechos fiscales y universales que los heterosexuales, sino por el tema "matrimonio". Estoy en contra del matrimonio.

Hace unos días Suzanne Moore publicó un artículo  en The Guardian, en el que explicaba mucho mejor que yo lo que piensa del matrimonio gay. No por gay, sino por matrimonio. No hay que darse palmaditas en la espalda porque ellos y ellas se puedan casar... el matrimonio no es una institución basada en la igualdad, más bien al contrario. Todos los estudios muestran que el matrimonio sigue siendo mejor para los hombres (viven más casados, las mujeres menos), y cuanta más independencia económica tienen las mujeres, más piden el divorcio. Algunas parejas siguen juntos tras los años porque realmente esa pasión inicial se ha transformado en algo muy chulo (de lo que hablábamos ayer, "Aún me interesas, me estimulas, me ayudas, me consuelas y te importa a medida que cambio y crezco? Y te intereso, estimulo, ayudo etc a ti?”), pero la mayoría, seamos realistas, han sido "domesticados en la monogamia", siguen juntos "por los niños", o por miedo al cambio, o por pavor a estar solos, o porque son una berza.

El matrimonio es un contrato sobre la propiedad. En lugar de extender esta peste a todos, no deberíamos buscar un mundo donde el control del más débil, la promoción de la dependencia, y la deshonestidad contigo mismo y con el otro sean algo contra lo que luchar? Queremos seguir perpetuando una tradición machista y mentirosa? Sí, quieres?

"No, No quiero".

20 de febrero de 2013

Por qué la amistad entre hombres y mujeres ha sido tan difícil. La "Amitié Amoureuse"

25 divagues
Ayer divagaba sobre una carta pre-matrimonial que desafiaba lo que era la idea de "un buen matrimonio" en 1931. Han pasado muchas décadas y hemos visto en esta relación hombres-mujeres, todo tipo de fluctuaciones y modas. No nos engañemos, muchas veces orquestadas desde arriba por el momento económico y político: cuando los hombres volvían del frente tras las guerras y tenían que encontrar un trabajo, se expulsaba de nuevo a las mujeres de las fábricas en aras de “los niños hasta que tienen 37, con quien mejor están es con su madre en casa”.

Pero no todas las relaciones entre los géneros ha de ser “de pareja” (se entiende, sexual). Hay gente que sostiene que la amistad entre chicos y chicas es posible, e incluso deseable. En mis pequeños estudios sociológicos altamente no-científicos (i.e. barra de bar, mesa de cena) me he encontrado de todo, y tal vez más escepticismo por parte de ellos por aquello de que el sexo interfiere.

Así que recurro a uno de los libros que habla sobre el tema “An intimate history of humanity” de Theodore Zeldin, un historiador de Oxford, del que ya hablé aquí. Para explicar por qué la amistad entre los géneros ha sido tan difícil, Zeldin propone la teoría del “miedo a lo diferente”. Zeldin dice que, aunque la respuesta más frecuente es que la dificultad radica en el sexo, los que esto afirman olvidan que la amistad de los hombres entre ellos, la amistad en general tampoco ha sido fácil. Durante la mayor parte de la historia, la amistad tuvo poco que ver con el afecto: un amigo era un protector, alguien con quien se intercambiaban favores. Para huir de la diferencia que nos atemoriza (y si los amigos han de ser idénticos, entonces el hombre y la mujer no tienen nada que hacer) hay que entender que esto viene de lejos: Carnegie, el autor del famoso "How to make friends and influence people" (1936) (“Cómo hacer amigos e influir en la gente") aconsejaba para triunfar en esto de la amistad "sonreír, no discutir, nunca quitar la razón, ser un tipo amable". O sea, "no seas diferente de los otros, y serán tus amigos". No seas tú mismo, que no te descubran. Shakespeare ya había escrito que la "amistad es sobre todo fingir". 

Zeldin hace entonces un recorrido histórico sobre la amistad intra-género apasionante. Lo que sigue son unos extractos:

El contacto corporal no siempre fue tabú
Los hombres no han estado siempre obsesionados por el sexo cuando están cerca de una mujer. En el SXII, muchos caballeros no esperaban que su devoción por la damisela fuera consumada. En la época de Samuel Pepys era costumbre en el cortejo el que el hombre fuera invitado por la mujer a "bundle" en su cama. “Bundle” consistía en abrazarse, hablar y dormir, todo con la ropa puesta. Solía ocurrir en invierno y tras la misa dominical, y no solo con parejas: un marido podía invitar a amigos a "bundle" con su mujer o sus hijas. Esta costumbre ocurrió en Inglaterra, América, Holanda, y continuó hasta 1827 en Cape Cod. 

O sea, solo en los dos últimos siglos se ha establecido el tabú sobre el contacto corporal, y la copulación se ha tornado el símbolo de la intimidad. Pero la intimidad ha significado diferentes cosas durante la historia. Originariamente iba sobre espacio y objetos, por ejemplo, una habitación íntima. En el matrimonio, intimidad significaba vida doméstica. En países donde hay costumbres antiguas, tocar constituye el signo mayor de intimidad.

El romanticismo
Los románticos añadieron la unión sexual como la manera de lograr esa unión de dos almas.   Los clásicos ya habían admirado esta unión del intelecto, pero la restringían solo a los hombres. Una de las consecuencias de que los hombres tuvieron que enamorarse románticamente para casarse fue que las relaciones casi-románticas entre hombres declinaran, y ellos debían exhibir su dureza más agresivamente, para compensar por lo que temían pudiera ser tomado como debilidad. El hombre tenía que pedir matrimonio y ella debía enamorarse antes que tener sexo. 

La gran innovación fue que el "sexo nos mantendría felices para siempre". De esa manera no tenían que preocuparse si no tenían nada que decirse, no había necesidad de amar a su pareja como individuo, porque lo que uno amaba por encima de todo era el amor, estar enamorado y ser amado.

Toda esta fase transicional en la historia de las relaciones entre hombre y mujer fue por la dificultad que habían tenido en comunicarse. Y resultó ser una gran solución momentánea, uno de los mejores inventos de la  humanidad (que se mantiene hasta nuestros días): ya no hacía falta comunicarse, luego una relación desigual pasaba a ser aceptable... hacía al amor inexplicable, idealizando al ser amado, y manteniendo la pretensión de que el amor nunca se acabaría.  En el SXVIII se preguntaron si era el sexo o la amistad lo que mantenía mejor un matrimonio, y llegaron a la conclusión de que era lo primero.

La intimidad de las mentes
Sin embargo, más recientemente, un tercer tipo de intimidad entra en juego: la intimidad de las mentes, propia de la gente que lee, observa, y explora en la vida. En lugar de preguntarse mutuamente: "Estas aún enamorado de mí?", se preguntan "Aún me interesas, me estimulas, me ayudas, me consuelas y te importa a medida que cambio y crezco? Y te intereso, estimulo, ayudo etc a ti?” Entrar en la mente del otro de esta manera no envuelve ni sumisión ni dominación: la pareja intenta escucharse, a la vez que permanecen independientes.

Así que la pregunta del millón es ¿cómo combinar estas formas de intimidad y tener lo mejor de ellas? Durante dos siglos, por lo menos entre los pobres, se ha intentado combinar el matrimonio y la amistad en uno, pero esta fue una solución frágil, colapsando frecuentemente en divorcio. La razón es que la amistad era apuntalada solo desde dentro, no había provisión de amistades del otro sexo fuera del matrimonio, que entonces podía romperse ante el menor ataque de celos. Las amistades fuera del matrimonio eran sospechosas, y mucha gente las declaraba imposibles. La opinión general es que las mujeres y los hombres tenían actitudes diferentes con respecto a la amistad: para los hombres era hacer cosas juntos, y para las mujeres implicaba hablar de los temas que le preocupaban.

El puzzle de la amistad entre los sexos
Sigue sin resolverse el puzzle de amistad entre los sexos fuera del matrimonio. La amistad ha de ser una relación que mata el aburrimiento. Para aquellos que separadamente no saben lo que quieren, la amistad tiene el potencial de ser el medio en el que ellos, como pareja, puedan encontrar un propósito. Cuando unos amigos tienen diferentes ideas, si son de distinto sexo y disfrutan de sus diferencias, cuando tienen curiosidad por el otro, esta curiosidad es la fuerza que mueve la amistad. La satisfacción de la curiosidad no es el objetivo, sino el que esa otra persona te abra otros mundos que solo no conocerías.

La amistad entre los sexos va más allá que la absorción romántica en el momento efímero, olvidando todo lo demás, soñando solo en la pasión. Todo el mundo sabe que la pasión desaparece.

La amistad entre los sexos requiere el que no se piense en ella como estereotipos, no insistir que uno es o un amante, o amigo, o familia, y que son compartimentos estancos. Zeldin defiende que hay una vitalidad en estas amistades que no existe en amistades del mismo sexo. Las llama "amistades amorosas" ("Amitié amoureuse" es la novela epistolar que Hermine Lecomte publicó en 1896), y considera que su cultivo es una nueva forma de arte, donde el corazón tiene que ser educado, como ocurre con el cerebro.




19 de febrero de 2013

It´s complicated: De las relaciones hombre-mujer

8 divagues

Hace unos días cayó en mis manos la carta que le enviaba Amelia Earhart a su futuro marido, el 7 de Febrero de 1931, el mismo día de su boda. George Putnam, escritor, editor y explorador, le había pedido la mano seis veces,  y al final ella había accedido, pero con muchas reservas. Amelia fue la primera mujer que sobrevoló ella sola el Atlántico. Escribió, organizó la asociación de mujeres pilotos (“The Ninety Nines”), y luchó por el derecho al voto de las mujeres. Cuando estaba intentando una nueva hazaña, volar alrededor del mundo en 1937, desapareció en el Océano Pacífico. Me pregunto por qué tengo la adorable imagen de los protagonistas de “Up” cuando pienso en el tándem Earhart-Putnam.

Esta carta me ha llevado a pensar, de nuevo, en las relaciones, a menudo complicadas, entre hombres y mujeres ("It´s complicated" parece que es uno de los estados de pareja en Facebook). No hay que olvidar que Earhart pensaba y hacía así en 1931. Renunció a cambiarse el apellido por el de su marido, y a encajar en el molde social que imperaba. En su carta, describe un futuro en común que no interfiere en las carreras de ambos (ya que volar era su pasión), en el que cada uno tiene su espacio, en el que la fidelidad es algo más que de la cintura para abajo. Si tu pareja te ayuda e impulsa a ser fiel a ti mismo es todo lo que necesitas para volar, y no solo literalmente como Earhart.

NáN escribió el otro día un relato que añadió un nuevo elemento a lo que ya se estaba cocinando en mi caldero de bruja de Macbeth: había leído un artículo de Suzanne Moore en The Guardian sobre el matrimonio gay, y recordé un capítulo de un libro de Theodore Zeldin. 

Total que, creo que me va a salir una serie. No es una amenaza… o tal vez sí.



Querido GPP,
Hay algunas cosas que debería dejar escritas antes de que nos casemos, cosas de las que ya hemos hablado-la mayor parte de ellas.
Tengo que reiterarte mis dudas con respecto al matrimonio, mi sensación de renunciar a oportunidades en un trabajo que tanto significa para mí. Tengo la sensación de que casarme es una de las decisiones más estúpidas que jamás he tomado. Sé que habrá compesaciones, pero no puedo ocultarte mis dudas.
Para nuestra vida en común quiero que comprendas que no estarás sometido a ningún código de fidelidad y que yo tampoco me considero atada a ti. Si somos honestos, podremos evitar las dificultades que surgirán si tú o yo nos enamoramos de otra persona.
Por favor, no interfiramos en el trabajo del otro, ni permitamos que el resto del mundo contemple nuestras alegrías o desacuerdos. En este sentido, voy a tener que mantener algún lugar donde pueda ser profundamente yo misma. No puedo soportar los confinamientos, por muy atractiva que sea la jaula.
Debo exigirte una promesa cruel: que me dejarás marchar dentro de un año si no hemos encontrado la felicidad juntos.
Voy a tratar de hacerlo lo mejor posible y ofrecerte esa parte de mí que conoces y que tanto quieres.
A.E.

17 de febrero de 2013

Gracias a los okupas

14 divagues
Cuando las di-vas estamos haciendo trabajo de campo, para luego divagarlo, ellos se quedan el txiringuito. Ellos, los okupas. O dikupas. Whatever. 

Tampoco vamos a mentir, a veces el trabajo de campo no es tal (que más quisiéramos: leer, ver pelis, tomar el pulso de la city). No: a veces somos meramente succionadas por la realidad, hay trabajos forzados, presentaciones y clases que preparar y deadlines que entregar. Total que acabas "yendo a buscar calcetines al tendedor" (versus cajón). Yo encuentro este pequeño concepto de gran uso, porque solo quien  lo probó, lo sabe: esas semanas en que tu casa es caos total, y suele ser síntoma de una etapa atroz.

Pero divago.Yo venía aquí hoy a hablar de los dikupas, esos divagantes de día que, de noche, cuando nosotras nos vamos, se quedan a regar. Se les dejan las llaves y todas las instrucciones de cómo dar la cale y lo que hay que acabar primero del frigo, pero les seguiremos llamando dikupas (okupas) porque sabemos que les sobrevuela un cierto espíritu ácrata, del que participo y animo.

En un divague vicario tirando a soso sobre un concierto al que no fui, los dikupas comenzaron hablando de lo que supone escribir hoy,  siguiendo con poesía, cine de Ozu, e incluso insentaron un enlace a foto del  hereu (guapetón!). Solo  puedo instar al resto de divagantes que aún no han dikupado que se pasen por aquí y lo lean. Muchas gracias a tod@s: María, Releante, NáN, Cesita, Luxindex, Ire. Para celebrarlo, una ronda de sandía!



10 de febrero de 2013

"Los Suaves" en Londinium

35 divagues
JAL y el Peda lo dieron todo anoche en el concierto de Los Suaves en la O2 Academy de Islington. Todas las clásicas, solo faltó uno de nuestros himnos de cabecera "Siempre igual", la de "el calcetín no aparece". 

El Peda se siente incapaz de elegir entre esta noche y la de Barricada hace un par de años en la Sala Jamm de Brixton. Solo anota con cierto retintín que aquí, por lo menos, pudo permanecer en segunda fila berreando, pisando y siendo pisado por la horda posesa de Rock & Roll. Para detalles del tsunami de pogo que azotó a la linda reportera Di en Barricada: "Soy un camaleón".

 Y aquí Yosi cantando esta versión de uno de mis poemas favoritos, "Palabras para Julia"... 

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones. 


Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso. 


Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo. 


La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos. 





7 de febrero de 2013

Noches de tramadol y morfina

12 divagues
Hace no llega a tres años pasé unas semanas de lo menos edificantes en un  hospital de Londinium. Los días transcurrían entre el hastíocabreo existencial y la ridícula rutina de la planta -ahora pasan los que limpian, ahora el carrito de la medicación, ahora el cirujano con su corte de bufones, ahora el cura-, que te impedía continuar con tu Bolaño.

Las noches... las noches eran otra cosa. Cuando se acercaban las ocho y tus seres queridos se iban abriendo... entonces te quedabas sola en una planta llena de octogenarias postoperadas, y una especie de pera moderna para llamar a la enfermera si entrabas en parada cardiorespiratoria. El tiempo medio de respuesta por parte del equipo eran unos 20 minutos: suficiente, a fe mía, para que te encontraran tiesa. 

Pero tratabas de no pensar. Y para ello ayudaba bastante la bomba de morfina que me iba directa a la vena (self-service, un primor) y el tramadol oral. Apagaban todas las luces, había algo parecido al silencio (nada que ver con la magia de mis primeras noches con Mini en St. Thomas) solo perforado por los beeps de algún monitor y entonces... entonces el tramadol me jugaba malas pasadas.

Las alucinaciones más conocidas son las auditivas: el psicótico al que las voces le dicen que no es buena gente, las hipnagógicas o hipnopómpicas, etc. Las visuales tambien cuentan con su público, sobre todo en estados orgánicos. Las olfativas, epilepsia del lóbulo temporal... Pero lo mío con el tramadol era mucho más bizarro y desconcertante. Alucinaciones de novela de aventuras.

Al final de Moby-Dick (y quien no sepa aún cómo termina Moby-Dick, que se salte este párrafo, o que se lo haga mirar: va de una ballena), decía, al final de Moby-Dick Ishmael se salva porque se mete en el ataud que construía el indio Queequeg y, enmedio de las olas es llevado a la deriva hasta que... vale, no contaré el final.

Pero el principio de mi deriva personal comenzaba por sentir un vientecillo que pronto pasaba a huracanado en breves instantes, alrededor mío. Me tapaba hasta arriba y no lograba con ello aplacar el temporal. Me convertía en un gusanito de seda con la sábana blanca del NHS  y me sentía verdaderamente como Ishmael, enmedio de las aguas enfafadas, de olas inmensas que daban bandazos, y el viento, otra vez en mis oídos, como una peli de miedo de serie B. Quería bajarme, quería parar, y aunque sabía que estaba en ese estúpido hospital donde la anciana de al lado gritaba en sueños, no podía hacer nada.

Leyendo "Infinite Jest", esas noches de tramadol y morfina se me han hecho menos solitarias. Hay alguien que no sé si las ha vivido, pero que las describe mucho mejor que yo. Y esta es mi cita de hoy...

"It's one of those unpleasant opioid feverish half-sleep states, more a fugue-state than a sleep-state, less a floating than like being cast adrift on rough seas, tossed mightily in and out of this half-sleep where your mind is still working and you can ask yourself whether you're asleep even as you dream. And any dreams you do have seem ragged at the edges. gnawed on, incomplete (...)

I am coming to see that the sensation of the worst nightmares, a sensation that can be felt sleep or awake, is identical to those worst dreams' form itself: the sudden intra-dream realization that the nightmares' very essence and center has been with you all along, even awake: it's just been... overlooked; and then that horrific interval between realizing what you've overlooked and turning your head to look back at what's been right the all along, the whole time"




6 de febrero de 2013

"Infinite Jest" me impide divagar

23 divagues

De un tiempo a esta parte estoy secuestrada, hipnotizada por un libro. Es una novela que me va a costar leer un año, lo veo, tanto por su densidad y grosor, como por el hecho de que releo páginas enteras, o casi memorizo algunos párrafos. También porque soy una lectora lenta, que subraya, anota, copia, y... divaga.

Estaba pensando el otro día, mientras copiaba un párrafo, que este libro no iba a poder divagarlo como hago con otros, en un divague higiénico con intro, desarrollo, corolario. Para "La Regenta" me salió una serie, y para "Oliver Twist", un par... tal vez intentando emular el formato folletinesco. Aquí no va a ser posible, así que he decidido hacer la serie as-I-go (pay-as-you-go, pero sin pagar).

El libro es "Infinite Jest", "La broma infinita", de David Foster Wallace. Merece la pena explicar cómo llegué a él, porque no fue una recomendación al uso, y es una historia muy chula. Hace unos meses vi una peli que me gustó (y para la que también necesité dos divagues), "Liberal Arts". El prota se encuentra con el chaval atormentado, el rarito con gafas en el café de la Uni y comenta algo sobre le libro que lleva bajo el brazo, que viene a ser el Libro Gordo de Petete, con nubes sobre un fondo celeste en la tapa. Hablan de que es de culto, de que su lectura no es fácil, y de que el autor se suicidó. En ninguna parte de la peli se explica nada más.

Los pequeños freaks salimos inquietos. Recurro al Gurú de Guardia, NáN, al que le doy los datos del párrafo anterior y dictamina: "Infinite Jest", David Foster Wallace. Lo gugleo y ahí está: el ladrillo con nubes soñadoras. NáN, eres un crack. 

El Gurú de Guardia, sin embargo, aconseja en su contra: primero has de leer sus relatos. Pero es demasiado tarde, las nubes ya vuelan hacia mi casa. "Pero NáN, non preocupare, tambien empecé por Rayuela, y no los relatos, y mira nuestra historia" (la mía con Julio).

Aún no llevo cien páginas, y habría divagables hasta bien entrada la noche. Pero dosificar es el verbo. De entrada, así escribe David...
 
"Reading while waiting for marijuana was out of the question. He considered masturbating but did not. He did not reject the idea so much as not react to it and watch as it floated away. He thought very broadly about desires and ideas being watched but not acted upon, he thought of impulses being starved of expression and drying out and floating dryly away, and felt on some level that this had something to do with him and his circumstances (...)"

  y esto continuará...





1 de febrero de 2013

"Fifty Shades of Shit": La gente es idiota

28 divagues

Bueno, hasta aquí hemos llegado. Ya divagamos hace un tiempo sobre la novelita "Fifty Shades of Grey" que ha vendido 200 millones de ejemplares por todo el mundo. Sin haberla leído: una lo da todo por el divlog, pero no su alma. Que está a la venta, pero el comprador habrá de intentarlo de una manera pelín más sofisticada. Fifty shades of shit, Cincuenta sombras de mierda, reflejo del mundo en el que estamos: una ídem.

Siguen llegando las noticias, que nos pueden dar un trazo del perfil psicológico de algunos de los lectores del Bodrio. En Suecia ha muerto un mujer que ponía en práctica uno de los "juegos" que se describen en el libro: su novio le dió cien golpes con un puntero, como parece que ocurre en la novela, y ella entró en parada respiratoria. El "amante" no se dio cuenta y, hui, ya no podrá "jugar" más.

Aquí en el UK otra pareja ha llegado a los juzgados, esta vez solo con moraduras. Se conocieron en una página web y "tomando ideas del libro" se pusieron al lío, a saber: la encadenó al suelo de su habitación "como un perro" y le pegó con una cuerda repetidas veces. Todo esto con consentimiento pleno de dos adultos con capacidad mental ("mental capacity"): ella había firmado un contrado dándole "total uso de su cuerpo, y autorización para pegarle si no seguía sus normas" (una se pregunta sobre la capacidad mental de esta mujer que solo puedo imaginar, generosamente, como vulnerable y perdida, en lugar de como directamente idiota). Se tatuó "Propiedad de Steven Lock" alrededor de sus genitales y parece ser que si decían la palabra "Rojo", había que parar. Nadie dijo pío "porque ya sabía que dolía, pero tenía que llegar hasta el final", y tras una buena tunda y sexo posterior, la dejó atada a su cadena perruna en el suelo, mientras que él se iba al ordenador.

Igual tiene un blog.

El sexo es un tema complejo. Lo que le pone a uno o a otro, vete a saber. No entro a opinar sobre lo que dos adultos con capacidad de consentir hagan, es un asunto privado que no afecta a nadie más. Hago mis hipótesis sobre el tipo de gente que entra a que le traten como a un perro (Véase el escalofriante "Ventajas de viajar en tren" de Antonio Orejudo), pero son eso: hipótesis. Abuso pasado, falta de autoestima, trauma y vulnerabilidad en bandeja. No puedo machacar a estas mujeres, aunque habrá ejemplos para todo. Pero sí puedo criticar al libro desde el feminismo, pues cimenta el estereotipo de la chica joven, tipo rico, otra vez Pretty Woman, la Cenicienta. Otra vez el rollo sumiso, dependiente, masoquista, patológicamente femenino. Esto sí que nos afecta a las demás, a nuestras hijas, al mundo en el que estamos viviendo.

Que, como he analizado sesudamente al principio del divague es una PUTA MIERDA. 200 millones de personas han pagado por hacerlo un lugar aún más machista, y tristemente le tenemos que dar las gracias a una mujer.