31 de marzo de 2016

Hiroshima, intenet-cubículos con ducha, paraguas transparentes, taxis almodóvar, Nenes, y uuu! con Shiga y Take (Miyajima-Hiroshima-Fukuoka, J14)

14 divagues
31.03.16-Hiroshima

Buenos días en el Hotel Coral, de nuevo. Del desayuno, como ayer, el punto alto esa cosa verde que parecen algas con sésamo, pero no son. Tenemos una pareja de indios con niña al lado que hablan en inglés. Hemos visto algún indio pero en general, como dice el Peda, viajar sigue siendo cosa de blancos occidentales. Tras empacar dejamos el hotel y cogemos el tren a Hiroshima. Le cuesta 28 minutos, y es otra vez uno de esos cercanías que recuerdan tanto a Londinium: hay que ir de pie. Yo que pensaba que este iba a ser un viaje de largas etapas en tren (vale no tan largas porque las distancias no son latinoamérica), pero lo que no me esperaba es que has de ir de pie! Jugamos "al Juego" (estrella de estas vacaciones: adivinar lo que uno piensa haciendo preguntas que solo se pueden contester con sí o no). Y ya llegamos a Hiroshima, donde vamos a dejar las maletas en consigna para las horas que dediquemos a ver la ciudad. La crisis de siempre: no hay suficientes, las grandes están todas pilladas, nos tenemos que ir a otra zona en la planta tercera de un centro comercial adjunto a la estación (esto ya lo habíamos visto en Kioto) y allí dejarlas.


Al Parque de la Paz y al "Hiroshima Peace Memorial Museum" (en realidad, de la bomba atómica) se va en tranvía. Al bajarte, tras haber pasado por una calle moderna de una ciudad del SXXI, te das de bruces con la imagen que tenemos todos de Hiroshima: el A-Bomb Dome, el edificio en ruinas con el esqueleto de la cúpula metálica ahí erguido. Aquel fue el hipocentro de la bomba (un edificio gubernamental, el Hiroshima Prefectural Industrial Promotion Hall). Impacta. Yo que soy muy llorono tengo un nudo en la garganta durante parte de la visita. Me choca el silencio relativo que hay alrededor: la gente hace fotos respetuosamente, no los típicos selfies que estamos acostumbrados. La zona donde está ahora el parque era el puro centro lleno de vida y actividad en Hiroshima. En el vacío que creó la bomba, se hizo el parque, como conmemoración a las más de 140.000 personas que murieron, y también como una voz que reclama el cese del armamento nuclear.


Seguimos avanzando y nos encontramos con una especie de pagoda moderna que conmemora a los "estudiantes movilizados". Hubo muchas víctimas que eran estudiantes de secundaria que habían sido movilizados apra ayudar a tirar edificios para construir firelanes.

Al cruzar el río está el "Monumento de la Paz de los Niños", con una de las tres "Campanas de la Paz". A su lado hay una especie de invernaderos llenos de origamis (las famosas papiroflexias japonesas) enviadas desde todo el mundo. Una niña llamada Sadako Sasaki tenía 2 anios cuando tiraron la bomba y aunque no fue afectada directamente, a los 11 anios desarrolló leucemia como consecuencia de la radiación. Sadako comenzó a hacer origamis siguiendo la tradición de que "si haces mil, tu deseo se cumplirá". Su deseo era, claro, sobrevivir pero no lo logró. A partir de entonces ninios de todo Japón comenzaron a enviarle origamis, y aún lo hace hoy, gente de todo el mundo.

Hay muchos más monumentos en el parque, entre ellos un pebetero con una llama que seguirá ardiendo hasta que se prohíban las armas nucleares. Puedes firmar la petición en el museo, que está al final del parque.

El museo tiene varias salas, pero el día de nuestra visita el "Edificio Este" está cerrado. Se explica el porqué Hiroshima, que como "ciudad guarnición" era un objetivo claro en la Segunda Guerra Mundial pero que, en contraste con otras ciudades japonesas, no había sido bombardeada en absoluto por los aliados. Esto fue planeado por los americanos para poder estudiar a fondo los efectos de la bomba. El 6 de Agosto se eligió Hiroshima (otras posibilidades eran Nagasaki y Kokura) porque el cielo estaba despejado.

La entrada es baratísima (creo que unos 50 yenes, 30 peniques). Comienza con un pasillo de fotos de la explosión, y luego de gente afectada por la explosión, de espaldas. En la siguiente sala, en el centro hay una maqueta de Hiroshima con un sol rojo enorme encima de la parte de la ciudad donde estamos: es la bomba.

A partir de ahí todo se empieza a poner más personal: ropas destrozadas, maniquíes que son zombies andantes, bolsos, carteras de escolares. Es dificil no sobrecogerse. Me rompe el corazón el "triciclo y casco" y su historia: un niño de 3 años, Shinichi Tetsutani, estaba enfrente de su casa a 1500 metros del hipocentro jugando con su triciclo. Tiraron la bomba y el niño murió de las quemaduras por la noche. Su padre, pensando que era muy pequeño para estar un una tumba solitaria, lo enterró junto con su triclico en el jardín de atrás. 40 años después, el padre desenterró los restos para llevarlos a la tumba familiar y sacó también el triciclo y el casco, que donó al museo.

Mucha parte del museo es técnica sobre la bomba: explican lo que es la fisión y algunos conceptos básicos de lo que representa la energía atómica, y la radiación. El material radioactivo de la bomba era Uranio. De los 50 kgrs de uranio, solo un kilo entró en fisión. Aproximadamente 15% de la energia liberada fue en radiación. Tras la explosión, una "lluvia negra" llena de radiación cayó sobre toda la ciudad.

Antes de la bomba, los bombarderos lanzaron unos paracaídas con aparatos para medir los cambios en temperatura y presión atmosférica cuando la bomba cayera. La gente de Hiroshima vio estos paracaídas, pero no podían imaginar que una bomba atómica les fuera a caer encima, y por eso muchos no se pusieron a refugio. En realidad había tres bombarderos B29: uno llevaba equipo fotográfico, otro equipo científico y el tercero era el Enola Gay, el que llevaba la bomba. El lunes 6 de Agosto de 1945 amaneció claro y soleado en Hiroshima. A las 8:15 am el Enola Gay lanzaba la bomba, que detonó 600 metros por encima de la ciudad. Unas 350.000 personas fueron expuestas a la bomba y para Diciembre 140.000 habían muerto.

La bomba atómica podía matar de distintas formas: por la explosión en sí misma (enormes presiones, edificos destrozados, etc), por los rayos de calor emitidos (la temperatura en el centro fue de más de un millón de grados centigrados, se tornó una enorme bola de fuego), y por la radiacion (los efectos inmediatos incluían pérdida de pelo, nausea, diarrera, fiebre... más adelante la gente presentó con cánceres, leucemia, keloides, etc). Todo esto está representado gráficamente en el museo.

Con las bombas de Hiroshima y Nagasaki, el mundo entró en la era nuclear. Los países del Consejo de Seguridad de la ONU (USA, UK, Francia, China y la URSS) decidieron que la mejor manera de que nos les atacaran era hacerse con armas nucleares. Otros países han desarrollado desde entonces la bomba atómica desde entonces: Pakistán, India, Israel, Corea....


Como he dicho, el ala este del museo estaba cerrada por reformas, y según la guía aquí se ofrece una visión ecuánime, explicando lo que llevó a la bomba, incluyendo el militarismo japonés. Estamos muy acostumbrados al Holocausto europeo, que mató a 6 millones de personas y los alemanes han pagado por ello. El llamado Holocausto asiático (o crímenes de guerra japoneses) que exterminaron de 10-14 millones de coreanos, chinos, etc nos pilla muy lejos, y las bombas atómicas fueron una barbaridad tan enorme que nos lleva a ignorar lo que estaba pasando en aquel régimen terrible.


Al salir del museo damos un paseo por la orilla del río (canal?) donde ya hay sakura, está precioso (el Peda se pregunta si nos hubiera gustado más Kioto si los árboles hubieran estado así). A lo largo de toda la orilla hay grupos de gente sentados en plásticos/lonas azules enormes que parecen puestos por el ayuntamiento, haciendo picnics. Me recuerda mucho a Londinium, cuando sale un rayo de sol la gente ya está picniqueando (con coronitas). En teoría lo que se come en un punto y otro debería ser muy diferente, pero en londinium precisamente el sushi que aquí abunda se ve un montón. Sí que sería gran contrate con uno espaniol.


Cruzamos el puente y nos metemos en una calle comercial: vamos en busca de un Internet café para bajar unas fotos a pendrive. Siguiendo las instrucciones de una chica de información (sí! alguien da instrucciones!) llegamos a un edificio enorme. Tras el mostrador de recepción hay tres chicas y ya vemos que esto es otro universo con respecto a nuestra idea establecida de estos cafés. En el resto del mundo suelen ser unos garitos mínimos, donde hace mucho calor, y es invariablemente regentado por un tipo con sobrepeso, pelo graso en coleta y camiseta de grupo esotérico que ni te mira cuando te da la ficha o te dice el número de terminal (también grasienta) que te adjudica. Piensa en Kevin Smith en Clerks. Aquí no: aquí tres chicas en sala enmoquetada te preguntan si eres miembro. Hay que asociarse (200 yenes, una libra y media) y luego ya pagas por horas. Al fondo de la estancia hay máquinas de refrigerios y la zona de ordenadores consiste en dos pasillos que tienen a los lados oscuros cubículos individuales que se cierran con cortina, donde te sientas en el suelo. Desde fuera la imagen es cuantos pares de zapatos en un pasillo. Qué se hace en los cubículos?

Los japoneses no sé; el Peda (dice que) baja las fotos y yo me quedo con Mini esperando al lado de un cartel (a la derecha, en imagen) que llama nuestra atención sobre las múltiples necesidades que este local cubre: no sólo tus requisitos cibernéticos, es que también ofrecen duchas, biblioteca de manga y karaoke!! Qué más se puede pedir para un día de diversión garantizada chicos!?!??

Voy al baňo, que está en otra planta y descubro verdaderamente la extensión del establecimiemto multipropósito: ahí están sus duchas, sus lavadoras, más pasillos oscuros con zapatos a sus puertas, y una habitación enigmática que tiene un cristal y dentro hay un hombre hablando muy enfatico por teléfono (tipo "compra compra vende vende"), difuminado en una nube de humo y con un cenicero que sugiere que lleva una vida ahí. O sea, algunos usan esto como oficina? Hay una puerta entreabierta y allí hay alguien viendo algo que puede ser una tele, pero la pantalla es pequeňa e imagino que igual es un complejo sistema de chat por el que se asiste a una conferencia de microchips en Corea o sexo grupal.

Me meto en el ascensor y, sin quererlo, aparezco en una planta con las paredes forradas de manga. Todo sigue en el mismo tono de baja iluminación y como rojizo, sin haber luces rojas. Cuando por fin emerjo, el Peda y Mini están hartos de esperar, preguntándose dónde me he metido-nunca entienden mis necesidades de reportera de este blog.



En tranvía a la estación, coger maletas de las consignas (hay por todos los sitios en Japón... Me imagino que en londinium habrá en las estaciones, pero no en el metro, por ejemplo, como aquí) y en shinkansen (que como siempre se pasa demasiado rápido) a Fukuoka. Fukuoka es la capital de la isla de Kyushu. Dejamos la mayor isla de Japón, Honshu sin notarlo: a saber si el tren ha cruzado por un puente o túnel.

Cuando preparaba el viaje tuve dudas sobre qué otra isla visitar: en principio había pensado en Okinawa, el archipiélago subtropical japonés donde siempre es verano para tener un par de días de playa y snorkel (Mini en mente). Fashion y JAL habían estado, siguiendo la pista de Black Mamba, que vuela allí para que aquel sabio le haga su katana. Según Fashion, "bueno, pero no es el Caribe". Este código yo lo entiendo: es como comparar el mediterráneo con el atlántico, es otra cosa (y para gustos están los colores). Luego si la pasada Semana Tonta estuve en Lanzarote y no me pude baňar, miro la temperatura en Okinawa (20 grados), ato cabos y me doy cuenta que en esta época no vamos a encontrar esa playa apetecible para nadar y descarto.

La otra isla, al sur del mar de Japón (Shikoku) es la otra opción, pero tras leer Kyushu, me queda claro: volcánica, con muchos onsens y con trenes especialmente bonitos que cruzan parajes verdes con montículos de los que sale vapor de volcán. No hay duda.

Llegamos a Fukuoka y ya ha anochecido. Llueve. Para nosotros Fukuoka siempre será lluvia y su estación, porque antes de salir pasamos un rato haciendo reservas de esos trenes especiales de los que hablaré en los siguientes dias. En nuestra linea, volvemos loca a la pobre seňora en reservas, porque el tren que queríamos (el Aso Boy!) no tiene ya asientos en el de la maňana, y si cogemos el de las 13:50 (esas cosas que pasan de viaje, logística aburrida pero que a veces marca la diferencia entre un buen dia y otro menos) perderemos el último bus hacia donde vamos a dormir. Un lío, pero eso será un puente a cruzar maňana... Mientras tanto, estamos en la estación de Fukuoka, esperando un taxi enmedio de la lluvia.

He hablado alguna vez de los paraguas transparentes japoneses? Están en todos lo sitios, los llevan hombres y mujeres. Hay toda una cultura del paraguas que no existe en Londinium, tal vez el lugar mas prototipico en el imaginario colectivo para la lluvia. Nada: los reyes son los japos. También ofrecen unas bolsas de plástico especiales cuando entras a según qué recintos, y además existe un aparato donde lo metes y en teoría se escurre. El día de lluvia que nos salió en Tokio creo que eramos los únicos sin paraguas...



Por fin, un taxi. El taxista es un senior mayor que, como está mandado, se pierde. Primero el atasco de tarde de viernes lluviosa al salir de la estación. Luego, el hotel está por unas callejuelas estrechas, y el hombre claramente no sabe donde va. Mientras se me cruzan los ojos en los asientos forrados de tela de ganchillo, común a todos los taxis (en imagen), me pregunto: qué habrá reservado el Peda? (yo me he encargado de los airbnb, él de los hoteles) porque es raro que en una ciudad no muy grande un taxista no sepa de un hotel. Pues del "Costel Minoshima" nunca ha oido hablar, y ya sabemos que con las direcciones los japoneses no funcionan, luego solo queda rezar. El hombre le pregunta a otro taxista pero es el googlemaps del Peda lo que acaba salvando la partida, una vez más. Pero muy hospitalario: durante el trayecto le da tiempo a ofrecernos dos tandas de caramelos y al irnos, insiste en que me lleve un mapa de Fukuoka semiplastificado, con la punta rizada, pese a que lo tengo ya en papel.

El hotel parece un bar. Es un bar. El chico que regenta la recepción (bar) nos acaba confesando que tienen TRES habitaciones. Pobre taxista. Subimos a la primera planta y la habitación es como de convento: toda en blanco, con unos separadores vaporosos entre las camas en plan hospital de campaña, y así se gana el cachondeo del "hotel boutique" entre nosotros. Ahora, el baňo sí que es boutique. La ducha y baňera, siguiendo la tradición japonesa están en un cuartito al uso, pero la baňera es enorme y tiene una ducha que ríete Doňa Petronila (los vetusticos conocerán este hotel spa donde el divagante bien recordará me llevó el Peda de sorpresa para mi cumple una vez). Tanto es así que "no tocaba" lavarme el pelo y lo lavé, con eso lo digo todo. Pero eso fue a la maňana siguiente, ahora es la tarde noche y hay que salir a cenar (devorar suele ser nuestro estado de viaje).

Mientras nos preparamos, ya desde arriba escuchamos una música tradicional tan auténtica que Mini y yo nos preguntamos si está cantando el chico del bar. El Peda se adelanta y averigua que es un tal Nenes y su álbum Ashibi shongane, que tiene 45 visitas en YouTube pero que el Peda se encargará de elevar. El chico le ofrece hacerle un CD al día siguiente pero vamos con prisa (phew). Esta noche vamos a la búsqueda de tempura (un rebozado especial muy rico, con pescado o vegetales... Lo que vienen siendo "gambas gabardina" pero mejor). Sin embargo el chico, mientras nos llena de paraguas nos ensenia dos revistas que hablan del "mejor restaurante de ramen de todo Kyushu, por dos aňos seguidos" y está aquí cerca. Cambio de planes.

Caminamos por las calles estrechas y no encontramos el lugar, porque aunque nos lo ha indicado en un mapa, lo que hay en esa esquina parece un chamizo. En esa intersección estamos cuando pasan dos tíos y les paro, preguntando si conocen aquel restaurante. Madre mía. En ellibrodejuan se habla bastante de la empresa japonesa, y las relaciones extremadamente jerárquicas que se dan también en ese contexto. Aquí se combina su temor a la confrontación, su fijación por el trabajo por el bien común y su inhibición para mostrar los sentimientos. Así es la vida en la oficina de día; sin embargo, por la noche, cuando salen, es tradición irse a beber y cenar con los compañeros. Una amiga que había viajado por aquí nos avisó del concepto "ejecutivos borrachos". Bien: tal vez los habíamos visro de lejos, quizás en algún restaurante, pero aquí: hemos parado a dos! Y es evidente al minuto que estos dos llevan una medio tranca (según el Peda "van un poco chispas"). Lo que van es trajeados y tienen como 50-55 aňos. No saben donde está el restaurante, claro (quien sabe nada aquí! Y aunque hubieramos llevado la dirección...) pero son muy simpáticos y nos dicen que si queremos nos llevan a un restaurante muy bueno de ramen, que les sigamos. La conversación es la leche: en inglés nipon que es siempre terrible, y encima con estos dos de risas. A medida que avanzamos les confesamos que en realidad lo que buscábamos era tempura y ellos "tempura!!! Os llevamos a restaurante de tempura!"

Shiga y Take: "uuuu uuuu"


Acabamos es un sitio muy auténtico donde hay más tipos de su oficina. Las mesas son solo de estilo japonés (están en una tarima elevada, y son bajas con cojines). En ellibrodejuan dicen que ellos se arrodillan, con una técnica Nosotros los que hemos visto en esta situación están sentados con las piernas cruzadas como en los fuegos de campamento... Como nosotros, vamos. Nos sentamos en una mesa junto a ellos. La duenia y camarera es muy simpática, y nos hace tempura.

Los ejecutivos se llaman Take (derecha en imagen) y Shiga (izquierda). Este último vivió un par de años en México y dice alguna palabra en castellano. El inglés de Take es incluso peor que el de Shiga, y se ríe mucho, que entre sus rasgos orientales y la ayuda del sake dan una imagen hilarante. Nosotros comemos y bebemos cerveza, ellos beben una botella enorme de sake (que vale solo 600 yenes), que insisten probemos. Buajjj.. Horrible. Nos hacemos fotos y nos reímos montones, aunque me siento incapaz de explicar el contenido de la conversación, dado que en su mayoría son situaciones "lost in translation".

Eso sí, lo que recordamos con más risa (Mini los imita muy bien) era su manera de demostrar admiración, por ej, preguntaron por trabajo al Peda y aullan a la vez, como si fueran dos lobos en su roca solitaria: "uuuuu, uuuu, uuuuu". Una risa. Todo era para ellos uuuuu.

Ya nos íbamos, la duenia le regaló a mini unos dulces, y redondeó para abajo la cuenta. El Peda queria pagar el sake de nuestros colegas pero ella se negó. Otro aspecto diferente de Japón es que no hay cultura de propina. Te cobran lo que es y punto: me gusta esto vs. el paripé de otros sitios.

Caminamos todos juntos bajo la lluvia. con nuestros paraguas transparentes, Shiga y Take aún a seguir la noche ... Nosotros, al hotel boutique, pero qué gran rato: gracias Shiga y Take! uuuu!!! uuu!!! uuuu!

30 de marzo de 2016

Yukatas, bodorrio, flasbacks de otros viajes (aparición estelar de Don Alfredo) escalada, tori sumergido (Miyajima J13)

1 divagues
30.03.16-Miyajima

El que un hotel te deje yukata sobre la cama ya da confianza (he dicho que la hakata es como un kimono leve, de estar por casa?). Pese a haber tenido un comienzo un poco accidentado (a la tercera va la vencida), el Coral es hotel de yukata y zapatillas de esas de spa personales. Ha! Que tenéis una imagen de los Pedalistas como esos viajeros del siglo XIX, llenos de polvo en las comisuras, y siempre con la.misma ropa?! (tristemente, no vais descaminados).

Pero el desayuno del Hotel Coral es buffet, y hay, además de bollería y pan para tostar a la europea, y unos yogures de plátano buenísimos (antes había yogur de plátano en Londinium, pero como nos gustaba, lo pararon... Esto nos ha pasado ya varias veces en nuestros años en la isla, de ahí lo de "como nos gustaban, los pararon". No es paranoia cuando de verdad te persiguen. Recuerdo con amor uno de Activia sabor coco. Me diréis: en la península existe, pero no es el mismo). En tono japonés, el Coral ofrece una selección de dos ensaladas: una que parece espinacas sin serlo, con mucho sésamo, muy rica. La otra, no: deben ser algas. Complementan el huevo duro y unas mini salchichas hervidas. Desde el ventanal tenemos la fila del ferry que lleva a Miyajima, donde iremos enseguida.

Cruzamos en el ferry... A la derecha vamos dejando unas cosas flotantes que me invento son mejilloneras, y enseguida vemos el famosisimo tori sumergido. Bueno, yo nunca lo había visto hasta comenzar la preparación de este viaje, pero creedme, es famosisimo. Debido a esto, tengo cierta aprensión: sospecho que Miyajima será otro "lugar magnificent", hasta arriba de gente. Pero siempre me gusta desmentirme en mis tesis, probarme equivocada (evidentemente no, como a todo el mundo, era una coňa, sin embargo, aquí, qué bien que Miyajima acaba siendo otra cosa).



Al principio no empieza bien: pasamos por una calle de turistas enloquecida, sobre todo llena de puestos de comida. Luego sales al paseo que te lleva al tori sumergido, donde hay ciervos, que los carteles indican son "salvajes". Mini: mejor dejarlos estar, pienso. Obligadas fotos con el tori y en estas que viene un hombre tirando de un carrito.



Empiezo nuevo párrafo para este tema: por muy tradicional que sea, yo pensaba que esto de un hombre tirando de un carro con otros dos arriba ya habría desaparecido del mundo (sí. Lo sé, es simplemente una representación de la explotacion que evidentemente no solo no ha terminado, sino que es rampante), pero lo hemos visto ocasionalmente para turistas. Me recuerda a Gil, una alumna muy graciosa que yo tenía en vetusta cuando era profe de inglés. La lección iba de China y dice Gil, toda seria:"anda! Tienen coches, yo pensaba que iban en carretas". Volviendo al hombre que arrastra el carreton... Lleva encima una pareja de novios!! Muy historiados. Recordadme por qué no me he casado?

Nos metemos en un templo muy chulo a orilla del mar, que dicen que con la marea alta parece que flota. Fotos atmosféricas y... Ahí está la boda! Nos plantamos allí haciendo fotos: en el centro de la sala hay dos filas de invitados frente a frente, con una mesita delante donde hay unos cuencos. Al fondo los novios, también frente a frente, y hay unas jóvenes, vestidas muy ceremoniosas, y actúan como maestras de ceremonias. La novia lleva un kimono blanco, y un gorro que parece una tienda de campaña en la cabeza, horroroso. Luego se lo quitará y la razón de llevar la carpa del circo de los Hermanos Tonetti en la cabeza es el peinado, lleno de agujas y farolillos (esto es hipérbole, que nadie.se lo.tome literal: no hay eléctricos en tocado). No entiendo bien el peinado: parece que lleva algo de peluca o añadido (si yo me documentara para el blog, pues eso, pero entonces no sería divagando, un blog de alguien "grumpy y opinionated sin proper data"). Lo digo porque de la zona que en el hombre occidental corresponde a "la patilla" (hombre japonés tiene limitado pelo facial) parece que a ella le salen unos pelos tiesos que van hacia atrás. Un look complicado. Pero ella no hace más que sonreír: lo está pasando chimenea.

Comienza la ceremonia: cuando digo que soy una vieja gruňona es por lo que sigue [hay que entenderme en ese estado mental, suele ser irónico y exagerado, pintando situaciones mucho mas dramáticas de lo que son, con objetivo cómico. Por eso, pido que se me de otra oportunidad antes de calificarme de eurocentrica y cerrada. Como he dicho antes, todas estas tradiciones impuestas -lo mismo aurresku que sardana que chotis- me la suelen resbalar... Me pueden gustar algunas que instauremos los que quiero y yo... Pero esto seria otro divague]: de.repente, un sonido desafinado de flautillas de madera empieza a sonar, como de broma. Pero son tres individuos, sentados en el suelo a un lado y que tocan los instrumentos... en serio. De verdad que era una risa, me recordó hace muchos años que fuimos a ver una peli Africana y la primera escena es un hombre cantando así tipo lamento y me.dice el Peda:"nos vamos?" Desde entonces el nos-vamos.es un código que no falla en hacerme reír (que nadie piense que el Peda es de mi escuela, a él le apasiona todo lo étnico, rústico, gaitero. Os hablaré de Nenes (en concreto su álbum "Ashibi" cuando lleguemos a Fukuoka).

Bueno, ya terminando, la boda fue un affaire demasiado formal, donde los novios hacían algo que no vi bien, y luego se sentaron en la mesa de la.izquierda. Entonces las sacerdotisas de antes ponían té (o lo que fuere) en los cuencos, de una manera robótica, que el androide dorado de star wars se mueve mas natural (siempre fue un favorito mío, me recuerda a woody allen).

Salimos del templo y subimos a una pagoda donde ya hay sakura (floración), y bajo ella un grupo de mayoritariamente hombres de unos 60 ya pasados de sake. Empezamos a hablar con ellos, nos hacen fotos a los tres, e intentan hablar en castellano. Uno nos pregunta cual es la diferencia entre España y Portugal, otro le dice al Peda que tiene aspecto de "professor", de inteligente. A él le dicen que su mujer es guapa. Valores de una sociedad, una época: hombre listo, mujer guapa. Entre risas: "oigan, que yo soy lista también!!!" Seňorrrr


Damos otra vuelta por la orilla del mar y comenzamos la subida hacia la montaña. No. A ver, encontraré una mejor frase: esa isla de grandes montañas no la.subimos desde la base. Esto lo hicimos ya en 2001 en Tailandia y está ya tickado. Os lo tengo que contar: los superjovenes y energéticos pedalistas fueron a una de esas islas maravillosas de viaje de un día desde tierra. Al llegar allí, nos gustó tanto que le dijimos al del barco turístico que nos quedábamos a dormir y que volveríamos al día siguiente con el siguiente tour. No era una isla preparada para que la gente se quedara a pasar la noche, no tenia afortunadamente ni hoteles ni guesthouses (cuchitriles donde nos quedamos). Como era una reserva natural, había unos jovenes todos uniformados que vivían en una especie de albergue donde nos acabamos quedando. Pero lo que quería contar es que subimos hasta la cima medio trepando por unas cuerdas que había allí improvisadas y la vista desde arriba fue wow. Una vez allí, por alguna razón se nos ocurrió hacer un Dicaprio en The Beach, y bajar caminando (bueno, entre comillas caminando... Acabamos medio Tarzan con las lianas) hacia el otro lado de la isla. Cuando estábamos a mitad del descenso, eso que caes en la cuenta que es más complicado de lo esperado (insisto: lianas) y que ya no puedes volver atrás, con los zarzales sorteados. Así que llegamos al final, sin saber muy bien lo que nos íbamos a encontrar. Caemos en una especie de vertedero, que en realidad es el corral de un par o tres de chabolas, hechas con uralitas y plásticos. Por ahí camina un gallo famélico y atada a un poste... Una antena de televisión!!! Siempre recordamos esto: gente viviendo en la parte inexplorada de una isla reserva natural paradisiaca, de una manera infame, y no falta su tele. Hoy en día tendrán su wifi de alta velocidad, seguro. La historia termina con que acabamos negociando con uno de los pescadores que nos devolviera al otro lado de la isla en una de esas barcas que ponen en los folletos turísticos, y hoy tenemos una aventura más. Ah, y aquella noche, está en mi "ranking de noches de toda mi vida" como la "que más cansada me fui a la cama".

Así que, coming clean, para llegar a la cima del monte sagrado de la isla, el Misen, los japoneses tienen un sistema de teleféricos, claro. De camino al bus que te lleva a la base, nos encontramos con un cartelon tipo velero que anuncia... Cremia! Sí, sí, los helados que presumen de su alto nivel de grasa (este país es tantas veces el mundo al revés) y, hasta yo tomo uno. Este "hasta yo" tiene que ver con que no soy una apasionada de los helados como estos dos. Me gusta mucho el.de yogur, el resto, bien, pero no suelo pedir uno para mí porque a medias me aburro. Así que mejor dejo que pidan ellos y les cojo. Afortunadamente ellos no tienen voz en el blog, tal vez si pudieran comentar dirían que les como un poco más de lo que pretendo, y que me coja uno para mí etc. Caso omiso. Pero este día me pido un Cremia (que se han de acabar ellos, luego pruebo mi punto), con media aprensión porque la seňora que me lo pone (y que también vende ostras al grill en el mismo puesto) toca algo con su dedo ostril mi cucurucho. Nunca he pretendido ser una chica sofisticada en mi paladar (ya quedó claro en la entrevista que le di en exclusiva a lux que con sandía y acelgas soy feliz, y por tanto no me gustan las ostras. Yuk.)


Madre mía este divague. Podréis culparme pero en mi defensa, lo he escrito en el teléfono entre la eterna fila de Splash Mountain en Disneyland y ratos en el metro cuando hay sitio. A saber lo que ha salido. Por fin, llegamos a la fila del bus que lleva al teleférico, sin habernos decidido si subimos. Puede ser otro momento turistongo del horror, pero unos occidentales de la fila nos conminan a ponernos o no, pq el bus es pequeño etc. Total que nos ponemos y subimos y al final es un "Don Alfredo". Ahora claro, tendré que explicar qué es un Don Alfredo y tenemos un nuevo meandro: este concepto nació cuando los Pedalistas viajaban por Latinoamérica. En Cuzco hicimos uno de esos tours que te llevan a varios puntos de las afueras de la ciudad que son dificiles de llegar sin tu propio transporte, y alguno de la ciudad. Nada que ver con Japón: alli era una furgoneta de esas bajitas y allí nos metieron junto con un grupo encantador de argentinos con los que lo pasamos bomba. De guía nos pusieron a un octogenario, Don Alfredo, que nos iba contando la historia y el arte. Los argentinos eran rebuenos, venga a hacer preguntas y a ser graciosos y encantadores con ese acento tan lindo. En un punto, Don Alfredo preguntó si queríamos entrar a un museo: él lo que le dijéramos. Estuvimos un rato debatiendo, y al final decidimos que sí. Una vez dentro, Don Alfredo se puso a explicarnos las piedras y, al poco, y viendo la magnitud de lo que allí había, las dos argentinas empezaron: "Pero Don Alfredo!!! Pero cómo no íbamos a entrar aquí? Pero no, Don Alfredo! Pero si esto es maravishosho" Y a cada nuevo descubrimiento, ellas venga a exclamar: "Pero no, Don Alfredo!". Y así es como se quedó entre los Pedalistas el concepto "Don Alfredo": Dícese de algo maravishosho que estás a punto de perderte, pero finalmente, casi de refilón, haces y entonces exclamas, al unísono: "Pero Don Alfredo!".

Ya estamos en el primer teleférico, que son unas bolitas pequeñas en las que solo caben 6 personas. Nos toca con una familia australiana con dos hijas adolescentes y una seniora oriental que no sabemos si va con ellos pero a la que por si acaso miramos también, y ella sonríe y asiente. La familia es de Victoria, y nos cuentan en detalle la vida en Victoria, que van cara el invierno, y que han volado por Singapur. Sus hijas son muy sonrientes y calladas y Mini se dedica a ser una chatterbox, o sea, a parlotear encantada de haberse conocido y de que todos le rían las gracias con frases como: "Cocodrilos? (nos hablaban del norte de Australia donde hay) Tengo un fact sobre cococrilos: no pueden sacar la lengua!". Y así todo. Al terminar esa subida, se baja, y hay unas bolas ya grandes donde vas como 30 personas: los aussies opinan que en Oz nunca se permitiría toda esa gente (baja una bola petada). El caso es que al llegar arriba ya somos los mejores amigos, las chicas le regalan a Mini un llavero con un canguro que pone "Australia", nos hacemos fotos, y la madre me pide el email (cosa que no pasaba desde hacía muchos años viajando), y nos invita a Victoria. Cuando llegue a Londinium le tengo que mandar la foto de las tres niñas y el canguro.


Una vez arriba, comienza la subida del Monte sagrado Misen, que nosotros hicimos en una media hora, de bajada al principio y luego subida muy empinada. En el camino se tienen vistas impresionantes (ya empezamos a susurrar Don Alfredo), hay un templo, y cuando llegas arriba: WOW, qué vistas. Ya podemos confirmar que es un Don Alfredo en toda regla, y pasamos un breve rato en el mirador, que es chulísimo, todo hecho de madera, y en la parte de abajo nos sentamos en "posiciones budistas" (sin zapatos claro, y básicamente cruzando las piernas). Es un sitio que da "mucha paz" y donde hay mucha menos gente que abajo, claro ("only the brave", como el perfume). La luz está perfecta para hacer fotos porque ya son las 5 y el sol está bajando...


Pero sufrimos el síndrome Cenicienta: a las 17:30 baja el último teleférico y desde los altavoces te dicen que quien no esté allí a esa hora "tendrá que bajar andando". Tela: porque yo le echo toda la noche bajar, aunque sea por caminitos, y no se requieran lianas por la maleza, hasta llegar a donde atraca el ferry. Así que nos tenemos que ir, pero con ganas nos quedaríamos a ver la puesta de sol.



No hay problema: la veremos abajo, junto al tori sumergido que, como ha bajado la marea, ya no lo está (antes pasamos por una pagoda de muchos niveles y una tienda de souvenirs de la que, una vez más, salgo sin nada). Todo el mundo camina sobre la arena alrededor de las patas del enorme tori. Hay muchos fotógrafos con sus cámaras ahí plantadas con trípodes. Al acercarnos, vemos que toda la parte surmegida está cubierta, naturalmente de crustáceos, y entre ellos hay monedas. Un montón, por todas partes, también en el suelo (fondo durante el día). El tori es fotogénico y se está metiendo el sol, así que disfrutamos allí haciendo fotos, también de los farolillos de piedra que están todos encendidos. Hace ya un frío... es de noche y corremos al ferry.



Dejamos todo en el Coral y nos vamos a cenar enfrente, en el sitio del okonomiyaki y las planchas individuales. Mini pide un entrante a base de gambas, maiz, queso y mahonesa, todo caliente (cómo se puede calentar mahonesa? Pensaba que era anatema), y le gusta tanto que repite. Nosotros pedimos okonomiyaki de vegetales y otro que hacen aquí con fideos! (pueden ser soba-finos- o udon-gruesos). Luego pedimos unos noodles fritos para compartir y nos traen otro okonmiyaki... cuando le decimos al hombre que queríamos probar los noodles, él gesticula "noodles, finished" (ponen los brazos en cruz típicos que indican NO), así que nos ha traído esto. Está dispuesto a llevárselo pero como somos unos panes del senior, nos lo quedamos. Aquí descubre el Peda su pasión por un jenjibre en vinagreta que ponen. Lo encontrará en Londinium?


Ah, qué gran día... y como colofón, la habitación con aire del Coral nos espera con sus hakatas y facilidades para tomarnos un té verde...

29 de marzo de 2016

Coches cuadrados, estaciones futuristas, mano de obra barata (Onomichi, J12)

13 divagues

Tues, 29.03.16 De Fukuyama a Mijayima: Onomichi
Tras la noche toledana samurai, Nishimoto nos ha preparado un desayuno tradicional en el kokatsu: yogur con una especie de higo, ensalada de berza en hilitos y otras cosas, huevo duro, tostadas (!!!!)-que engullimos como si no hubiera mañana (mantequilla, mermelada de fresa y otra cosa como dulce para extender), té... Un companero de trabajo que viaja a Japón bastante y que se define como un “foodie” (de estos modernos/pesaos que están todo el día hablando de comida-siempre recuerdo a Oscar Wilde en aquel libro desde la cárcel de Reading en el que desprecia a su ex-amante por estar principalmente interesado en el “comer, beber” etc, vs. otros empeños más intelectuales) me dijo que hasta ahora hacía el desayuno occidental en los hoteles, pero que en su siguiente viaje se iba a lanzar a hacer el japonés completo, incluyendo pescado crudo. Certainly no es algo que me vea haciendo, por mucho que venga a Japón. Nishimoto nos presenta a su mujer: una sorpresa porque le hacíamos soltero, y esta vez nos lleva a la estación en el coche de ella que es uno de esos típicos coches cuadrados japoneses. Muchos de los modelos de coches aquí son literalmente paralelogramos andantes, no se entiende que los trenes tengan una forma tan aerodinámica y los coches sean cuadrados. Todo en relación a los trenes es un misterio, realmente, porque en Japón, como digo, las viviendas no son nada del otro mundo, una de las cosas que choca es que no se ven mansiones o casonas así como se ven en occidente, no hablemos ya de Londinium. Pero en la mayoría de los países que he viajado, se nota una diferencia abismal entre ricos y pobres: Latinoamérica (claro ejemplo Brasil), Estados Unidos, Europa (excepto Escandinavia) ... pero aquí eso no se ve. De hecho, los enormes edificios donde vive la gente parecen lo que en Londinium es “council” (casas que alquila el ayuntamiento a la gente con pocos ingresos y acaban siendo guettos), y las casas unifamiliares, según donde, casi parecen una favela. Evidentemente, que se vean pocas desigualdades me gusta, será realidad? En el librodejuan comentan que el japonés es ante todo no-individualista, lo más importante para ellos es la comunidad y se sacrifican por esto: de ahí que trabajen tan duro, porque el bien de la empresa es superior al suyo propio. Cooperación versus competición. Son dos maneras de ver la vida, y en occidente estamos en la antípodas. Anoche en la BBCworld del hotel, veía una noticia sobre los beggars (los sintecho, vagabundos, como se les llame) en Manchester. El alcalde decía que acomodarlos era una prioridad, pero no daban abasto. La mayor parte son gente con problemas de salud mental y adicciones, y rompe el corazón verlos en ciudades “avanzadas”. Aquí no hemos visto (no quiere decir que no haya, tal vez se hacen el hara-kiri antes porque sería una humillación a su honor? Esto es especulación mía. En ellibrodejuan dicen que un adolescente que no entra en la uni y ese era su objetivo se puede suicidar por su honor), sin embargo, en el país más caro de los que he estado, Noruega, vimos indecentes cantidades de mendigos por las calles. Muy extraño. Terminando con esta divagación, el otro día decía que los edificios igual son feos y de mala calidad porque viven a corto plazo (según el librodejuan, por desastres naturales, etc), pero cómo explica esto lo de las estaciones de tren? Son, sin duda, de las más espectaculares que he visto nunca. En ciudades menos importantes, las estaciones igualmente llaman la atención: ponen tanto empeño en esto por la colectividad de la que hablaba antes?


Me he ido, pero vuelvo (no son estas “idas” de la narración lo mejor del diario? Por algo esto se llama divagando, gracias Diva, siempre te deberé el nombre del divlog). Estábamos en puerta de la casa de Nishimoto haciéndonos fotos (que seguro colgará en el corcho, como otros viajeros que tiene) y en el viaje de vuelta a la estación. Da pena despedirse de esta gente que han sido tan amables y con los que sabes que, lo más probable, es que nunca te vuelvas a ver. En la estación de Fukuyama cogemos un cercanías de solo 20 minutos a Onomichi, donde vamos a pasar el día. En teoría hay muchas cosas que ver en esta costa del mar de Japón: el puente flotante más largo del mundo (Akashi Straits Suspension Bridge); una isla de arte, donde hay esculturas por los parques; Seto Oashi, una serie de seis puentes y cuatro viaductos que unen unas islas cn otras y con la isla de Shikoku (a la que no vamos a ir); Washu-zan un monte desde el que hay grandes vistas y un parque de atracciones de esos decadentes... Onomichi, desde la que puedes ir a otras dos islas (comunicadas por puentes): Omi-shima e Ikuchi-jima (en la que está “el templo loco”... descrito como un "complejo tecnicolor"), y más...


No podemos hacerlo todo, así que nos centramos en Onomichi. Dejamos las maletas en consigna (descubrimos lo solicitadas que están las consignas de monedas, tanto es así que no queda ninguna de las grandes y tenemos que usar dos pequeñas, y son de las últimas) y en bus vamos a... sí! El teleférico. Se empieza a vislumbrar la pasión japonesa por el tema funicular y teleférico?


Al llegar al ascensor que sube al mismo hay una amable señora que se dedica a ordenar la fila y a darle al botón. Este es otro tema que hemos observado en Japón: es tan barata la mano de obra? Por qué hay gente desempeniando labores inútiles? Es como en latinoamérica, que tienes gente ayudándote a meter en bolsas la compra en los supermercados. Aquí hemos encontrado gente que solo están allí para hacer una reverencia cuando entras o para hacer un típico gesto con los brazos para indicar que pases. Este gesto es gracioso: con una mano extendida hacia un lado, el brazo en ángulo recto, casi parece de un musical: “gracias por venirrrr”. En los trenes shinkansen hay azafatas en el andén, vestida super-elegantes, con sombrerito y traje, que están por ahí y luego hacen la reverencia al entrar, aunque nadie las mire (porque la gente está ocupada con su trajín de maletas, mind-the-gap, y demás, claro). Cuando, ya en el tren, una azafata o revisor entra en un vagón, también hacen la reverencia, y lo mismo al abandonarlo. En el teleférico, hay por supuesto una seniora que viaja con nosotros.


Al llegar arriba hay un observatorio circular que lleva allí unos años, y la vista es, una vez más, puro Japón: se trata de una ría que termina en el horizonte con un puente que une donde estamos con una de esas islas. A los lados, recuerda a lo que era Bilbao, o Londinium, o cualquier ciudad antes de que se dieran cuenta que el río/ría da muy bien para vivir enfrente, hacer paseos, terrazas para tomar algo, en lugar de industria que vierta allí residuos. Pensad en la Tate Modern en Londinium, una central eléctrica (no cualquiera, es preciosa, igual que la Battersea Power Station), y lo que ha pasado a su alrededor: antes, debía ser todo un erial. Pues bien: ahí están en Onomichi. Grúas, almacenes, maquinaria, tendidos, cables... todo esto se ve desde la parte de arriba de esta montaña. Una empieza ya a ser menos exigente y darse cuenta de que mi mente está demasiado acostumbrada a otro aspecto, y esto choca, pero igual a los japoneses no. De todas maneras, es un paisaje espectacular, como dijo un conocido, “qué debía ser Corcovado antes de que llegara el hombre”.


Comenzamos el descenso andando. Al principio intentamos encontrar el “paseo literario”, que hace referencia a escritores japoneses y está solo en simbología nipona, con lo cual no nos enteramos de nada. Es una pena, imagino un paseo literario en Dublin, Barcelona, Buenos Aires, Londinium (los hay, pero no en un trocito de un parque como aquí: supongo que lo que escrito en las banderolas de los laterales son citas de los autores; en Londinium es “aquí escribió Dickens tal tal”), Madrid, Nantucket (ji), París, Lima...


Más abajo nos encontramos con un par de templos bien chulos, así colgados de la montaña: en uno robo fotos a una niñas jugando con unas bolas de un cuenco (ofrendas?), en otro un monje nos firma el libro de los templos y encontramos un sendero de escalada (unas argollas de metal), que por supuesto alegran el día de Mini que está en permanente estado de “búqueda de Aventura”. Se va escalando con su padre y yo les espero en un mirador haciendo fotos. Más abajo hay una pagoda preciosa, y otro templo con una sala enorme, y otra llena de figuras (parece el aula magana de mi facultad) donde no hay nadie. Hay que cruzar las vías del tren (pasaje por debajo) para coger el bus de vuelta a la estación.


Tras algo de debate comemos en un restaurante de la estación. Imaginad una cocina grande, rodeada ¾ por una barra, y allí todos comiendo. Sigo siendo un desastre con los palillos, pero cada vez me defiendo mejor (invoco a Cervantes: “a la guerra me lleva mi necesidad/ si tuviera dinero, no fuera en verdad”). Estaréis orgullosos de mí, que solo pedí tenedor un día. Comemos ramen, gyoza, arroz (Mini). Cada vez me gustan más los ramen, pero me dejan muy hinchada, no entiendo porqué, y luego al poco rato, tengo hambre. En ese restaurante hay dos occidentales (australianos, como dice el Peda, los que pienses que son british, son aussies), pero en general, solemos ser los única occidentales, más cuanto más te alejas de Tokio-Kioto-Nara.


El tren que nos lleva a nuestro siguiente destino, la isla de Miyajima, tiene que retroceder a Fukuyama (de donde veníamos, recordad a cool Nishimoto y su samurai), y de allí otro a Miyajima. En realidad el Hotel Coral no está en la propia Miyajima, sino justo enfrente. El Peda nos avisa que tenemos el hotel literalmente a 3 minutos de la estación, qué gozada, y justo al lado de donde se coge el ferry a la isla (la mayor parte de la gente va en viaje de un día, hay ferries cada 15 minutos). Caminamos los tres minutos y ya nos damos cuenta que se trata de una calle todo el pueblo y que vive para la isla. Otro moridero, que diría Aurora.


El Hotel Coral tiene unas 12 plantas y viene a ser como Benidorm, lo único que solo hay otro “rascacielos”, no trescientos (recuerden: moridero). Este otro edificio está al lado izquierdo, y tapa parte de la isla a los huéspedes del Coral, que pueden disfrutar de ella al fondo a mano derecha, pero no en “primera línea”, donde hay un aparcamiento (vacío: insisto en el concepto moridero). He hablado del desastre urbanístico japonés? Vamos a ver: tienen una isla espectacular enfrente (típico islote como en Tailandia, pequeña, con mucha montania llena de vegetación) y en lugar de plantar en primera línea un hotel ponen un aparcamiento?


Reverencias en recepción y por fin llegamos a la habitación. Cuando la abrimos, FFS!!! (esto es el acrónimo de un juramento en inglés, lo uso para no poner palabras gruesas como corcholis): nos da un tortazo un olor a humo de décadas. Qué es esto? Nos han dado una habitación de fumadores! Pero espera: aún existen habitaciones de fumadores? Aún hay gente que fuma en su habitación? Yo no entiendo nada. Recuerdo cuando viajaba en aquel Regional Express o en el Intercity para ver al Peda que hasta los propios fumadores pedían el vagón de “solo aire” y se iban a fumar al otro puntualmente. Pero habitaciones de hotel! Yo no salgo de mi asombro en este país.


Bajamos a recepción a quejarnos y nos dan, con muchas reverencias, otra habitación. Cuando llegamos, vemos que la cama de Mini no está hecha, y de camino a dar una vuelta se lo decimos, que a ver si la hacen. El hombre nos dice que esperemos y pasa mucho rato mirando a su ordenador. Otra persona sale de una habitación. Yo ya me imagino un incidente tipo “chotto”, pero lo que hace es producir una nueva llave, es una habitación “de 3”. Por tercera vez, con las maletas a otra parte. En serio....


Salimos a pasear por el centro del moridero, ya es de noche y definitivamente, no hay nada que hacer, a no ser que quieras cenar, y no queremos. Sin embargo descubrimos “the place to be” para la noche siguiente: un restaurante de okonomiyaki, donde te ponen el susodicho en una plancha que hay en tu mesa. Este mismo restaurante tiene una ventanita que da a la calle y venden helados: no me preguntéis porqué. El caso es que el Peda y Mini dan cuenta de uno y ya volvemos al Coral, casi de puntillas no nos vayan a ver en recepción y sugieran que cambiemos de habitación.

28 de marzo de 2016

Puntualidad japonesa, Kotatsus, Tomonoura y la noche del samurai (Kyoto-Fukuyama, J11)

3 divagues


Mon, 28.03.16 De Kioto a Fukuyama

El día comienza con un aliciente: vamos a coger el 26 por última vez! Nos vamos de Kioto. Antes pasamos a despedirnos y hacernos con reservas en la panadería de los “Prados Soleados”, digo de los “Días soleados”. Porque para “Prados Soleados” (alguien recuerda esta referencia? Era el nombre de la residencia de ancianos de Las Chicas de Oro-no recuerdo bien si estaba allí la madre de una, la más graciosa, o bien era un lugar vil que evitar) ya tenemos el 26 por la mañana: lleno de ancianos. Bajamos la media de edad varias décadas, qué exageración; la única persona más joven (de unos 50 y tantos) es una mujer sentada junto a la que estoy de pie que pasa todo el viaje inquieta queriendo ceder su asiento a Mini, le doy las gracias, no es necesario, pero aún así no para de moverse, secarse con una toalla, mirar para atrás como si la persiguen.


Cogemos un tren de Kioto a Shin-Osaka, donde tenemos que cambiar. He comentado que los trenes aquí se me hacen muy cortos? Yo esperaba poco menos que el Transiberiano para leer, escribir y escandalizarme con los tendidos eléctricos del paisaje, pero enseguida se llega a todos los sitios! En Shin-Osaka cogemos un Shinkansen (tren bala) hasta Fukuyama. Tenemos algo más de 10 minutos para el cambio, pero aún así se nos ocurre la genial idea de pillar unos tés para el camino, que se ven ampliados a un helado “Cremia” (aquel maravilloso cucurucho que muy ufanamente presumía de tener tanta grasa en Nara, donde los ciervos)... total que corremos al andén y llegamos unos segundos antes de las 12:59, que era la hora de salida. Pues sí, allí estaba: todas las puertas cerradas, y el del pito (jefe de estación?) nos dice que nanai, las puertas no se abren. Puntualidad británica? Puntualidad japonesa!! Al siguiente que mencione lo de la británica, aviso: gritaré. Pero aquí en Japón realmente los trenes funcionan como un reloj, oh, dejadme unas líneas sobre los Shinkansen (bala), que tienen distintos tipos de línea, y que no todas pueden ser usadas por lo que tenemos el Japan Rail Pass. Para los Asperger de los trenes:

  • Kodama (tren normal, para en todas las estaciones)
  • Hikari & Sakura (Express, para solo en estaciones principales)
  • Nozomi & Mizuho (Super Express, solo paran en ciudades muy grandes)
Nosotros podemos usar todos menos los superexpress. En la estación, el número del vagón está escrito en el suelo (especificando el tipo de tren, por ej, 3 Nozomi, 5 Sakura) y la gente se pone en fila en donde embarcará. También hay vagones para gente que no tiene reserva (nosotros, muchas veces), donde también te pones en fila. Tal vez esto contribuye a que en las estaciones paren un minuto, y ya.


Total, que una hora de espera en la estación aquella, que no se hace nada larga, entre otras cosas porque vamos a ponernos en fila a menos cuarto, por supuesto ya hay un montón de gente! Hemos tenido que mailear a Nishimoto, el hospedador de Airbnb en cuya casa nos quedamos pata decirle que venga a buscarnos una hora más tarde... Pobre hombre.


Y al llegar, allí está Nishimoto, un tipo de unos 50 vestido increíblemente cool, con vaqueros rotos con cremalleras estilosos, y parte de arriba igualmente moderna (tipo G-Star Raw, para quien entienda este código). Tras saludarle comprobamos que su inglés es muy limitado, y la comunicación por email probablemente se ha hecho con el google translate. Nos invita a su coche y, se veía venir, hay un Audi TT ahí aparcado (para el que no entienda este código, es un biplaza de chico joven que intent ligar). Que no sea, pero sí, es y nosotros os recuerdo que somos 3, no precisamente petite y llevamos nuestro maleterío (aunque muy limitado, somos viajeros ligeros). Nishimoto encaja las maletas no sé dónde y nos señala un espacio donde no entra un folio. Pero, inasequibles al desaliento, ahí nos encajamos Mini y yo (con las piernas encima de Mini) y el Peda se queda delante. Intentamos (gota gorda) conversación: le decimos es que hemos leído en una de las reseñas sobre él en Airbnb que hay un sitio de okonomiyaki cerca de su casa, así que cuando nos vamos acercando, se desvía a una calle y nos lo enseña. El Peda y yo nos miramos con media sonrisa porque está cerca de otro local llamado “Dick House”.


Al llegar a su casa (bastante apartada de la estación), dejamos los zapatos, como siempre en Japón, en la entrada, y nos hace pasar a un salón decorado de una manera muy peculiar. En las reseñas pone que Nishimoto ha renovado su casa él mismo con amigos, y ese salón es... curioso. Tiene un ventanal muy japonés que da a un jardín también muy japonés (incluye rocas, pero no únicamente). En el centro hay un kotatsu: se trata de una mesa de madera baja que está cubierta por un futón inmenso, y encima está la tabla que sería la mesa en sí. Debajo del futon hay una fuente de calor, en este caso sale un cable como de una manta eléctrica... y es la Gloria (recordad el frío que he pasado en este viaje, afortunadamente ya está mejorando). Le contaba a Mini que en la España rural de la época en la que crecí existía un concepto parecido: la mesa camilla con brasero. La única que creo recordar fue en casa de Fulgencia, una ancianita vecina adorable de Vetustilla con la que yo pasaba las horas escuchando historias. Hablaba que parecía que recitaba, era una anciana de las de antes, muy pequeña, vestida de negro (había enviudado hacía mil anios de un marido enorme, y no tuvieron hijos), con el pelo blanco recogido en un moño con peinetas metálicas con brillantitos ya sin brillo, unos pequeños pendientes que colgaban un poco y con unos ojos azules espectaculares. Vivía con su hermana, y era familiar de mi amiga Esme: yo la esperaba hablando con su tía, porque siempre iba allí a tomar chocolate caliente. Lo que seguro tenía Fulgencia (insisto: no sé si la mesa camilla lo he fabricado, yo tenía 10-11 anios), era un hogar elevado como en una tarima de aquellos con bancos a los lados. Me fascinaba ver cómo iba metiendo espinacas (que ella llamaba espinayes) en un balde enorme en una olla granate como alargada (nunca vi este tipo en mi casa), y se iban reduciendo... en aquella época me parecía magia. Mi otro recuerdo de las mesas Camilla y los braseros viene del estudio de la combustión en ciencias de los últimos cursos de EGB: la Srta. Mercedes nos explicable la peligrosidad de los braseros, porque allí el oxígeno es limitado, luego los dos productos de la combustión (H2O y CO2) no se producían y en su lugar teníamos CO (monóxido de carbono), que es inoloro, incoloro y que causa la muerte bastante rápido. En Japón no existe calefacción central como estamos acostumbrados nosotros, en los apartamentos modernos que hemos estado había que tirar de aire acondicionado caliente, lo mismo en hoteles. Dicen que sería muy caro calentar estas casas que están muy expuestas a las corrientes y mal aisladas, así que en lugar de calentar la estancia, calientan pequeñas zonas, como con el kotatsu, y siempre hay que estar cerrando puertas tras de ti (los pasillos son heladores).


Pero divago: volvamos a la casa de Nishimoto (donde el Kokatsu es eléctrico, en cualquier caso) y su extraño sentido de la decoración. Intentando recrear el mar, creó una estantería enorme con arena, caracolas, peces de colores, dos delfines de madera sonrientes y otra con similares motivos que ya no me paro a mirar o me quemarán los ojos. Al fondo de la habitación hay una pequeña cocina para los huéspedes y una tele , y muchos titos. Infinidad de ellos. Claramente Nishimoto no está en Fen-shui, yo tiraría todo lo que no fuera el kotatsu y la habitación podría ser agradable. Ah, porque no he contado el mirar arriba: el techo es muy alto, con vigas, inclinado, y por la noche descubrimos que puedes activar unas luces y ... es un cielo estrellado! Te echas en el suelo con el futon y parece que estás de acampada! Otro interruptor puede incluir la luna que está ahí, físicamente entre las vigas. Nishimoto: un curro.

Como buen japonés, para quienes la hospitalidad está elevada a otro nivel, nos pone música relajante y nos saca un snack que hemos visto por la calle: tres bolas en un pincho. Las probamos y veo a Mini medio contener una arcada con la primera. El Peda dice luego que son “ojos”. Bueno, en realidad están hechas de polvo de arroz y lo que las cubre es una mezcla de azúcar y soja. Muy pegajoso, y sin el azúcar igual tendría un pase, pero con él no. Aún así, nos las terminamos, las de Mini y todo.


Nos invita a subir a nuestra habitación. Para ello hay que atravesar una especie de comedor oscuro, con mesa baja en el centro, armario y... una figura de un samurari tamanio natural ahí sentado. Creo que pego un salto: qué miedo da ese bicho, cómo lo pueden tener ahí en casa? Nishimoto nos explica que lo compró en internet, que le costó 70.000 yenes (unas £420), y que si no hemos visto la katana, que es “real”. No, Nishimoto (al que insist en llamar de distintas maneras, la más frecuente Nikimoto), no hemos visto la katana real, con el samurai de internet nos vale...


Nuestro plan para la tarde es visitar Tomonoura, un encantador pueblo de Pescadores en el que Hazeo Miyazaki se inspiró para la peli de animación “Ponyo”. Al llegar al pueblo una verdaderamente relaciona el pueblo con Ponyo, muy chulo. El caso es que Nishimoto es tan hospitalario y amistoso que nos dice que nos lleva a Tomonoura, que está a 20 minutos en coche. Vuelta al TT, donde ya casi adopto una posición comodidad ( no así Mini, que dice que peso) y de nueva intentar la conversación con Nishi... sabemos (también por airbnb) que es un matao del deporte: corre, va en bici, nada, hace triatlones. No logramos saber a qué se dedica (si tiene tiempo para llevar a huéspedes por ahí, o por lo menos para recoger de la estación a media mañana), pero sí que tiene una banda de música (estilo indeterminado), que se llama “Poco a poco”. Por fin, nos deja en Tomonura y nos explica cómo intentar volver... si stuck, que nos vendrá a rescatar.


Tomonoura ha sido uno de los puntos altos del viaje. No hay casi nadie, y eso es un punto aquí en Japón... primero nos damos una vuelta por el Puerto, donde están dándole con mangueras a langostinos, luego nos perdemos por callejuelas estrechas y, por fin, comenzamos a subir la montaña. Enseguida nos damos cuenta que está llena de templos desiertos, desde los que se ve el mar, en los que puedes tocar e gong y parece que lo va a oír toda la bahía, y además ya hay floración de cerezos. Las oportunidades fotográficas son continuas, y disfruto mucho. Como es Japón, no es un bonito pueblo del sur de Italia, o del País Vasco, o... sin embargo, tiene mucho más encanto, para mí, que cualquiera de los templos “magnificient” en los que se agolpan los visitantes en Kioto.


Cogemos un bus para Fukuyama. En su estación de autobuses tenemos ciertos problemas para establecer qué bus nos llevará a casa de Nishimoto, y tras mucho frío en la espera (tal vez la más larga aquí en Japón, donde hemos tenido que esperar bien poco)-huelga decir que ya estoy con mi turbante (pese a las quejas de mis co-viajeros)- subimos a un bus que nos lleva de calle oscura a calle oscura. En un punto el Peda dice “creo que era aquí”, vamos a hablar con el conductor, que ni corto ni perezoso, para el bus, y con una persona dentro, se baja con nosotros a preguntar a la boca del lobo que es esa calle. Y sí, se deja el bus en marcha (confío que con el freno de mano): no sé lo que pensaría la pasajera. A unos 20 metros por detrás del bus que hemos abandonado hay una academia, donde dos chicos trajeados dan clases de repaso (asumo) a un grupo de unos 6-7 críos. El conductor entra y se pone a hablar con ellos. Los críos están en éxtasis, la clase se ha visto interrumpida, no paran de reír. Le decimos al conductor que ya nos arreglaremos con los profes, que gracias, y él sigue ahí, muchas gracias, ya puede volver a su autobus, tiene allí pasajeros. Por fin se va y entramos en la academia... le digo a Mini que Salude, que lo hace, y los alumnos venga a risitas (Mini dice luego que era de mi turbante). El caso es que los profess no se aclaran con la dirección que les damos (almas en pena, que está a dos manzanas! A vosotros os preguntan algo que está tan cerca y no sabéis? Esto siempre pasa aquí). Uno hace un Google maps, nos lo imprime, y nos vamos.



Entonces, oh, mira, dice el Peda: “dick house”, la que habíamos visto por la mañana, de la que nos habíamos reído... ha sido el faro guía que nos ha salvado! A su lado debe de estar e restaurante del okonomiyaki... y sí. Entramos. Un hombre dormita solo en el antro, llama a su mujer. Preguntamos si dan okonomiyaki, pero no logramos comunicar. Le preguntamos por menu fotográfico, y nos señala unos folios en japonés encima de la barra, le digo que me enseñe los ingredientes y, tras mirarme con cara rara, se va a un frigo y me saca dos baldes rancios con púlpitos y algo más. Va a ser que no. Así que se acaban las opciones cena: estamos cerca de casa y esa es un área residencial. Nos metemos en un super y compramos allí el arroz con cerdo, el sushi (el Peda, a mí no me gusta, incomprensible, lo sé, pero no me gusta) y algo más. Cenamos en el kotatsu muy a gusto, y luego escribo bajo las estrellas...

Llega la hora de dormir, y aquí viene cuando la matan. Nos subimos a la habitación y tranquilos, pero, a media noche, toda la casa en silencio, me despierto para ir al bañó. Salgo de la habitación con el mayor sigilo posible, me pongo las zapatillas de andar por casa (que no se usan sobre tatami), bajo al baño, me cambio a las zapatillas del banio (esta es otra costumbre que no sé si he contado, hay un lío con el footware que no veas) y, cuando estoy en ello, me giro y veo que se han dejado unas luces decorativas dadas (supongo que también para que el turista pueda ir al baño sin romperse la crisma). Luces decorativas que iluminan, siniestramente, aún haciéndolo más abominable, al samurai de internet. Me da tanto pánico, que subo las escaleras de dos en dos... horrible. Vuelvo a domir con muchos sueños raros, y de nuevo me despierto y tengo que ir al baño... Bajo con mucho miedo, esta vez ni giro la cabeza, simplemente intento darme prisa, pero ya mi mente hace un batiburrillo y lo que me acecha es el monstruo de la peli “Ring” (la primera, la buena, la japonesa) . Samurai y Ring... salto a la cama temblando de frío y miedo. Recuerdo que cuando vimos “Ring” vivíamos n Nottingham, y yo pasé tato miedo que le hacía al Peda venir al baño conmigo por la noche (para evitar al monstruo ese que anda despacio, con el pelo sobre la cara). Esta noche se despierta y le cuento mis pesadillas... y confirma que no me acompaniará si hay una tercera vez. Con estos amables pensamientos, me duermo por fin, una vela a la Santa Melatonina...